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Elma Roura, terapeuta: "El boom de influencers cristianas es muy impactante"

Entrevistamos a la autora del libro 'El camino al éxtasis', quien desmonta los mitos del pensamiento positivo y el 'supermercado' del desarrollo personal, ofreciendo una vía auténtica para conectar con el cuerpo y superar el sufrimiento

Teo Camino

La terapeuta Elma Roura en la redacción de Consumidor Global / SIMÓN SÁNCHEZ

Esperaba otro maldito libro de autoayuda y he descubierto una ventana abierta al conocimiento de la terapeuta Elma Roura sobre la gestión del dolor y del placer.

Escrito de una manera directa y eficaz, el libro El camino al éxtasis (editorial Kôan) es una invitación, sin subterfugios, a trabajar nuestra relación con el cuerpo para intentar salir del sufrimiento. Hablamos con Elma Roura, experta en desarrollo personal, en la redacción de Consumidor Global.

--¿Cómo definiría, brevemente, el camino al éxtasis?

--La experiencia humana es una experiencia doliente. Tenemos que partir de esta premisa y tener la humildad de reconocer que todos sufrimos, por muchas razones. Por lo tanto, necesitamos herramientas prácticas para ocuparnos de lo que nos pasa. 

--¿El desarrollo personal ofrece estas herramientas para salir del sufrimiento?

--El tema del desarrollo personal se ha convertido en un supermercado y no estoy feliz con esto. Hace más de veinte años que me dedico al desarrollo personal, y cuando empecé, en esa Barcelona de la que siento un poco de nostalgia, teníamos hambre de verdad y experimentábamos porque queríamos esa verdad, no porque quisiéramos intensidad. Porque la verdad existe, es lo que nos dice la mística, que es una sabiduría perenne. El desarrollo personal empezó para darnos recursos a aquellos que no estábamos apegados a doctrinas religiosas y era una propuesta muy interesante, era una experiencia alternativa. 

--¿Y en nuestros días?

--Ahora la gente cuando tiene crisis profesionales se mete a hacer esto, porque es la opción más fácil, pero ha bajado mucho el nivel. Lo más importante del libro es transmitir que los procesos vitales, que los cambios, que las crisis existenciales, son dolientes. Y, en vez de hacer tanto show de todo ello, lo que hay que hacer es un trabajo de inmersión en uno mismo, un trabajo silencioso, íntimo, comprometido, y esto requiere tiempo, aunque en las redes sociales nos digan que tenemos que transformarnos rápido y mostrar la lagrimita en Instagram. No hay cosa más alejada de la realidad. Los terapeutas tenemos el papel de sacar del hoyo y de tender manos cuando uno está experimentando mucha soledad. Al final, sabemos que el trauma tiene más que ver con cómo vives lo que te pasa, que con lo que realmente te pasa. Por eso mi obsesión es ofrecer herramientas en una cultura que carece de ellas. 

La 5º edición del libro 'El camino al éxtasis', de Elma Roura / KÔAN

--El capítulo 10 empieza así: ”El pensamiento positivo se ha convertido en una moda en los últimos años. Cuando nos acercamos al ámbito del desarrollo personal, inconscientemente empezamos a querer tener más pensamientos positivos y eliminar los negativos. Esto no funciona”. ¿Su libro ‘El camino al éxtasis’ va en contra de las frases bonitas y del desarrollo personal acelerado?

--Es que no funciona. Es como cuando de pequeño te decían que comieras Kellogg’s para desayunar y ahora dices: ‘¡Dios mío de mi vida, pero qué locura!’. Pues con el desarrollo personal pasa lo mismo. El pensamiento positivo se introdujo por influencia de Estados Unidos, vino con el coaching, con el libro The secret, que entró con mucha fuerza en España. Y ha hecho mal. Primero porque los pensamientos no los podemos controlar: aparecen y punto. No se pueden transformar ni eliminar, lo único que podemos hacer es cuestionarlos, y que cuestiones tus pensamientos no significa que mañana no vuelvan a salir. 

--Hay mucho vendehumos en el sector…

--Si alguien te promete que podrás controlar tus pensamientos, es mentira. Hay que entender la naturaleza de la mente, porque gran parte del cerebro está hecho para sobrevivir. Entonces, por mucho que intente ser positiva, mi tendencia es ver el vaso medio vacío, porque mi cerebro me quiere proteger. Por otro lado, está el tema de que si yo, en mi fuero interno, creo que la vida es una mierda, por mucho que me diga que es bonita, pues no me lo voy a creer. Entonces, ¿a qué estamos jugando?

--¿A la trampa del pensamiento positivo?

--También han hecho mucho daño todas estas tendencias new age de: ‘Lo que tú crees, creas’. A veces la vida ya aprieta lo suficiente. Cuando vives un momento realmente difícil, lo que se necesita es humildad ante la vida, que no sabemos muy bien cómo funciona y que, pese a que la estudiamos, sigue siendo un misterio. Todos esos mensajes crean mucha presión hacia uno mismo. Me refiero a mensajes del tipo: ‘Tengo que controlar mis pensamientos porque si no todo irá mucho peor’. 

--Entonces, ¿qué hacemos? ¿Por quién nos dejamos guiar? ¿A quién o a qué nos agarramos?

--Yo creo que de lo que se trata es de lo que decían los místicos, de aprender a observar y de ahí cuestionar y acompañarnos en nuestros procesos vitales, y acompañarnos no significa dejar de sentir esa incomodidad. Muchas veces de lo que se trata es de quedarme en esa incomodidad. Me imagino en una situación donde a alguien se le muere un familiar y jamás en la vida se me ocurriría decirle: ‘Bueno, piensa en positivo’. Lo que le daría es un abrazo y le diría: ‘Estoy aquí. Cuenta conmigo’.

La experta en desarrollo personal Elma Roura / SIMÓN SÁNCHEZ

--Escuchándola me ha surgido la siguiente pregunta: ¿El ser humano es especialista en esconder lo doloroso y autoengañarse? ¿Nos hemos olvidado del cuerpo y hemos entregado las riendas de nuestra salud a la mente?

--Nos han enseñado a no dar espacio al sentir. En tu caso, eres un hombre, y también es cierto que no hay tantos hombres que hagan desarrollo personal. Y cada vez hay más, pero siempre hay más mujeres. Venimos de generaciones donde todo queda en casa guardadito y ahora nos hemos ido al otro extremo de las redes sociales, pero hay puntos medios en los que tenemos que entender qué sentimos. Una pregunta muy muy sencilla, pero muy difícil de responder es: ‘¿Y ahora tú qué estás sintiendo? ¿Qué sientes? ¿Qué emoción sientes?’. A veces sentir lo asociamos a algo muy intenso y solo somos conscientes cuando estoy muy triste o cuando estoy con mucha ansiedad. Pero no es así. Aunque a veces es tan sutil que me cuesta ponerle nombre. '¿Y en qué parte de tu cuerpo lo sientes o dónde está tu sensación más intensa en tu cuerpo?'. Este trabajo de acercarnos a lo que sentimos es muy importante a la hora de vincularnos.

--¿Salir del sufrimiento sólo es posible a través del trabajo diario con el propio sufrimiento, a través de la meditación entendida como la conexión con la realidad?

--Sí. La meditación convencional es maravillosa, pero no es práctica. Es complicado sentarse 45 minutos por la mañana y por la noche. Mucha de esa gente que dice que medita miente. Casi nadie se sienta a meditar. Yo hablo de autoindagación, en la que usamos el trabajo de The Work, tal y como explico en el libro, que consiste en utilizar la mente para salir de una experiencia concreta. Sabemos que la época más plástica del cerebro se sitúa entre los cero y los seis años, por lo que imagínate todo lo que se nos ha quedado guardadito. Todo esto hay que ir colocándolo, y muchas veces la terapia se queda en una parte muy cognitiva, muy racional, muy reflexiva, pero no es suficiente. 

--Falta el cuerpo.

--He probado 3.000 terapias y nunca he encontrado nada como The Work. No es pomposo, no es intenso, no es ¡pum! No es una respiración catártica. No, es una experiencia silenciosa, íntima, pero muy potente. Es cuestionarte y es meditación, porque trabajamos en un momento específico en el tiempo. Si tú no trabajas en un momento específico en el tiempo, empiezas a usar la mente reflexiva. The Work no te deja, porque te lleva al cuerpo y a lo que estabas viviendo en ese momento concreto. 

--Trabajas las situaciones que te hicieron daño, ¿no?

--Exacto. Voy al momento en que me quedé en shock y apareció el pensamiento de que ella no me quiere, por ejemplo. Trabajo desde esa situación porque es ahí donde se generó el desequilibrio y se sacó la presencia, pero podemos recuperar la presencia. Es un proceso de autoindagación. Hay que profundizar, porque esto no se acaba hasta que entremos en la caja de muertos. Hay que trabajarse. 

--¿Cómo podemos volver al cuerpo, a lo humano, a lo que requiere tiempo, que es más necesario que nunca ahora que tantas personas acuden a la ‘consulta’ de la inteligencia artificial (IA)?

--Lo humano nunca podrá ser sustituido. Por eso es muy interesante que usemos la IA, para darnos cuenta de que si no ponemos el culo a meditar, por mucho que nos den explicaciones, no será suficiente. Fíjate lo que está pasando en Instagram ahora. La gente entra y ya no flipa cuando lee una frase o cuando escucha algo. ¿Por qué? Está muy trillado. Ya has leído mucho sobre la mente humana, los apegos, la dependencia emocional, ya te lo sabes. Entonces, ¿qué te demuestra esto? Que tu crecimiento, que tu desarrollo personal estaba basado en leer frases, pero nunca te pusiste a currar. Lo que pasa es que da una cierta sensación de seguridad y de confort.

--Pero no es suficiente.

--Claro que no. Como tampoco es suficiente trabajar solo la parte cognitiva. Es necesaria, pero no es suficiente. Ahí está el punto. Comprender que esto se llama dependencia emocional, comprender esto que se ha puesto de moda de que todos los ex de todas las mujeres son narcisistas, comprender lo que me pasa, me libera un poco de la culpa, pero no es suficiente. Igual te toca ponerte a practicar un poco más. Hay que mirar hacia adentro, hay que acompañarse y eso no se hace con una cámara delante, sino en la intimidad de tu casa. Necesitamos dar ese clic. 

--¿El camino para salir del sufrimiento va mucho más allá de acudir un par de veces al mes a terapia?

--Sí, y ahora tampoco la vas a poder pagar, porque con la cantidad de impuestos que pagamos los autónomos, cobrar 60 euros por sesión será absolutamente imposible. Antes podías cobrar 60 euros, ahora con eso no vives. Por eso muchas personas están dejando de hacer sesiones individuales y buscan formatos colectivos. Porque con una sesión individual al mes no haces nada. No queda otra que tener herramientas para trabajarte en casa, pero, claro, era mucho más cómodo que el terapeuta hiciera el 80%. El formato de terapeuta individual se va a agotar. En mi caso, he apostado por un modelo más de comunidad en el que enseño herramientas y meditamos en comunidad, y luego doy acompañamiento. Cuando estamos en una situación de crisis, necesitamos ser acompañados. El problema es que la psicología e incluso en el mundo alternativo no tienen herramientas. No hay herramientas donde puedas trabajar, en gran parte, en tu casa. 

--La segunda parte del libro profundiza en el tantra como filosofía de vida. Usted introdujo junto a Borja Vilaseca The Work y el tantra en la Universidad de Barcelona. ¿Cómo fue?

--Hablamos de hace muchísimos años, en Barcelona, donde no había apenas desarrollo personal. Y nos metimos en la Universidad de Barcelona. Yo estaba dando una clase de The Work, que no es psicología, y tantra, que no es sexología. ¡Imagínate! A mí esto me ponía mucho. Fue una época fascinante y era de las clases más potentes. Hacíamos demostraciones en clase. Era todo experiencial, poníamos el cuerpo, hacía una clase de conectar con las personas desde un lugar sagrado, honrando al cuerpo, no consumiendo cuerpos. En el fondo, todos anhelamos sentirnos vistos y sentir que nos respetan. Eran muy bonitas esas clases. 

--Yo creo que hay mucho desconocimiento sobre el tantra. En contra de lo que muchos piensan, va mucho más allá del sexo. Es la búsqueda del éxtasis en la vida diaria. Para el que no tenga ni idea de lo que es, ¿cuáles serían los primeros pasos para acercarse a este estilo de vida? 

--Pues tantra para comer, tantra para relacionarse, tantra para tener sexo. Es un término mal empleado. Al final, todo esto te lleva a replantearte tu vida. Es ponerle conciencia. Además, el tantra es de las pocas vías que incluye la sexualidad, pero también la comida, el respirar… todo. El tantra es una filosofía, es una disciplina mística, que no tiene Dios y que lo que trabaja mucho es la polaridad entre masculino y femenino. Es una línea más advaita, no dualista. En el mundo en el que vivimos estamos a años luz de eso. Al final, te lleva a estar más presente, a estar más en el cuerpo, a ver cómo te relacionas con el deseo, a estar con lo que hay, aunque sea contradictoria con el deseo, que tiene que ver con la ausencia, no con la presencia. El tantra es el salvavidas de cualquier vínculo a largo plazo porque te lleva a tocar como si fuera por primera vez, a mirar como si fuera la primera vez, a estar presente. Entonces, ya no tienes relaciones como de siempre, sino que tienes que entrar en la sensación, y eso es muy necesario hoy en día. 

--Más necesario que nunca en la era del porno. Los niños empiezan a consumir porno a edades muy tempranas y luego les cuesta no reproducir eso que han visto en sus relaciones, o sienten miedo a la intimidad con el otro al salir del mundo digital. Por ello, te quería preguntar cuán necesario es el tantra en estos tiempos digitales. 

--No tiene ningún sentido consumir pornografía. ¿Para qué, si lo interesante es estar en la realidad? Es como preferir tener un novio IA o estar todo el día viendo películas románticas a compartir en tu vida real. Bueno, la vida real es más decepcionante, evidentemente, pero coño, es más real, ¿no? Es que lo mejor del sexo no es el coito, sino la conexión. En mi vía tántrica siempre voy a apostar por la intimidad, por la conexión, por la profundidad en el vínculo. Eso es lo que te llena. Hay que entregarse. Estar vulnerable al otro es lo que nos conecta. Entiendo que en algún momento nos daremos cuenta de esto.

--Está muy relacionado con esa baja tolerancia a la frustración, al sufrimiento, al chasco que te puedes llevar en la vida real, ¿no? 

--Al final, todo es miedo al abandono y al rechazo. 

--La sexualidad sigue siendo un tema tabú de puertas hacia afuera. ¿Hemos involucionado en ese sentido?

--El ser humano es pendular. Avanzamos en muchas cosas que son muy necesarias, pero el problema es que perdemos cosas valiosas por el camino. Porque es un avance poder divorciarse, y a la vez me preocupa que estemos perdiendo la capacidad de crear vínculos sólidos. También es importante desarrollar un vínculo con lo trascendental, aunque un poco más independiente de la religión. ¿Qué pasa con la generación que ahora tiene 30 años? Esta generación, que ha crecido en un mundo digitalizado, no tiene conexión con lo trascendente y se está metiendo al cristianismo. Es muy impactante. Se ha vuelto un boom. Tenemos todas las influencers cristianas... Ellos no han vivido lo que era estar en una escuela religiosa. Lo que observamos es el péndulo. Ahora mismo todo es muy líquido, efímero, y en vez de construir vínculos desde lo sólido, como no lo sabemos hacer porque no tenemos recursos emocionales, pues nos vamos para atrás. 

--Sigo sin entender por qué nos cuesta tanto hablar de sexo cuando es algo natural, biológico y común en todos los seres humanos. ¿Por qué no se estudia?

--La gente viene avergonzada porque no disfruta el sexo, porque tenemos un conflicto, pues no tengo orgasmos, no tengo líbido, no tengo erecciones. Al final, no quiero reconocer que estoy fracasando en algo, como cualquier otra área. No quieres sentirte expuesta o que te ridiculicen, quedar como la rara, la diferente, porque hay una imagen de que todo el mundo disfruta mucho con el sexo, pero no es verdad. La clave es que todos estemos muy informados, pero la educación está a años luz de esto. Yo hago clases de sexualidad femenina y masculina. Recibir un masaje de otra mujer respetando unos límites puede ser muy liberador, porque nunca se han sentido tocadas de esta forma. Tienes que vivirlo. Con muy poquito, pero siendo muy bien tocadas, se exitan muy rápido. Hay que trabajar los bloqueos y tener recursos en tu propio cuerpo.