Mientras AllZone alardea de premios como el controvertido 'Comercio del Año', en la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) y en Facua se acumulan miles de denuncias por retención indebida de dinero y falta de entrega de productos. Ahora, por primera vez, quienes formaron parte de la empresa rompen el silencio y revelan qué ocurría realmente tras esa fachada.
Consumidor Global ha accedido en exclusiva al testimonio de dos extrabajadoras de AllZone, cuyos nombres se omiten para preservar su identidad. Sus relatos, independientes, pero coincidentes, permiten reconstruir el modus operandi de una compañía cuyo dominio original (allzone.es) permanece actualmente bloqueado en Red.es, la entidad pública adscrita al Ministerio para la Transformación Digital, y que ha trasladado su actividad a una nueva web (shopenzona.es) donde reproduce la misma estructura comercial.
Las reseñas y sorteos de AllZone eran todo falso
Para el consumidor que llegaba a AllZone buscando un móvil de última generación a precio de derribo, las valoraciones positivas eran el anzuelo definitivo. "Comprábamos reseñas a cuatro empresas diferentes cada mes", confiesa una de las antiguas trabajadoras. "Mi jefa decía que era todo legal, que era muy normal usar reseñas compradas". Estas valoraciones falsas se sembraban tanto en Google como en Trustpilot. Aunque esta última plataforma las borraba pasado un tiempo, la empresa lograba colar muchas al principio.
No solo las opiniones estaban manipuladas; también las promociones. "Los sorteos también eran falsos. No había ganadores reales. Era solo imagen", admite la misma fuente a este medio. La otra extrabajadora, que pasó cuatro años en la empresa rotando entre atención al cliente y postventa, corrobora la artificialidad de los galardones que la empresa exhibe, como el premio 'Comercio del Año'. "Tiene un sistema de votación abierta y fácilmente manipulable. Para votar tienes que pagar", explica, cuestionando la legitimidad de los votos obtenidos. "Le debes al cliente un montonazo de dinero y, en vez de pagarles, pagaban el premio", lamenta.
Mentir como norma de la empresa
Ambas extrabajadoras coinciden en que la falta de transparencia con el cliente no era un error puntual, sino una instrucción desde la dirección de AllZone, encabezada por su CEO, Pablo Moscoloni. "Nos decían exactamente qué teníamos que responder. Nunca podíamos decir que no había stock. Siempre había que inventar un problema logístico, un retraso del proveedor, una incidencia puntual", relata la fuente.
"Tardaban meses en dar el producto o el reembolso porque, hasta que el proveedor no nos solucionaba algo, nosotros no solucionábamos nada al cliente", explica, señalando que trabajaban mucho con proveedores extranjeros, lo que dilataba aún más los plazos. "Sabíamos que el cliente tenía razón y, aun así, les mentíamos. No sabíamos si era legal o no, pero sabíamos que no estaba bien", añade. El miedo y la precariedad explican en parte el silencio prolongado. Muchos empleados eran jóvenes, en su primer trabajo, procedentes de prácticas o másteres, sin experiencia previa ni respaldo jurídico.
"Yo iba a trabajar llorando"
La consecuencia de estas prácticas también eran dramas humanos que las exempleadas tenían que absorber diariamente. Una de las dos recuerda con angustia los correos electrónicos que recibía de un cliente diciendo que "me voy a matar", "necesito el dinero".
La instrucción de la dirección de AllZone ante estas situaciones era la deshumanización absoluta. Cuando las extrabajadoras intentaban trasladar la gravedad de los mensajes de los clientes a sus superiores, la respuesta era fría: "Este trabajo no te lo tienes que tomar a lo personal. Si no te gusta, ahí está la puerta". "Yo iba a trabajar llorando", confiesa una de las extrabajadoras, que terminó solicitando una baja durante un tiempo prolongado.
El régimen de vigilancia estricto a los trabajadores de AllZone
Según la declaración de las fuentes consultadas, en la empresa de Pablo Moscoloni –descrito por las exempleadas como un "narcisista" que "imponía respeto" y que siempre tenía "un as en la manga para justificar lo injustificable"--, se instauró un régimen de vigilancia estricto.
"Nos ponían una cámara toda la jornada laboral", revelan. La vigilancia era tal que desde recursos humanos interrogaban a los empleados si se ausentaban para ir al baño. El objetivo parecía ser el control total en un entorno de teletrabajo forzoso donde la presión era la norma. "Muchos días apagaba la cámara cuando estaba llorando por el estrés", añade una de las dos exempleadas.
El preludio del fin
El contexto actual de la empresa da una nueva dimensión a estos testimonios. Como verificó recientemente Consumidor Global, el dominio allzone.es ha sido bloqueado en Red.es, y la operativa se ha trasladado a shopenzona.es, una web espejo gestionada bajo la misma estética y catálogo. Además, los cobros han comenzado a desviarse hacia otra sociedad, The Geekland, en un movimiento que sugiere un intento de esquivar embargos o bloqueos financieros.
Para las exempleadas, el cambio de dominio y las maniobras actuales son el preludio del fin. "Según lo que cuentan, están cancelando todos los pedidos que entran y están despidiendo a mucha gente", comenta una extrabajadora sobre la situación actual, basándose en información de excompañeros que aún siguen dentro. Mientras tanto, miles de consumidores siguen esperando respuestas. Y por primera vez, quienes estaban al otro lado han decidido contar lo que vieron.