Loading...

La coctelería más exclusiva de Barcelona ahora parece el aula de un colegio

Stravinsky’s Parfumerie inaugura su trastienda creativa, donde queda atrás el museo ficticio y la estética parisina de los años 20

Ana Carrasco González

El menú de la Playrrom de Stravinsky' Parfumerie / ANA CARRASCO

Te sientas frente a una imponente mesa serpenteante de mármol verde. El camarero te entrega un bolígrafo y un cuaderno que irremediablemente evoca a un aula de colegio. Sin embargo, estás en la trastienda oculta de una de las coctelerías más exclusivas de Barcelona. La lección de hoy consiste en destripar, oler y entender qué demonios hay exactamente dentro de tu copa

El cliente no solo bebe; el cliente anota ingredientes, evalúa matices y registra descubrimientos botánicos como si llevara un cuaderno de bitácora. Es la carta de presentación de la Playroom, el recién inaugurado salón de juegos de Stravinsky’s Parfumerie.

Una hora y media de creación por 50 euros

Por 50 euros, esta experiencia inmersiva de hora y media —que incluye un cóctel de bienvenida y dos creaciones adicionales en formato de cata— obliga al visitante a dejar el esnobismo en la puerta y ensuciarse las manos.

"Respeto mucho a la gente que a sus espacios les pone nombre de laboratorio, pero nosotros aquí venimos a crear, a divertirnos y, un poco, a volver a ser niños", resalta a Consumidor Global César Montilla, bar manager y copropietario.

Una coctelería que se construye sobre una genial mentira 

Para llegar a este pupitre de mármol y acero, primero hay que atravesar una ilusión. Como ya desgranó este medio, el universo de Stravinsky’s Parfumerie se construye sobre la genial mentira de Grigori Stravinsky, un perfumista y alquimista ruso inventado por Enric Rebordosa y el Grup Confiteria.

Tras sortear el museo de farmacia antigua (cuyas piezas son auténticas en un 90%) y cruzar un speakeasy deslumbrante inspirado en el París de los años 20, un pasillo angosto rompe abruptamente la estética nostálgica en sepia. La Playroom es clínica, vanguardista y radicalmente transparente. Con capacidad para apenas doce personas, el espacio carece de barreras físicas entre el bartender y el público.

La maquinaria para hacer cócteles, al descubierto 

Centrifugadoras, máquinas de vacío para crear ósmosis y sofisticados rotavapors (evaporadores rotatorios que separan compuestos a baja temperatura) dominan la escena. La maquinaria, habitualmente escondida bajo llave en los sótanos de los grandes bares, aquí es el centro de atención. 

"Yo te explico lo que hace la máquina, pero habitualmente nunca la has visto. Aquí la idea es que cualquier persona pueda pasar, ver la maquinaria y los ingredientes", comenta Montilla mientras va preparando la primera bebida. 

Los diferentes ingredientes de las diferentes cuatro estaciones

De seis a ocho cócteles conforman un menú que muta cada tres meses: frutas y verduras para el verano, el ritual del té en otoño, especias y hongos en invierno y, ahora mismo (hasta el 21 de junio), el reinado primaveral de las hojas y las flores. En esta primera iteración, la carta ofrece versiones diseccionadas de clásicos como el Green Peas Martini, el Spring Negroni o el Bean Sour.

De repente, Montilla recuerda una anécdota en Asia, donde le sirvieron un cóctel de rambután, una fruta que jamás había probado en su estado natural. "¿Cómo vas a decir 'qué cóctel más cool', si no sabes qué coño es el ingrediente?", razona.

César Montilla, bar manager y copropietario de Stravinsky' Parfumerie / ANA CARRASCO

Por ello, la experiencia exige probar la materia prima antes de degustar la técnica. Montilla ofrece a Consumidor Global probar la borraja, una planta tratada casi como maleza, a la que hoy no se le da importancia. En la Playroom, a través de la temperatura y la técnica correcta, la borraja se redime, demostrando que en la alta hostelería rara vez hay malos ingredientes, sino malas ejecuciones.

Una trinchera para el paladar

La trastienda de Stravinsky’s Parfumerie no es el lugar para una primera cita ruidosa ni para alargar la madrugada. Es una trinchera para paladares curiosos. 

Sentarse en su mesa de mármol verde, con el cuaderno abierto, es aceptar el pago de 50 euros para que te enseñen los trucos del oficio mientras se degustan curiosos cócteles.