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Mutitaa, la marca de ropa que ha hecho de la solidaridad su bandera desde Camboya

El centro textil en Battambang donde se producen las prendas ofrece oportunidades de formación y empleo de calidad a personas con discapacidades físicas y/o en riesgo de exclusión social

Juan Manuel Del Olmo

Varias prendas de Mutitaa / MUTITAA

En el mundo de la moda, lleno de dobleces, claims engañosos y tejidos de humo, cada vez son más las firmas que apelan a una autenticidad basada en la trazabilidad, los valores (sean cuales sean, desde la supuesta rebeldía al amor propio) y la experiencia. Bruselas trató de limitar quiénes pueden cacarear la cacareada sostenibilidad, pero después, en junio de 2025, retiró la Green Claims Directive, que pretendía garantizar que las alegaciones medioambientales de las empresas estuvieran basadas en datos empíricos.

Así, no es fácil entender qué proyectos son ‘moda consciente’, qué marcas quieren realmente dejar una huella positiva y cuáles simplemente incluyen promesas vacías en su narrativa. 

“Producto solidario” en la web de Cortefiel

Si uno navega por la web de Cortefiel, compañía del grupo Tendam, puede que se sorprenda al encontrar un claim junto a algunas prendas: en vez de destacar, por ejemplo, que un determinado producto está elaborado con algodón orgánico, se dice que es un “producto solidario”. La reacción más lógica sería proceder con una mezcla de curiosidad cautelosa y escepticismo saludable: ¿qué es exactamente la solidaridad y en qué medida puede hacer gala de ella la firma en cuestión?

Chou Ly, trabajador de la compañía / MUTITAA

La marca es Mutitaa, una empresa que poco tiene que ver con la mayoría de enseñas de moda comerciales. 

Qué es Mutitaa

Elena Tarín es voluntaria del proyecto, y cuenta a Consumidor Global que el origen se remonta a 2012. No obstante, la firma no se entendería sin la labor que décadas atrás comenzó a realizar en Camboya el jesuita asturiano Monseñor Enrique (“Kike”) Figaredo, dedicado al apoyo a las personas con discapacidad en los campos de refugiados del país asiático.

“El padre Kike Figaredo trabaja en la prefectura de Battambang. Tiene el apoyo de una ONG española llamada Sauce, que respalda los distintos proyectos llevados a cabo allí: hay iniciativas enfocadas en educación, en salud, en agricultura… De muchos ámbitos. También surgió la idea de crear empresas sociales para poder depender un poco más de sí mismos y generar un impacto directo en ese territorio”, relata Tarín.

Centro textil en Battambang

Con esta premisa, en 2012 se montó Battambang Textile Association for People with Disabilities (BTAPD), un centro textil ubicado en “una zona muy rural en la que hay muchas personas con discapacidad porque está muy cerca de Tailandia”. La promiximidad a este país hace que el área esté poblada por muchas víctimas del genocidio de los jemeres rojos, un episodio oscuro y brutal del siglo XX que dejó infinidad de minas antipersona, secuelas físicas y pobreza.

En esta zona tan desfavorecida casi no había oportunidades de empleo. Así, la Prefectura Apostólica comenzó a colaborar con Ibercotton, un mayorista textil español con el que montó dicho centro para ofrecer puestos de trabajo a personas vulnerables.

Continuar por su cuenta

No obstante, en 2018 Ibercotton se mudó a otro lugar. “Nuestra relación con ellos ya no es tan sencilla ni tan directa por el simple hecho de que nos pilla muy lejos y no podemos trabajar de la misma manera”, dice Tarín. Así las cosas, tenían dos opciones: cerrar el proyecto o continuar como proveedores por su cuenta, controlando la producción del centro textil, buscando sus clientes y la sostenibilidad financiera.

Una prenda de la compañía / MUTITAA

Tras grandes esfuerzos, a principios de 2019 lograron tener en sus manos el proceso productivo completo. El objetivo estaba cumplido y el horizonte se presentaba despejado para el despegue definitivo. Sin embargo, justo cuando culminaba la fase estratégica de inversión, la irrupción de la pandemia impuso un alto total. “Teníamos toda una fábrica montada, con 120 empleados, pero sin ningún tipo de demanda, todo parado”, relata Tarín.

Cómo nació Mutitaa

En este contexto de incertidumbre nace Mutitaa: decidieron crear una marca propia, que dependiera de ellos, y vender directamente en España, que es donde más contactos tenían. Escogieron ese nombre porque Mutitaa significa “alegrarte por las cosas buenas que le ocurren a los demás”. El objetivo, indica Tarín, es ayudar a mantener el centro textil y dar a conocer el proyecto en toda su extensión. 

Así, de la mano de un grupo de voluntarios (algunos con experiencia en diseño, otros en el sector textil, otros físicamente desde Camboya) se puso en marcha la firma. Las prendas comenzaron a comercializarse a principios de 2021. Por su puerto, la comunicación entre España y Camboya supone un reto mayúsculo, y más cuando son todos voluntarios, es decir, que nadie se dedica íntegramente a ello. 

Una persona con un complemento de la marca / MUTITAA

Determinación y compromiso

“Gracias al fuerte componente social y una gran determinación, hoy el proyecto sigue en pie y retoma progresivamente las contrataciones y los programas formativos”, se indica en la página web de Mutitaa. También se aclara que “todos los miembros del equipo Mutitaa trabajan de forma voluntaria sin retribución económica de ningún tipo”. 

A la par, los beneficios económicos generados por la venta de los Mutitaa van enteramente destinados a generar beneficios sociales mediante la financiación de proyectos de desarrollo en Camboya. “Creo que la marca tiene bastante potencial. El producto es bonito, los precios son asequibles…. Y claro que nos gustaría llegar a un público más amplio. Cuantas más ventas, más empleos podremos generar en el centro textil”, responde Tarín. A este respecto, un jersey de cuello redondo elaborado en un 95% algodón y un 5% cachemire cuesta 59,90 euros.

Alianza con Cortefiel

En cuanto a la alianza con Cortefiel, Tarín cree que ha sido muy positiva. “Nosotros nos pusimos en contacto en su día para ver si había posibilidades de producir para ellos. Pero cuando vieron nuestro proyecto, les gustó mucho la marca y nos ofrecieron entrar en su marketplace. Estamos muy contentos porque entienden el proyecto, las características y nos ayudan a que otra gente pueda conocer Mutitaa”, expone.

Respecto al perfil del cliente, Tarín cree que es el de una persona que conoce la ONG Sauce y le tiene cariño a los proyectos de Camboya, o bien amigos y familiares suyos. A nivel más general, quien elige Mutitaa es alguien que, frente a la vacuidad de buena parte de la moda rápida, “tiene el sentido de la solidaridad muy presente, investiga y le dedica tiempo a preocuparse por la marca y sus valores”.