Tus juguetes sexuales serán más seguros a partir de ahora: ¿sabes por qué?

Nace el primer estándar internacional para dispositivos eróticos, pero los expertos aseguran que todavía falta una regulación seria y un consenso europeo

Una mujer con un WVI Nova 2, uno de los juguetes sexuales seguros que hay en el mercado / WE-VIBE
Una mujer con un WVI Nova 2, uno de los juguetes sexuales seguros que hay en el mercado / WE-VIBE

“En nuestro hospital, alrededor del 40% de las operaciones de extracción de objetos extraños del cuerpo se deben a juguetes sexuales”, explica el cirujano sueco del Stockholm South General Hospital Martin Dahlberg, que ante este hecho se puso en contacto con la agencia de protección del consumidor y constató que no existía ninguna regulación en cuanto a juguetes eróticos. ¿Cómo es posible que un mercado que en 2020 se valoró en más de 29.000 millones de euros viva en esta especie de limbo?

Al fin, en septiembre de 2021 entró en vigor el primer estándar internacional de seguridad para juguetes sexuales --norma ISO 3533--, cuyo objetivo es garantizar un diseño y unos materiales seguros para el cuerpo, e información suficiente y correcta en la guía del usuario. La mayoría de los modelos de la empresa de juguetería erótica We-Vibe (Chorus, Melt, Nova 2 y We-Vibe Bond) ya cumplen esta normativa, “y grandes marcas como Fun Factory, Lelo, Satisfyer y Womanizer también la seguirán, pero lo hacen como ventaja competitiva, no porque les obligue la ley”, expone a Consumidor Global Óscar Ferrani, divulgador sexual y asesor de la casa erótica Amantis.

Una pareja con el juguete sexual WVI Nova2 / WE-VIBE
Una pareja con el juguete sexual WVI Nova2 / WE-VIBE

Juguetes en el limbo

La citada norma está compuesta de una serie de directrices para los fabricantes que pretenden garantizar que el diseño del juguete minimiza el riesgo de lesiones del usuario --los de uso anal, por ejemplo, deben tener un tope para que no se introduzcan en el recto más allá de lo deseado--, que se utilizan materiales seguros y biocompatibles con las partes más sensibles del cuerpo, que se han eliminado del proceso de diseño y fabricación los ftalatos, alquilfenoles o cadmio, que los juguetes con piezas extraíbles han de estar debidamente sujetos, y que los artefactos que tienen control remoto se pueden apagar fácilmente por la persona que los utiliza.

“Es una buena noticia porque es un paso más hacia la normalización de la utilización de estos productos de consumo, pero que sea de aplicación voluntaria deja bastante que desear”, apunta Ferrani, quien asegura que seguimos estando en manos de los buenos fabricantes y vendedores. Algunos fabrican con lógica y seguridad, pero “hay otros que no”. Hace falta “madurarlo” y establecer un consenso europeo. “Falta una legislación”, añade este experto. En esta línea, Johanna Rief, directora de empoderamiento sexual de We-Vibe, expone a Consumidor Global que “hay ciertas regulaciones y leyes que se aplican a nuestros productos porque son electrónicos y llevan batería recargable, pero no existen regulaciones específicas sobre juguetes sexuales”. Aun así, los expertos coinciden en que nunca había sido tan seguro como ahora comprar un dispositivo erótico. Eso sí, siempre que se tomen las precauciones pertinentes.

Consejos para jugar con seguridad

“Un juguete sexual mal utilizado te puede fastidiar la vida”, recuerda Ferrani, quien explica que lo primero que hay que hacer a la hora de adquirir un dispositivo de este tipo es documentarse sobre la trayectoria de la marca y enterarse de cómo y dónde fabrican sus juguetes. Las marcas internacionales “son las que más seguridad te van a dar. Con las menos conocidas, lo mejor es confiar en el buen hacer del vendedor. Si no nos informa bien, no le compremos ese juguete. Y de comprar juguetes extraños en páginas web desconocidas, nada de nada”, advierte Ferrani.

Según la norma ISO 3533, los aparatos de uso anal deben tener un diseño y un mecanismo específicos para que no puedan insertarse en el recto más allá de lo que se pretende originalmente, pero “nosotros añadimos una nota de seguridad en las instrucciones para que el consumidor tome precauciones”, apuntan desde Amantis. Así pues, hay que fijarse en la seguridad de los materiales empleados, comprobar que las instrucciones especifiquen los usos adecuados, y, por último, que el diseño electrónico también sea seguro. Como es obvio, al igual que cualquier producto de consumo, todos los juguetes sexuales tienen una vida útil que no hay que sobrepasar.

Asignaturas pendientes

Tendrán que pasar varios años para que el estándar madure, se hagan un par de revisiones, "y sea adoptado por las regulaciones locales para demostrar el cumplimiento obligatorio. Actualmente, todavía no hemos llegado a este punto y podría llevar años”, resume Rief en referencia a la norma ISO 3533, que aun es una simple recomendación.

Ferrani va un poco más allá y se pregunta: “¿Qué gobierno reconoce que miles de personas se meten cosas por el ano? Hay implicaciones políticas. Nadie acaba de meterse en este terreno… Todavía falta mucho consenso y normalización”, sentencia.

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