Durante más de dos décadas, navegar por internet fue sinónimo de escribir una consulta en Google. El buscador no solo organizó la información global, sino que moldeó la manera en la que empresas, medios y usuarios entendían la visibilidad digital. Hoy, ese modelo empieza a quedar atrás si contaos con que prácticamente solo le consultamos a la IA. La expansión acelerada de la inteligencia artificial generativa está transformando la forma en la que buscamos respuestas, tomamos decisiones y nos relacionamos con la tecnología.
El cambio no es menor. Hasta hace poco, aparecer en los primeros resultados de Google era la clave del éxito digital. El posicionamiento web, el SEO y las reglas del algoritmo marcaban el terreno de juego… Sin embargo, la irrupción de sistemas conversacionales basados en la recopilación de datos que elabora automáticamente la propia IA de Google ya ha introducido una nueva capa de complejidad: ya no se compite por una lista de enlaces, sino por convertirse en la respuesta que un modelo generativo ofrece directamente al usuario.
La inteligencia artificial redefine la red: un nuevo escenario de riesgos
Plataformas como ChatGPT, Copilot, Gemini o Grok han ocupado en tiempo récord un espacio que antes parecía inamovible. Estas herramientas no solo responden preguntas, sino que resumen, recomiendan, comparan y ejecutan tareas. Google, consciente de la amenaza, ha tenido que rediseñar su propio producto para integrar inteligencia artificial en el núcleo del buscador.
El resultado es un cambio de paradigma: la IA se ha convertido en la nueva interfaz de acceso al conocimiento digital. Desde decisiones personales hasta procesos empresariales, cada vez más interacciones pasan por sistemas automatizados capaces de generar texto, voz o incluso vídeo de forma convincente.
Un nuevo terreno para el cibercrimen: el 80% de los fraudes se cometen con IA
A medida que la inteligencia artificial se consolida como tecnología transversal, también lo hace su uso con fines maliciosos. Las estafas digitales están entrando en una nueva fase, caracterizada por un nivel de sofisticación sin precedentes. Los engaños ya no dependen de errores evidentes o mensajes mal redactados: ahora pueden imitar con precisión comunicaciones legítimas, voces reales o incluso rostros en movimiento.
Según el Informe de prospectivas de ciberseguridad para 2026 de la Agència de Ciberseguretat de Catalunya (ACC), el 82,6% de los correos electrónicos con enlaces maliciosos ya incorporan inteligencia artificial en su elaboración. Esto permite a los atacantes automatizar campañas, personalizar mensajes y aumentar de forma notable su tasa de éxito.
La directora de la ACC, Laura Caballero, subraya que en este contexto “la prevención sigue siendo la herramienta más eficaz”. Medidas como el uso del doble factor de autenticación, contraseñas robustas o sistemas de detección de fraude se vuelven esenciales para reducir el riesgo en un entorno cada vez más complejo.
La realidad digital: menos rescates, más ataques
El ransomware —software malicioso— continúa siendo una de las principales amenazas para empresas e instituciones. No obstante, los datos reflejan un cambio relevante: solo el 23 % de las víctimas paga el rescate, frente al 85 % que lo hacía en 2019. Esta mejora en la resiliencia digital ha tenido un efecto colateral inesperado.
Ante la menor rentabilidad de cada ataque, los ciberdelincuentes han optado por aumentar el volumen y la velocidad de las ofensivas. La automatización y el uso masivo de credenciales robadas permiten lanzar campañas a gran escala con costes reducidos.
De hecho, el informe señala que el robo de credenciales creció un 160 % en 2025 respecto al año anterior, convirtiéndose en la puerta de entrada más habitual a los incidentes de seguridad. Además, se anticipa un aumento de los intentos de manipulación de agentes de IA y procesos automatizados, lo que obligará a diferenciar claramente entre identidades humanas y no humanas dentro de las organizaciones.
Regulación, empresas y preparación del mundo frente a la IA
Este escenario coincide con la entrada en vigor de nuevas obligaciones normativas. La transposición de la Directiva NIS2 en España exigirá a sectores estratégicos como la sanidad, la energía, el transporte o la administración pública reforzar sus sistemas de ciberseguridad y demostrar capacidad real de respuesta ante incidentes.
Desde la ACC insisten en que la preparación no debe limitarse a la prevención. La capacidad de recuperación y minimización del impacto será clave para garantizar la continuidad de servicios esenciales en un entorno cada vez más expuesto.
En paralelo, la ciberguerra seguirá ligada a las tensiones geopolíticas globales, con efectos directos sobre infraestructuras críticas y empresas europeas. Para hacer frente a estas amenazas, la Agència de Ciberseguretat de Catalunya ha anunciado una inversión récord de más de 18 millones de euros, destinada a 27 acciones centradas en servicios digitales, pymes del sector TIC, concienciación ciudadana, formación de talento e innovación.
El riesgo que va "más allá de la tecnología", según los expertos
Más allá de la seguridad, el debate sobre la inteligencia artificial también tiene una dimensión económica y social. El analista Marc Vidal ha puesto el foco en lo que considera el verdadero riesgo sistémico: no un fallo tecnológico, sino la concentración de los beneficios de la IA en muy pocas manos.
@marcvidal.name El verdadero riesgo sistémico no es una falla tecnológica, sino que los beneficios de la inteligencia artificial queden concentrados en pocas manos.
♬ sonido original - Marc Vidal
Según Vidal, si el aumento de productividad impulsado por la inteligencia artificial no se traduce en prosperidad compartida, el resultado será una mayor desigualdad, tensiones en el empleo y desequilibrios financieros. El problema surge cuando las soluciones quedan controladas por grandes corporaciones, a menudo respaldadas por Estados fuertes que limitan la competencia.
En ese contexto, la IA no actúa como motor de progreso general, sino como un acelerador de la concentración de poder. Un desafío que no se resuelve solo con innovación, sino con regulación, transparencia y una visión estratégica a largo plazo.