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Alerta en la cesta de la compra: el precio de los alimentos podría dispararse un 15% en dos años

La escalada en Ucrania y las repercusiones del cambio climático podrían provocar un encarecimiento severo

Juan Manuel Del Olmo

Dos personas hacen la compra en un supermercado / PEXELS

Tras años de encarecimiento ininterrumpido, la cesta de la compra sigue sin dar tregua al consumidor: el precio de los alimentos podría subir un 11,6% este año y otro 4,6% en 2027. Así lo refleja un informe de la compañía de seguros Crédito y Caución, que apunta a la incertidumbre geopolítica y las repercusiones del cambio climático como principales causas.

En un informe elaborado por esta aseguradora se detalla que el cierre del estrecho de Ormuz ya ha provocado un aumento de los precios de la energía y de los fertilizantes, lo que repercute directamente en el encarecimiento de los alimentos.

La guerra en Ucrania pasa factura

Asimismo, la escalada del conflicto en Ucrania, con ataques a puertos, terminales de carga y buques, ha provocado una interrupción de las exportaciones de cereales de la región y reducido los volúmenes comerciales. Al mismo tiempo, los ataques contra refinerías e infraestructuras de exportación rusas están impulsando al alza los precios mundiales de los productos petrolíferos y los fertilizantes.

Una carretera de la región de Kyiv tras Ataques rusos / EP - CONTACTO - DANYLO ANTONIUK

Respecto a los factores climáticos, el informe prevé que las temperaturas extremas de este verano reduzcan el rendimiento de los cultivos y la producción agrícola en Estados Unidos y Europa. Además, un fenómeno de El Niño intenso podría perturbar aún más el comercio agrícola mundial al reducir las cosechas.

El problema del consumo de energía

Por otra parte, la producción alimentaria en Europa consume mucha energía, sobre todo en los procesos de refrigeración, calefacción y procesamiento, lo que agrava los retos ya existentes. Entre esos retos, el análisis cita los elevados costes laborales, las cargas normativas y la limitada capacidad para fijar precios, lo que "dificulta repercutir el aumento de los costes, especialmente en un entorno minorista altamente competitivo y dominado por grandes operadores". 

El horizonte, en definitiva, no es esperanzador. Con la bofetada inflacionaria de 2023, el consumidor adoptó la marca blanca para tratar de frenar la pérdida de poder adquisitivo y reajustó el consumo doméstico. Tras años de tensión para las familias, un fuerte repunte podría tener consecuencias devastadoras.  

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