En un informe publicado en noviembre de 2025, la Fundación FOESSA y Caritas señalaron que el alquiler se había convertido en una “trampa de pobreza”: el 45% de la población española que vive en régimen de alquiler se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social, la cifra más alta de la UE. Ahora, otro estudio profundiza en la dimensión este drama.
Según el informe El Coste de la Vivienda y la Pobreza Oculta en España: 2014–2025, elaborado por Fedea, al tener en cuenta los costes de la vivienda, las tasas de pobreza en España aumentan hasta el 23,5% de la población.
La pobreza se dispara después de descontar el alquiler
Las conclusiones son demoledoras. “En 2025, la pobreza convencional afecta al 32,8% de las personas que viven de alquiler a precio de mercado, pero asciende al 49,9% después de descontar el alquiler efectivamente pagado. Esto significa que una parte sustancial de los inquilinos que no aparece como pobre atendiendo únicamente a sus ingresos cae por debajo del umbral una vez afrontado el coste de la vivienda”, explicita el estudio.
Así, el pago de la renta actúa como un filtro que absorbe la liquidez de las familias, haciendo que hogares que superan nominalmente la tasa caigan en la pobreza real.
Reducción de la tasa a la par que sube el porcentaje de inquilinos
De acuerdo con el informe, entre 2014 y 2025, la tasa de pobreza se ha reducido a la par que el alquiler de mercado ha pasado de representar el 12,1% al 17,4% de la población.
Con todo, el estudio estima que en 2025 había 1,95 millones de personas en situación de “pobreza oculta”, es decir, personas que no son clasificadas como pobres según la renta disponible convencional, pero sí lo son después de pagar el coste residencial de acceso. Esta pobreza oculta se concentra especialmente en el alquiler de mercado: uno de cada cuatro inquilinos inicialmente no pobres cruza el umbral tras pagar el alquiler y este régimen concentra el 72,5% del total.
La vivienda también puede disparar los ingresos
La vivienda también puede actuar en el sentido inverso. Al calcular el alquiler imputado —el dinero que ahorran quienes ya no pagan hipoteca ni alquiler libre—, unos 3,38 millones de personas clasificadas como pobres por sus ingresos monetarios dejan de serlo.
Este ajuste beneficia sobre todo a los propietarios mayores sin hipoteca. Aunque este vector no les otorga más dinero en efectivo para gastar, sí refleja que su coste de vida es mucho menor que el de otros hogares con los mismos ingresos.
Condiciones materiales de vida
Esta realidad se confirma al comparar los datos con las condiciones materiales de vida: en 2025, la pobreza convencional identifica al 46,7% de las personas que sufren carencia material y social severa (como no poder calentar la casa o afrontar imprevistos), pero la cifra sube al 66,1% si se considera el gasto total en vivienda.
Fedea concluye que la renta disponible por sí sola "resulta insuficiente para distinguir plenamente entre hogares que, pese a disponer de ingresos similares, conservan capacidades económicas muy distintas después de pagar el alojamiento". Por ello, los autores recomiendan incorporar de forma explícita el coste habitacional en el diseño de las políticas públicas de garantía de ingresos, como el Ingreso Mínimo Vital.
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