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Desmontamos los mitos de Olimpro, el nuevo helado proteico: "Su consumo diario es un problema"

La marca, fundada en 2018 por los hermanos Pablo y Álvaro Valladares, da el salto a los supermercados este abril gracias a las ventajas calóricas de su producto, sin embargo, nutricionistas aclaran varios puntos

Ana Carrasco González

Varias tarrinas de helado proteico OLIMPRO

Bajo etiquetas limpias, palabras como "proteico",  "sin azúcares añadidos " o  "bajo en calorías", Pablo y Álvaro Valladares venden su marca Olimpro como un helado que se puede comer todos los días sin remordimientos. Su lema: Every Day Ice Cream.

Consumidor Global ha querido ir más allá del envase. Ha hablado con sus creadores, ha catado sus sabores estrella y ha puesto sus ingredientes bajo el juicio de los nutricionistas. ¿Existe realmente el milagro calórico o estamos ante una nueva pirueta del marketing?

Llevan Olimpro a los supermercados

Pablo y Álvaro, hijos de un maestro heladero, decidieron continuar el oficio de su padre. Eso sí, de una manera un tanto distinta. Un día, los dos hermanos se preguntaron por qué no existía un helado que pudieran comer todos los días sin sentir que estaban rompiendo una dieta saludable. Lejos de ser una pregunta retórica, en 2018 dieron con la respuesta y crearon Olimpro, un helado proteico artesanal, despojado de su estigma de pecado, que busca reconciliar el placer con la nutrición. 

"Nos hemos posicionado en un hueco que entendíamos que nadie ocupaba: justo a mitad entre lo indulgente y lo saludable. Ni somos cero calorías ni somos un millón de calorías", confiesa Pablo Valladares a este medio en pleno frenesí por su inminente llegada a las grandes superficies este mismo mes de abril.

La fiebre de lo "proteico"

El auge de productos high protein forma parte de una tendencia global que ha colonizado supermercados y hábitos de consumo. En España, estos productos viven un crecimiento sostenido, impulsado por la asociación —a menudo simplista— entre proteína y salud. 

No obstante, diversos expertos advierten que enriquecer un alimento con proteínas no lo convierte automáticamente en saludable. De hecho, muchos de estos productos son ultraprocesados diseñados para ser atractivos al paladar mediante aditivos y reformulaciones industriales. 

Multiplicar por diez la producción

Tras facturar 400.000 euros en 2025, Olimpro proyecta alcanzar los 1,5 millones este 2026. Acaban de cerrar una ronda de financiación de 300.000 euros para multiplicar por diez su capacidad productiva, manteniendo su centro de operaciones en Sevilla y utilizando materias primas de la tierra, como la miel de Doñana. 

El argumento de venta es claro: evitar el azúcar refinado y los polialcoholes (como el maltitol) que suelen inflar y causar malestar estomacal en otros productos similares. Sin embargo, el lema de Olimpro (Everyday Ice Cream) se cae, según las nutricionistas consultadas por este medio. 

La miel se comporta como el azúcar 

Marina Diana Pérez, profesora de los Estudios de Ciencias de la Salud de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), es tajante al analizar la etiqueta: "En ningún caso podemos considerar su consumo diario. Están empleando miel como endulzante y, al final, la miel se comporta fisiológicamente exactamente igual que el azúcar".

El equipo de Olimpro presume haber esquivado el azúcar blanco, pero la profesora de la UOC desmitifica este cambio. "La miel, en un 98%, son carbohidratos en forma de monosacáridos como fructosa y glucosa. Por tanto, la miel es azúcar. Están obviando la palabra por el impacto popular negativo, pero creyendo que convencerá más a la población, cometen un grave error de interpretación", explica la nutricionista.

Si bien Marina Diana reconoce que el helado aporta fibra gracias a las fibras prebióticas añadidas (4,1 gramos por cada 100 gramos), advierte que esto no justifica su ingesta habitual. "Esa fibra la puedes obtener de alimentos de consumo regular como frutas, verduras y legumbres, de forma mucho más barata y saludable. Estamos ante un alimento ultraprocesado y su consumo debe ser para momentos puntuales", concluye.

Irregularidad en la denominación legal

Beatriz Robles, tecnóloga de alimentos y dietista-nutricionista, detecta una irregularidad inmediata en cuanto a la denominación legal. "Lo primero que me llama la atención es la denominación de venta de helado de leche semidesnatada. Si acudimos al Real Decreto 618/1998, que establece las normas que deben cumplir los helados, esa clasificación legal no existe. Tienen que adherirse a helado crema, helado de leche o helado de leche desnatada", apunta.

Más allá del tecnicismo legal, Robles advierte del peligro de juzgar un producto solo por la suma de sus partes. "Menos malo no quiere decir mejor. ¿Es menos malo porque tiene menos grasas saturadas y menos azúcares? Sí. Pero cometemos un error básico si pensamos que por tener más proteína o fibra ya es un buen alimento. Tenemos que ver toda la matriz alimentaria", señala. "Si hablamos de un consumo diario, tendríamos un problema, porque estaríamos sustituyendo alimentos que sí deberían ocupar ese puesto como postre, como la fruta o un yogur natural sin azúcar".

Álvaro Valladares y Pablo Valladares comiendo Olimpro / CEDIDA

La cata de Consumidor Global 

La teoría nutricional está clara, pero un helado debe enfrentarse a la prueba de fuego del paladar. En nuestra redacción probamos los sabores de crema de leche (estilo Kinder Bueno) y el mediático chocolate Dubái.

Nuestro ganador es el sabor "Kinder", pues está mucho más conseguido y balanceado en boca. El Dubái resulta excesivamente lechoso y la presencia del pistacho queda diluida en la boca. No hay demasiado sabor a chocolate. 

Bajo el juicio de este medio, ambos dejan un retrogusto metálico persistente en el paladar (un efecto frecuente cuando se combinan edulcorantes como la sucralosa con altas cargas de proteína de suero). Además, la inclusión de bloques duros (como las tiras de pistacho en el de Dubái) entorpece la textura cremosa sin aportar un valor real a la experiencia.

Cumple al tener menos calorías que un helado tradicional

Durante la cata, uno de nuestros probadores se escandalizó al leer lo que creía que eran 557 kcal por 100 gramos, exclamando que tenía "más calorías que un McFlurry". Se trata de un error común de lectura del consumidor.

La etiqueta marca 557 kJ (kilojulios), lo que equivale a 138 kcal (kilocalorías) reales por cada 100 gramos. Para ponerlo en contexto, un helado tradicional de chocolate suele rondar entre las 250 y 300 kcal. Olimpro cumple su promesa de ser más ligero. 

Chocolate Dubái (por 100g): 

  • Energía: 138,8 kcal/577kJ
  • Grasas (saturadas): 3,8 g (1,3g)
  • Azúcares: 6,5 g
  • Proteína: 10,8 g
  • Fibra: 4,1 g

Crema de avellanas: 

  • Energía: 138,0 kcal/577kJ
  • Grasas (saturadas): 3,8 g (1,3g)
  • Azúcares: 6,5 g
  • Proteína: 11,2 g
  • Fibra: 4,1 g

El veredicto de Consumidor Global

Es cierto que los hermanos Valladares han logrado crear un producto que, sin duda, representa una alternativa más ligera y rica en proteínas frente a las opciones tradicionales plagadas de azúcares refinados. Su crecimiento y su próximo desembarco en supermercados este abril son el reflejo del trabajo duro y de entender a un consumidor que busca constantemente el equilibrio.

Sin embargo, el marketing tiene un límite. Llamarlo un producto de "consumo diario" es una licencia poética que la salud no perdona. Un helado —incluso uno endulzado con miel de Doñana, artesanal y proteico— sigue siendo un alimento superfluo, un ultra procesado para disfrutar ocasionalmente.