Laura Riñón, librera y escritora: "Reivindicación es vender libros sin hacer distinciones de género"
Hablamos de literatura con la dueña de la librería Amapolas en octubre, que nació en la novela homónima antes de abrir sus puertas en el barrio de Chueca de Madrid
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Amapolas en octubre, la novela, vio la luz en el otoño de 2018. Y, apenas unos meses después, como si de la segunda floración de esta bella flor se tratase, el sueño plasmado en las páginas del libro emergió de la ficción para hacerse realidad en la librería homónima, ubicada en la calle Pelayo número 60, en el barrio de Chueca (Madrid).
La autora de esta fantasía bicéfala es Laura Riñón, escritora, librera y, al inicio de esta charla, también entrevistadora.
--Laura Riñón: He visto que has publicado la novela Aunque ya no me leas, ¿la presentarás en Madrid?
--Teo Camino: Haré una presentación en el Cine Doré de la Filmoteca Española en junio, pero soy todo oídos.
--L.R.: Podríamos montar algo bonito en Amapolas en octubre.
--T.C.: Le tomo la palabra. Sería bonito presentarla en su librería, que nació antes en la ficción que en la realidad. ¿Cómo sucedió?
--Yo siempre soñé con tener una librería. Más que una librería, un hogar de libros en el que ser anfitriona, que es lo que me gusta ser aquí, pero no era posible. Y como no era posible, decidí crearla en la ficción y me inventé la librería de Jo, que es como se llama en la novela Amapolas en octubre (Editorial Espasa, 2016). Y dos años después decidí que había llegado el momento de sacar la librería de las páginas de la novela y convertirla en un lugar real.
--Sin duda, es una librería con alma de novela.
--Nace en una ficción y es muy bonito, porque entras aquí y la gente que ha leído la novela y conoce la historia repara en la máquina de escribir Olivetti del escaparate, que sale en la novela, en la butaca azul… Entras y dan ganas de conocer la historia. Es muy especial.
--Era un sueño que llevaba décadas gestándose en su imaginación… ¿Recuerda cuál fue la primera vez que pensó en abrir una casa de libros?
--Perfectamente. En mi veintidós cumpleaños, organicé una cena en casa con amigos y, además de leer, me gusta mucho el vino, y brindé por un día tener un hogar donde se juntaran escritores, lectores y la literatura.
--Brindado y hecho.
--Veintidós años después, vino un amigo que había estado en el brindis a la inauguración de Amapolas en octubre y me trajo veintidós rosas, por los años que habían pasado. Me hizo mucha ilusión que lo recordara porque a veces tiendo a vivir en una fantasía.
--¿Qué es lo que más le ha sorprendido del día a día de la librería?
--Lo más bonito es algo que no tuve en cuenta en la novela ni en mis planes a la hora de crear este lugar, que son los lectores. Son tan importantes que los llamamos amapolers y tenemos un día, el 15 de julio, que los celebramos a ellos. Es su día. Ellos han convertido Amapolas en octubre en su librería, en primera persona del plural. “Laura, aquí deberíamos hacer o deberíamos montar…”, me dicen. Hablan como si la librería fuese suya, y así es.

--Vuestras recomendaciones literarias se han hecho virales…
--Es un reflejo de nuestra personalidad como libreras y como personas. Desde que abrí, había una cosa que me daba mucho miedo, que era desviarme de mi foco y convertirme en una persona que no soy. Valoro muchísimo la autenticidad. Por supuesto, aprender y cometer errores, pero siempre manteniendo la esencia. Y desde el minuto uno empecé con los directos, donde defiendo los libros que tengo aquí. No por dar ejemplo ni nada por el estilo, sino por inseguridad, para recomendar los libros que conozco y ser honesta contigo.
--Realmente transmitís honestidad a los lectores. ¿Es este el secreto del éxito?
--Lo hacemos muy cercano y dinámico. Convertimos la literatura en algo que está aquí, que no es un lugar aburrido. Ahora se ve mucho más, pero cuando empecé con los directos sobre libros no existía ni TikTok. El secreto del éxito, sobre todo, es esa verdad que creo que desprendemos mi compañera Lana y yo, esa esencia nuestra que no quiero que discrepe entre lo que se muestra en redes sociales y lo que encuentras al entrar en la librería.
--¿Qué es lo primero que le preguntáis a un lector antes de hacerle una recomendación literaria?
--Hay una pregunta que antes hacía mucho y ahora hago menos. Después de la pandemia siempre preguntaba: ‘¿Qué tal? ¿Cómo estás?’. Y la gente no estaba bien. Entonces Lana me dijo: ‘Es que igual deberías dejar de preguntar a la gente como está, Jefi, y cambiar la pregunta’. Ahora mucha gente entra y te pide que le recomiendes algo. Fin. Y les preguntamos qué es lo último que han leído, qué les apetece leer, porque la lectura es un estado de ánimo e igual te apetece una novela corta, de amor, o te apetece un thriller, o tienes tiempo para un novelón… Depende. Vamos alternando y mezclamos el clásico, el libro de fondo, el contemporáneo, la novedad. Según el lector pida. Y si es alguien nuevo, intentamos conocer sus gustos preguntándole por los últimos libros que ha leído.
--¿Cuáles son los libros más vendidos de Amapolas en octubre en lo que va de año?
--Son La corresponsal (editorial VR Europa), de Virginia Evans, que es un libro que leí en inglés cuando todavía no estaba traducido. Es una novela epistolar deliciosa, de una gran belleza. Y luego Los nombres (Salamandra), de Florence Knapp. Las dos son primeras novelas. Y Madonna no nació en Wisconsin (Galaxia Gutenberg), de Natalia Moreno, que también es una primera novela, no había caído. Una maravilla de novela de una autora de 46 años. Soy muy fan de las escritoras que publican su primera novela a una edad más o menos avanzada, que parece que si no publicas tu primera novela a los veinte años no es tan espectacular. Estas mujeres tienen una vida, observan, leen, escriben y publican esa historia que les sacude. La madurez se nota mucho en un texto cuando tienes unos años vividos.
--Tres primeras novelas de tres mujeres en los tres primeros puestos. ¿Qué parte de reivindicación hay en ese gusto de los lectores?
--Es pura casualidad en este caso. Igual me preguntas en diciembre y te digo tres hombres. Yo no diferencio. Creo que la mejor reivindicación es vender libros y no hacer hincapié en que son escritos por mujeres. Creo que, a veces, el repetir tanto que son escritos por mujeres se vuelve contraproducente. Yo sería amiga de los editores que decidieran publicar con iniciales y ya está. No creo que existan novelas para mujeres y novelas para hombres. No creo en la diferencia de género a la hora de crear, ya sea literatura, arte o cine. En la pared que tengo en la librería con los cuadros colgados están Paul Auster, Manuel Vicent, Sam Shepard, Hemingway, Capote... No diferencia, aunque es cierto que de un tiempo a esta parte se está publicando, quizás, a más mujeres que a hombres. Y no quiero decir que esté mal, pero a veces intentamos recuperar el tiempo perdido de aquello que no se publicó antaño. Al final, hay que publicar buena literatura, esté escrita por quien esté escrita.
--¿Celebráis el Día del Libro?
--En Amapolas en octubre todos los meses celebramos algo. Si no hay un evento en el calendario, nos lo inventamos. En la Semana del Libro, porque ya no es el Día del Libro, en Madrid se celebra la Noche de los Libros y se hacen eventos por toda la ciudad. Siempre nos apuntamos, aunque en Amapolas siempre hemos ido un poco por libre. Hacemos las cosas que nos apetece hacer. Regalamos un clavel rojo que es el símbolo de Madrid con la compra de un libro. Siempre hacemos cosas para los lectores. Este año celebraremos el libro Stoner, de John Williams, del que he tenido la suerte de escribir el prólogo de la última edición, que ha salido ahora. Stoner es uno de mis personajes de ficción favoritos.
--Amapolas en octubre siempre sorprende a los lectores con algún giro argumental.
--Esto es un hogar precioso. Amapolas en octubre no es ejemplo de nada, pero es la prueba de que puedes hacer las cosas siendo fiel a tu criterio y filosofía de vida. Cuando abrí la librería, muchos me criticaban por no tener todos los libros y no tener libros comerciales. Me decían que así no podría sobrevivir, y llevo ya siete años en los que he logrado sobrevivir y crecer con lectores que vienen de todas las partes de España y del extranjero gracias, en parte, a nuestras redes sociales, que son una ventana al mundo. Seguimos teniendo solamente los libros en los que creemos. Y no quiero decir que castiguemos a otros libros porque nos parezcan malos, simplemente hay un espacio físico que es el que es y nos gusta leer y saber lo que tenemos. Se puede defender tu filosofía, cuesta un poco más de esfuerzo, pero claro que se puede.


