Alguien intenta entrar en una videollamada y el ordenador se congela. "Tengo que actualizar Teams", dice uno. "Zoom me pide que me registre otra vez", suspira otro. Mientras tanto, en algún lugar de un servidor en Estados Unidos, los metadatos de esa conversación –quién habla, desde dónde y por cuánto tiempo– pasan a formar parte de un océano de información bajo jurisdicción norteamericana.
Durante la pandemia, empresas e instituciones europeas migraron en masa a plataformas como Zoom, Microsoft Teams o Google Meet. Esta conveniencia trajo consigo una concesión legal: la sumisión a las leyes de vigilancia de Estados Unidos. Sin embargo, lejos de los campus futuristas de California, existe una alternativa europea con sede en Barcelona que lleva operando en la sombra desde 2003.
Se trata de Digital Samba. Su directora de desarrollo de negocio, Nina Benkotic, afirma que su misión es que tus videollamadas sean, de verdad, asunto tuyo.
Miedo al "Gran Hermano": Europa contra la Cloud Act de Estados Unidos
"Somos una alternativa de videoconferencia totalmente alojada en Europa, sin registro obligatorio, sin rastreo y sin rollos de Gran Hermano", explica Nina Benkotic a Consumidor Global. "La diferencia fundamental está en la seguridad y la privacidad, precisamente por ser una empresa europea", subraya.
A un usuario europeo, al utilizar plataformas estadounidenses, no siempre se le garantiza el pleno cumplimiento del Reglamento General de Protección de Datos. "Sus datos quedan potencialmente expuestos a la Cloud Act de Estados Unidos", señala. Esta normativa permite a las agencias federales norteamericanas exigir información a sus empresas tecnológicas, con independencia de dónde se encuentren físicamente los servidores. "Si el Gobierno de Estados Unidos quiere acceder a nuestros datos, estas compañías están obligadas a entregarlos. Nosotros, como empresa española, no tenemos que proporcionar nada al Gobierno estadounidense", concluye.
¿Por qué nunca había oído hablar de Digital Samba?
La historia de la empresa tiene ese encanto de las cosas hechas a fuego lento. Se fundó hace 23 años en Barcelona, mucho antes de la existencia de Skype o del iPhone. "No somos Big Tech, ni de lejos", admiten desde la compañía. "Somos ingenieros, no marketers. Además, somos autofinanciados: sin inversores y sin campañas llamativas. Hemos crecido de manera lenta y sostenible, lo cual tiene ventajas y sí, también algunos inconvenientes de visibilidad", explican.
Esa falta de inversores externos presionando por el crecimiento rápido les permite un lujo impensable para sus rivales: la ética por encima del beneficio rápido. Su producto para el consumidor final elimina las fricciones habituales del software corporativo: no requiere instalación, no exige registro y, crucialmente, no realiza rastreo de usuarios. La infraestructura reside íntegramente en Europa, garantizando cifrado de extremo a extremo (E2EE) y cumplimiento normativo estricto.
Es gratis, sin trucos
Al entrar en su web, la oferta parece sospechosa para el consumidor cínico actual: videollamadas ilimitadas, gratuitas, sin límite de tiempo y sin vender datos. ¿Dónde está la trampa? En un mundo donde lo "gratis" suele significar "tú eres el producto", Digital Samba insiste en que no hay truco. "No vendemos datos, no metemos publicidad, no perfilamos usuarios", aclara Benkotic.
El sostenimiento económico proviene de su división B2B: Digital Samba Embedded. Este producto, dirigido a desarrolladores, permite integrar su API de vídeo en aplicaciones de telemedicina, educación o administración electrónica, sectores donde la privacidad no es un lujo, sino una obligación legal. "Nuestro modelo de negocio es B2B; ganamos dinero con empresas que necesitan nuestro producto de pago", señala la empresa.
Psicólogos, desarrolladores web y docentes valoran a Digital Samba
Psicólogos, desarrolladores web, ingenieros, diseñadores y docentes ofrecen la valoración de Digital Samba. "Funciona de maravilla. Sin complicaciones, sin cuenta, cifrado… ", celebra Toine O., psicólogo. "Llevo un tiempo usando Digital Samba, en distintos ordenadores, móviles, llamadas cortas, largas (de horas), compartiendo pantalla… y simplemente funciona. Una herramienta fantástica, sencilla y clara. La calidad es perfecta", coincide Bjarne O., desarrollador web.
Una cuestión de elección
Desde Digital Samba no buscan derribar a Microsoft mañana, pero sí ofrecer un refugio. "Crecemos cada vez más rápido", confiesa Benkotic al final de la entrevista con Consumidor Global. "La gente simplemente lo está compartiendo", añade.
Tal vez sea porque, después de años de videoconferencias fatigosas y términos de servicio ilegibles, el usuario está empezando a valorar algo más que la gratuidad: la libertad de saber que, cuando cierras la ventana del navegador, la conversación se termina de verdad. Sin "orejas" al otro lado del Atlántico.