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Depilife deja un reguero de afectados tras sus cierres: “No te avisan y no se hacen responsables”

La cascada de cierres vuelve a poner en el foco el desamparo de los consumidores, al tiempo que Facua pide una modificación de la normativa

Juan Manuel Del Olmo

Una persona en una sesión de depilación / PEXELS

“Tenemos a tu disposición un láser de alta calidad, el cual ofrece resultados efectivos sin causar molestias, garantizando tu seguridad. Analizamos cada caso de manera individual, teniendo en cuenta el tipo de piel y vello. Además, contamos con equipos de última generación, los cuales nos permiten obtener excelentes resultados en tratamientos faciales y corporales”. 

Así se presenta Depilife en la página web de La Vaguada, un concurrido centro comercial madrileño. “Nuestro equipo de profesionales altamente capacitados se encargará de estudiar tu caso de forma personalizada, ofreciéndote soluciones que se ajusten a tus necesidades”, añaden en su carta de presentación.

Depilife deja a los clientes desamparados

Sin embargo, la realidad de la compañía dista mucho de esa cuidada imagen. Depilife se ha convertido en la última protagonista de la cascada de cierres repentinos de clínicas dentales, de depilación y de estética que han sacudido el mercado en los últimos años, dejando a miles de usuarios desamparados tras haber abonado sus tratamientos por adelantado.

Una clínica Depilfe / DEPILIFE - REDES SOCIALES

A finales de octubre, Facua-Consumidores en Acción dio la voz de alarma tras constatar el cierre de varias clínicas de la cadena en diferentes ciudades del país. La entidad recomendó a los afectados solicitar su historial clínico para poder reclamar el crédito de la parte del tratamiento no realizado en caso de que la empresa entre formalmente en concurso de acreedores. 

Los consejos de Facua

Asimismo, instó a los usuarios a conservar toda la documentación contractual y los justificantes de pago hasta haber recuperado la totalidad del dinero. Facua también volvió a denunciar la pasividad institucional ante un problema que, por desgracia, se está volviendo recurrente. 

La organización criticó que el Gobierno de Pedro Sánchez no haya realizado “ningún tipo de modificación de la normativa que regula este tipo de clínicas para asegurar la protección de los derechos de los consumidores”, especialmente en un sector cuya operativa habitual se sostiene sobre contratos de financiación o pagos por adelantado.

Dispositivo de depilación láser / PEXELS

Pagos recurrentes

Esa es, precisamente, la trampa principal: los consumidores quedan atados a los pagos mientras los centros bajan la persiana sin previo aviso. 

Para frenar este desamparo, desde la asociación consideran clave y urgente “la exigencia de un seguro de responsabilidad civil para autorizar la apertura, de forma que quede cubierto el riesgo de cierre o quiebra de la compañía”. 

El calvario de las víctimas: abonar el tratamiento y encontrarse el local vacío

Detrás de las cifras y las denuncias hay testimonios que ilustran la agresiva estrategia de captación de la cadena. A. Vencedor, residente en Sevilla, vivió el proceso en primera persona junto a su marido cuando se interesó por un bono de 10 sesiones de depilación láser valorado en 400 euros.

Una persona habla por teléfono / PEXELS

“Al principio las chicas que había allí fueron muy insistentes para que cogiéramos el bono de 10 sesiones sobre la marcha, pidiéndonos los datos y demás. Debido precisamente a esa urgencia, decidí que quería pensarlo con detenimiento y no contraté nada en ese momento”, cuenta a este medio. Sin embargo, la presión comercial continuó desde la clínica con llamadas ofreciendo rebajas en la tarifa, hasta que la pareja cedió y contrató el paquete.

Pago de los bonos

El acuerdo contemplaba fraccionar el importe en tres pagos mensuales consecutivos y después disfrutar del servicio. La sorpresa llegó tras cumplir con el último plazo: “Eran tres pagos en distintos meses y una vez hechos empezarían las sesiones. Cuando los abonos concluyeron nos dieron la cita en otro centro porque supuestamente ese de Lagoh (Centro Comercial de Sevilla) se había trasladado”, cuenta la afectada.

A pesar de tener fecha, hora y lugar asignados, la pareja no pudo disfrutar de ni una sola sesión. Al acudir al lugar descubrieron que otra empresa ocupaba la instalación. No había rastro de Depilife. 

Recepción de uno de los centros / DEPILIFE

Vía judicial o reclamación bancaria por fraude

Al intentar pedir explicaciones, la pareja se topó con un muro de silencio. La página había dejado de estar operativa, los números de atención al cliente no daban señal y resultó imposible contactar con ningún responsable de la empresa. “Recuperar el dinero se convirtió en la prioridad”, señala la víctima.

Por suerte, la experiencia profesional de Vencedor marcó la diferencia. Al haber trabajado en el sector bancario, conocía los mecanismos de devolución por fraude en servicios no prestados y activó el protocolo directamente con su entidad financiera mediante la reclamación del cargo en tarjeta.

“Nos devolverían el dinero si la empresa no probaba que ese servicio se había realizado”

“Reclamamos al banco, nos dijeron que nos avisarían si necesitábamos poner una denuncia, y hace unas semanas nos contactaron diciendo que nos devolverían el dinero si la empresa no probaba que ese servicio sí se había realizado”. El trámite con la entidad bancaria resultó rápido y efectivo: a los pocos días el banco abrió la investigación e ingresó el dinero en su cuenta tras certificar el incumplimiento.

Una persona hace cálculos / PEXELS

Sin embargo, no todos los clientes han tenido la misma suerte ni conocen estas vías de actuación, especialmente si han firmado con financieras vinculadas. “Supongo que esto no lo sabe todo el mundo, por esto es que quiero colaborar a que mi testimonio sirva para otros y en la medida de lo posible pueda ayudar”, dice Vencedor.

“No te avisan y no se hacen responsables”

En las reseñas de Google, el descontento es palmario. “¡Estafadores! ¡Cierran la sucursal, no te avisan y no se hacen responsables!”, protestaba una afectada de la Comunidad Valenciana. “Me estafaron en Jerez, me hicieron ir a Sevilla y cuando llego han vuelto a cerrar”, decía otra.

“Yo me acabo de enterar hace nada han cerrado todas las clínicas de Depilife de toda España. Después de haber estado todo el día llamando y mandando WhatsApp, ¡qué sinvergüenzas! Empecé hace pocos meses con un tratamiento y me he quedado sin tratamiento y sin dinero”, lamentaba una tercera.

Un centro de Depilife / LINKEDIN

“Ni siquiera me avisaron”

“Comencé mis sesiones de láser en su centro de Móstoles, lo cerraron y me enviaron al de Príncipe Pío. Este también lo cerraron y ni siquiera me avisaron, por lo que me enteré cuando llegué a mi cita y encontré el local cerrado. Les llamé para que me dieran un informe con la frecuencia de láser que se me había aplicado para así terminar mis sesiones en otro centro, me dijeron que lo harían. Cuando vi que no me llamaban intenté llamarles de nuevo y resulta que me han bloqueado y no puedo llamarles. Es una auténtica vergüenza”, decía otra.

A este desamparo se suma el modelo de negocio, que puede esquivar la devolución del dinero: “Contraté varios bonos (más de 1.000 euros) en la marca Depilife en el centro de Príncipe Pío. Tras cerrar dicho centro de repente y trasladarlo a Hortaleza, solicité como alternativa consumir mis sesiones pendientes en esta ubicación de La Vaguada. La respuesta fue denegármelo alegando que son una franquicia independiente, desprendiéndose de toda responsabilidad como marca”, protestaba una última.

El problema de los bonos

También hay quienes recomiendan no coger bonos de sesiones. “Ya he visto varias empresas que te meten mucha prisa para coger bonos grandes cuando saben que se van a la quiebra, y tú con tu bono pagado y sin las sesiones realizadas. Es mejor ir a sitios con sesiones sueltas, te ahorras disgustos”, aconsejaba.

Depilación / PEXELS

Resulta sangrante repasar la hemeroteca a la luz de los acontecimientos. Poco más de un año antes del colapso, en octubre de 2025, Único Life Clinics —marca integrada en el Grupo Life junto a Alma Life y la propia Depilife— difundía un comunicado de tono eufórico. 

“Trato cercano”

En él presumían de contar con instalaciones “modernas, elegantes y acogedoras” que combinaban la innovación “con un trato cercano”, al tiempo que anunciaban una ambiciosa expansión en Madrid para acercar la “excelencia” basándose en valores como la “calidad, la ética y la cercanía”.

Aquel entramado, liderado por el CEO Carlos Conde Gil, llegaba a presumir de más de 90 centros repartidos por todo el país guiados por “la ciencia, la tecnología, la calidad humana y los resultados medibles”. Hoy, de aquella prometida excelencia y calidad humana queda un reguero de persianas bajadas, llamadas sin respuesta y multitud de clientes buscando la manera de recuperar su dinero.

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