La filatelia en España envejece y su futuro pende de un hilo

Los dueños de los establecimientos que venden sellos no saben cómo atraer al público joven para salvar este ocio centenario y se quejan de que Correos infravalora el sector

Un sello y detrás una colección de filatelia / PIXABAY
Un sello y detrás una colección de filatelia / PIXABAY

La filatelia tiene los días contados. Al buscar la palabra “sello” en Google aparecen miles de entradas y ninguna de ellas hace referencia a esta pasión. La afición de coleccionar y clasificar sellos, así como sobres u otros documentos pertenecientes al envío, adolece de una vejez que hace su supervivencia cada vez más difícil. 

Aquí en España este negocio empezó en 1850 con la icónica emisión de los sellos de la reina Isabel II que hoy en día se consideran como los más escasos y están valorados en unos 20.000 euros cada uno. Sin embargo, aunque todavía quedan tiendas especializadas en este sector, la falta de un relevo generacional preocupa a los dueños actuales.  

“Todas las familias tenían un coleccionista”

 “Antes en todas las casas había un coleccionista de sellos”, señala Ignasi, uno de los clientes que se encuentra en la tienda Filatelia Monge de 1878 situada en el ensanche barcelonés que regenta Carles Monge. Sin embargo, eso ya no es así. Por ello, su propietario asegura que la tienda está abierta, pese a todo, gracias al sector numismático --disciplina que estudia las monedas y medallas-- que en la actualidad tiene más demanda. 

De hecho, sorprende que este tipo de establecimientos haya sorteado la crisis actual. “A diferencia de otros comercios, no hemos notado tanto la crisis del Covid , pero ni recuerdo la última vez que vi una persona joven entrar por la puerta”, confiesa Ángela Gago, empleada de la Filatelia Marín de Barcelona. Según Gago, las tiendas no cierran por falta de rentabilidad, sino por motivos de jubilación o fallecimiento del propietario.

La estafa piramidal más grande de España

El gremio ha sufrido el estigma de grandes estafas piramidales como la del Fórum Filatélico y Afinsa. En ese sentido, Julio Allepuz, uno de los coleccionistas más importantes de España, insiste en que la filatelia no es un valor refugio o seguro y que los que lo ven así  no son coleccionistas, sino inversores. En esa misma línea se pronuncia también Monge. “A ninguno de mis clientes les afectó esta estafa, porque el buen coleccionista ni busca estas garantías, ni se las cree”,subraya.

No obstante, muchos otros cayeron en esta trampa. El caso de Fórum Filatélico y Afinsa estalló en 2006 y cerca de 200.000 personas perdieron parte de sus ahorros. Ambas empresas prometían a sus clientes una revalorización de su inversión bajo la falsa creencia de que el precio de los sellos iba a aumentar año tras año, pero no fue así . “Ya tenemos las cosas bastante difíciles como para que nos mezclen en estos asuntos”, insiste la trabajadora Gago. Mientras, Moge recuerda, con amargura, cómo durante muchos años la gente cuando pasaba por delante de su tienda soltaba improperios por este motivo, aunque este comportamiento no era justo para el sector. 

La filatelia Haeffner ha cerrado su tienda física de Barcelona / CG
La filatelia Haeffner ha cerrado su tienda física de Barcelona / CG

Subirse al mundo ‘online’ 

Pocos comercios, a diferencia de la filatelia, pueden presumir de estar al margen de las recesiones económicas. Carol Allepuz, hija del coleccionista Julio Allepuz, explica que eso se debe a que las casas de sellos tienen unos costes muy controlados y no necesitan mucho personal ni recursos técnicos. Además, su producto no pasa de moda, ni tampoco caduca. Otro factor que suma a la fortaleza del sector, tal y como señalaba Allepuz, es que desde hace unos años la filatelia se ha diversificado y ya depende de la venta en tienda física, sino que parte de su facturación ya es online

La digitalización ha supuesto un salvavidas para algunos vendedores, ya que han podido acceder al mercado internacional. Países como Gran Bretaña, Alemania o Francia gozan de una gran apego a esta tradición. Así, la icónica filatelia Haeffener cerró su negocio en la calle Consell de Cent en Barcelona después de tres generaciones para centrarse en la venta por internet. Además, según recuerda Haeffner, la decisión de bajar la persiana de su tienda no fue fruto de la pandemia, sino que fue una medida ya meditada desde hacía  tiempo.

El ‘boom’ del sector 

“La forma de coleccionar, como el coleccionista, varían con el tiempo. Y la filatelia siempre ha tenido épocas de más efervescencia y otras de menos”, asegura  Haeffner, sobre el boom que sufrió el sector durante la cuarentena de 2020. Los vendedores consultados por Consumidor Global duplicaron las ventas. “La gente se encerró en sus casas y recordó que tenía una colección de sellos”, bromea Haeffner. Pero, más allá de este anecdótico repunte, la filatelia necesita de un público joven para su continuidad. 

“El coleccionista cuando empieza se equivoca y sólo con la madurez obtiene la gratificación”, matiza  Allepuz, quien defiende que el hábito y los valores filatélicos deben inculcarse desde la juventud. 

El flaco favor de Correos a la filatelia

Los dueños de establecimientos de filatelia recuerdan que desde Correos se han hecho varias campañas para atraer al público joven. “Pero no han tenido resultado”, asegura  Haeffner. Y aunque Correos es la principal institución interesada en la difusión y la promoción de la filatelia, sus acciones dejan mucho que desear, según  los profesionales del sector. “Desde hace unos años la Fábrica de Moneda y Timbre propicia más la cantidad que la calidad de los sellos”, explica Allepuz.

De esta manera, Correos financia la creación de todo un bazar filatelista que sólo busca la rentabilidad momentánea. “En más de 100 años, del 1840 al 1950,  se produjeron 1.067 modelos de sellos. Mientras, en los siguientes 50 años se crearon otros 1.000. Pero del 2000 al 2010, en tan solo una década, se emitieron 925 sellos nuevos, lo que no favorece ni protege al sector”, apunta Allepuz. Este aumento desproporcionado de la producción desvaloriza los sellos y se aleja del concepto real de coleccionismo. Así, esta falta de apoyo institucional y el gran problema del relevo generacional ponen a la filatelia en un brete. Su hoja de ruta no queda clara y al sector no le queda otra que esperar un milagro para mantenerse vivo durante unos años más. 

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