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José María Fachado, ciberexperto: "El caso Andic recuerda que estamos rastreados todo el tiempo"

El director técnico de i3e analiza cómo la investigación de la muerte del que fuera fundador de Mango ha llevado a muchos a descubrir hasta qué punto su móvil o su coche registran información sobre su vida cotidiana

Ana Carrasco González

Jonathan Andic, el hijo del fundador de Mango, declara ante el Juzgado de Instrucción 5 de Martorell, Barcelona / EP

La muerte de Isak Andic, ocurrida en diciembre de 2024 durante una excursión en Montserrat junto a su hijo Jonathan, fue considerada inicialmente un accidente. Sin embargo, la investigación judicial fue reabriéndose a medida que aparecían contradicciones en los relatos, nuevas periciales y, sobre todo, evidencias digitales relacionadas con desplazamientos, comunicaciones y datos de localización. Entre las diligencias ordenadas por la jueza figuran análisis de registros telefónicos, historial de llamadas y datos de geolocalización de dispositivos y vehículos.

En las últimas semanas, el caso ha vuelto a ocupar titulares por el peso que están adquiriendo esos rastros tecnológicos. La investigación examina desde la ubicación de teléfonos móviles hasta los movimientos registrados por vehículos y otros dispositivos conectados, provocando una pregunta que va más allá de este procedimiento judicial: ¿somos realmente conscientes de la cantidad de información que generamos y dejamos almacenada cada día?

El testigo más implacable de un juicio

El caso Andic ha recordado cómo la tecnología puede desmontar, minuto a minuto, la versión de un investigado. Los datos de geolocalización de los vehículos y las triangulaciones de las antenas de telefonía móvil han arrojado una luz irrefutable sobre el caso, demostrando que nuestros movimientos diarios quedan grabados. 

Para desentrañar los límites técnicos y legales de este rastreo constante, Consumidor Global conversa con José María Fachado, director técnico de i3e y experto en ciberseguridad. A través de su mirada, analiza cómo los dispositivos más inocuos de nuestro día a día —desde un teléfono inteligente hasta una aspiradora inteligente— se han transformado en los mejores investigadores de cualquier escena del crimen.

--Pregunta: ¿Cree que los ciudadanos son plenamente conscientes de la cantidad de datos de localización que generan?

--Respuesta: No, no. De los datos que se generan a diario somos totalmente inconscientes. En el caso Andic, por ejemplo, hay que entender algo muy sencillo: un coche moderno de gama media ya almacena en su interior dónde estás en cada momento, la velocidad, la inclinación o la altura. Lo almacenan todo y puede ser consultado.

José María Fachado, director técnico de i3e / CEDIDA

--P: ¿Cómo nos rastrea exactamente el teléfono incluso si creemos tener la ubicación desactivada?

–R: Un teléfono móvil es como un pequeño ordenador y mide diferentes variables a la vez. La primera y más importante es la red móvil. Al tener cobertura con nuestro operador, la comunicación con las diferentes antenas permite triangular la posición.

--P: ¿Aún desactivando la ubicación?

--R: En el teléfono queda registrado que la has desactivado. Eso genera un hueco en el tiempo, una inconsistencia que indica manipulación de datos. Además, al llamar, el móvil se comunica con varias antenas a la vez, lo que permite triangular con una exactitud de entre 5 y 10 metros en ciudad, y de 100 a 500 metros en zonas rurales. El 90% de las aplicaciones que nos descargamos incluyen un rastreo que va directo a la nube.

--P: ¿Dónde se almacenan físicamente todos estos historiales de ubicaciones?

--R: El 80% u 85% de esos datos quedan registrados en la nube de cada proveedor: Apple, Samsung, Huawei, etc. Cuando cogemos un teléfono nuevo o instalamos una aplicación, tenemos que aceptar una serie de condiciones, y el 90% de la gente le da a "siguiente, siguiente, siguiente". 

--P: Y, ¿quién tiene la capacidad legal y técnica para acceder a ellos?

--R: La Ley de Protección de Datos a nivel europeo indica que nosotros tenemos el derecho de acceso y modificación burocrática de esos datos. Asimismo, un juez puede solicitar, bajo mandamiento judicial, el acceso directo a todos esos datos a los proveedores del servicio.

--P: En una investigación, ¿es posible reconstruir con precisión dónde estuvo una persona varios años antes, o existe un límite técnico?

--R: Dependiendo de la capacidad del dispositivo, se pueden reconstruir cinco, seis, ocho o diez años de movimientos. En las investigaciones judiciales se intenta abarcar absolutamente todo lo posible. A nivel legal, se le puede solicitar a un operador lo que ha almacenado durante cinco años; más allá de eso no deben guardarlo.

--P: En el caso de Marta del Castillo se recuperaron datos de 2009.

--R: En el caso de Marta del Castillo se recuperó el teléfono y se extrajeron los datos cruzándolos con las antenas. En el crimen de la Guardia Urbana, aunque los autores eran agentes de la ley y tomaron precauciones, las antenas los situaron en los puntos clave: la casa y el bosque. Cruzando todos los datos se sabe el recorrido exacto con mucha exactitud.

Una persona repara un teléfono móvil / PEXELS

--P: Supongo que habrá margen de error, ¿no?

--R: El margen de error de un GPS es de unos cinco metros, y el de un coche es incluso menor. Las antenas de telefonía móvil varían: en ciudad, al haber más densidad, el margen es de 5, 10 o 15 metros; en una zona rural como Montserrat, sube a entre 100 y 500 metros. Para entenderlo de forma sencilla: una antena de telefonía te dice en qué calle estás, pero el GPS te dice en qué esquina exacta te encuentras.

--P: ¿Existe el riesgo de que se otorgue demasiado peso a la evidencia digital y se construyan conclusiones erróneas a partir de datos mal interpretados?

--R: Interpretar los datos es crucial y se pueden generar hipótesis erróneas. Pero es mucho más fácil ejecutar una hipótesis correcta. Si las antenas de telefonía dicen que estás en Montserrat y tu teléfono dice que estás en Barcelona en ese mismo instante, algo no cuadra.

–P: ¿Qué hipótesis se extrae de ahí? 

--R: Pues muy sencilla: que se ha apagado o manipulado la geolocalización del teléfono. Pero la antena de telefonía móvil no te va a mentir. Un actor que no tiene interés en el caso te sitúa en un lugar, y modificar esos datos de la red es prácticamente imposible. Al final es un compendio; si todos los datos cuadran, es muy difícil que la hipótesis sea errónea.

--P: Aunque el dispositivo muestra una ubicación concreta, ¿cómo se verifica científicamente que era realmente esa persona quien llevaba el móvil?

--R: Ese detalle es vital: en todo momento hablamos del dispositivo, nunca de la persona. Si tú te quedas en Barcelona y me dejas tu coche y tu móvil para irme a Montserrat, los datos generados serán los tuyos. Sin embargo, hacer eso demuestra una intencionalidad de ocultación de datos que los investigadores valoran y huelen rápido. No es habitual dejar el coche y el teléfono a otra persona. Al final, la geolocalización no se sostiene sola: se contrasta científicamente con testigos, acciones y cámaras de seguridad para demostrar quién llevaba el terminal.

--P:¿Se han convertido los nuevos dispositivos cotidianos (relojes inteligentes, altavoces, electrodomésticos conectados) en los mejores testigos judiciales?

--R: Totalmente. Y esto ocurre por el desconocimiento que tenemos de lo que aceptamos. Los coches de gama media hacia arriba ya son como cajas negras de aviones; un investigador se conecta y saca la velocidad, el punto exacto, el trayecto, los tiempos, la altura o si ha habido frenazos y acelerones. Toda nuestra vida diaria queda registrada en los dispositivos.

--P: ¿Se puede decir que estamos realmente todo el día rastreados?

--R: Sí, en cada momento y en cada segundo. El caso Andic recuerda que estamos rastreados todo el tiempo. Es así. Y el motivo por el que estamos tan localizados es totalmente económico. Cuando cedemos los datos de ubicación a una aplicación, el fabricante los vende de forma estadística. Si una empresa quiere saber cuántas personas hay en un centro comercial a una hora concreta, compra esos datos.

Una antena de telefonía / PEXELS

--P: Si se le pide a una aplicación que no rastree a través de las opciones del sistema, ¿realmente lo cumple?

--R: Si se lo pides, no te debe rastrear. Si lo hace, se puede investigar y las marcas se enfrentan a multas gigantescas. La normativa de la Unión Europea es extremadamente estricta, a diferencia de Estados Unidos, y las sanciones arrancan en los 600.000 euros. Meta y Google ya han recibido multas millonarias por ceder o vender datos bajo otras prestaciones económicas. Es bastante habitual; no hay un año en el que no se sancione a una gran tecnológica por un tratamiento de datos erróneo.