El crecimiento económico y la creación de empleo en España no permean en los hogares más vulnerables, especialmente a aquellos en los que viven menores de 16 años. Según el último análisis del área de Estudios Sociales de Funcas, elaborado con datos de Eurostat, la expansión de la economía en la última década apenas ha logrado reducir el peso de la población con mayores privaciones económicas.
La brecha es especialmente acusada en los hogares con niños. Durante el último año, la tasa de carencia material y social severa en estas familias alcanzó el 10,7%, frente a la media nacional del 8,1%.
Entre las tasas más altas de la Unión Europea
El informe refleja un deterioro significativo de la posición de España respecto al resto de la Unión Europea en la última década. En 2015, el país ocupaba el decimoquinto lugar entre los 27 Estados miembros, con una tasa de carencia del 7,4%, por debajo del promedio comunitario.
Diez años después, España se ha encaramado a la quinta posición, alcanzando un 8,1% mientras que la media europea se ha reducido hasta el 6,3%. España destaca así como uno de los pocos países europeos en los que la privación severa no se ha reducido a pesar del crecimiento económico.
Nuevas métricas
Estas conclusiones responden además a un cambio en la metodología empleada por Eurostat para medir la vulnerabilidad. La oficina estadística europea ha sustituido la clásica métrica de carencia material severa por un nuevo indicador, ampliando la exigencia para definir una situación crítica de cuatro sobre nueve privaciones a siete sobre trece.
Se han eliminado variables desfasadas (como no tener televisión en color, teléfono o lavadora) para incluir privaciones cotidianas reales: no poder reunirse con amigos o familiares, no realizar actividades de ocio pagadas, carecer de una pequeña cantidad de dinero para gastos personales o no poder renovar la ropa y el calzado desgastados.
Carencia material
Si se observa la métrica de carencia material tradicional, el indicador se situó en un 8,5%, casi un punto por encima del promedio general del 7,6%. Esta desventaja no es coyuntural, ya que en el último decenio la privación en los hogares con menores ha superado la media del país.
En el tramo de población adulta y laboralmente activa, de entre 30 y 64 años, la tasa de privación material y social es del 8,8%.
Los mayores de 65 años están más seguros
En el extremo opuesto se encuentran los mayores de 65 años. Aunque entre 2015 y 2018 sufrieron un repunte en sus niveles de carencia, desde entonces han experimentado una mejora continuada que ha dejado su tasa en el 4,7%, muy por debajo de la media general.
De este modo, la población sénior española mantiene una posición comparativamente buena tanto en el ámbito nacional como en el contexto europeo.
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