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Así es el Lidl ruso: un almacén que "decepciona" en producto, pero con precios bajos

Los supermercados Mere aterrizan en España con locales amplios ubicados fuera de los núcleos urbanos y buscan, sobre todo, ahorrar costes

Alfonso Álvarez-Dardet

Fachada de uno de los supermercados Mere en España / CONSUMIDOR GLOBAL

Mere no es un supermercado bonito, aunque tampoco lo pretende. La compañía rusa ya lo avisa en su página web: “No necesitamos envolturas brillantes y muy atractivas”. Y la razón de ello reside en que su máxima finalidad es ofrecer el artículo más barato a costa de un packaging atractivo. La estética, además, tampoco es su fuerte, al menos en el nuevo establecimiento que la cadena acaba de abrir en Parla (Madrid). Al llegar al local, el consumidor se encuentra con una nave industrial con largos pasillos en su interior donde los productos se amontonan a ambos lados en cajas de cartón y sobre palés de madera. Eso sí, cada género viene identificado con su lugar de procedencia: Lituania, Polonia, Rusia, Portugal, Italia y algunos productos de España. Parece más la zona de almacenaje de Ikea que una tienda de Carrefour.

“Me ha decepcionado un poco, esperaba algo más. De droguería no hay mucho, gel de baño tampoco, ni yogures o mantequilla”, explica con desilusión una clienta que se ha acercado al supermercado tras dejar a su hijo en la guardería. El establecimiento lleva abierto apenas una semana y carece de productos básicos como carne, pescado, pollo, sección de panadería o lácteos. Los encargados aseguran a este medio que el género irá creciendo para en un mes poder atender a la demanda de los usuarios.

Productos rusos

La chicha de Mere, además del bajo coste, está en el género que viene de Rusia, su país natal. Aunque, de momento, el catálogo todavía es reducido, los trabajadores del supermercado aseguran que llegarán varios camiones cargados en unos días. “Hay bizcochos de Polonia y caramelos de chocolate de Lituania. De Rusia tenemos un producto típico que se llama Pelmeni, que es una pasta rellena de carne típica de nuestra tierra, parecidos a los raviolis. También Blinis, que son crepes rellenos de mermelada de fresa y unas tortitas de patata con carne en el interior que nos gustan mucho”, explica el encargado del Mere de Parla.

Las secciones todavía no están definidas y todo funciona más bien por intuición. En el pasillo central, por ejemplo, se han colocado  los productos que no son de alimentación: juegos de vasos de cristal con decoración rusa; juegos de toallas de un tacto poco agradable o edredones del país que sí atraen la atención de los clientes. Sin embargo, que un producto sea típico de Rusia no significa que haya sido fabricado allí. Así, por ejemplo, la marca que comercializa los Pelmeni, Tavijuta, es de Lituania. De hecho, en general, al recorrer los pasillos de un supermercado Mere da la sensación de que el país de procedencia es lo de menos. Lo importante es tener el producto más barato, sea de donde sea.

Un paquete de Pelmeni / CONSUMIDOR GLOBAL

Los primeros clientes

En Mere nadie va a tiro hecho. Los clientes revolotean por las estanterías y compran más por curiosidad que por necesidad. La mayoría desconoce las marcas que se ofertan, pero comparan los productos con los precios de otros supermercados y se lanzan a probarlos. La habitación frigorífica, todavía medio vacía, promete una auténtica experiencia rusa. Es donde se almacenan los quesos y alguna carne envasada, como bacon o salchichas.  El cambio de temperatura es tal que en pocos segundos es fácil comprender lo que es vivir en el país de Vladimir Putin.

Sobre la plantilla que la cadena está contratando para sus nuevos locales en España el encargado, que habla español, ruso y por teléfono un perfecto italiano, asegura que hay dos empleados españoles en el de Parla, pero no de cara al público. Y, aunque Mere  promete precios bajos, algunos clientes se quejan de que no ven  “ofertas que llamen la atención, para que los conozca más gente”.