Los Rodolfos de Nueva Pescanova son los langostinos más populares de España, seguidos por los de la marca blanca de Lidl (Ocean Sea) y los de El Corte Inglés. Pero ¿de dónde vienen estos crustáceos de la especie Penaeus vannamei? ¿De la costa gallega? ¿De la de Andalucía, tal vez?
Negativo. La mayoría de langostinos que compramos en los supermercados procede de la acuicultura intensiva de Ecuador. Tanto es así, que España importa más langostino del total que se pesca y se cría en el conjunto de la Unión Europea (UE).
El langostino que comes en España destruye la costa de Ecuador
El Observatorio de Bienestar Animal (OBA), en colaboración con Protección Animal Ecuador, presenta hoy el informe internacional Cheap Shrimp, High Costs, una exhaustiva investigación científica elaborada por la organización Foodrise que revela el severo impacto ambiental, climático y laboral oculto tras el consumo masivo de langostinos en Europa y, en particular, en España.
Este documento desvela que nuestro país se ha convertido en el principal motor europeo de esta industria. Además, la fortísima demanda ha generado un modelo acuícola que ya ha provocado el colapso de hasta el 90% de los manglares en algunas zonas de la costa ecuatoriana y mantiene a un 63% de sus trabajadores en condiciones de máxima precariedad laboral.
El consumo de langostino en Europa
El langostino se ha consolidado como un alimento básico, barato y de acceso diario en los supermercados y cadenas de restauración españolas.
Sin embargo, los consumidores permanecen ajenos a esta cruda realidad: en Europa se consume tres veces más langostino de granja intensiva ecuatoriana que el salvaje capturado por las flotas pesqueras comunitarias.
El mayor productor y exportador mundial
En los últimos años, Ecuador se ha erigido en el mayor productor y exportador mundial de este crustáceo, alcanzando en 2025 una facturación de 8.400 millones de dólares y superando por primera vez al petróleo crudo como el principal motor económico de su estructura nacional.
No obstante, este crecimiento exponencial, que ha escalado de las 40.000 toneladas en el año 2000 a un estimado de 1,2 millones de toneladas en la actualidad, se encuentra fuertemente concentrado en apenas dos corporaciones exportadoras (Pesquera Santa Priscila y Songa) que acaparan un tercio de todo el valor del sector, dejando tras de sí una degradación insostenible en los ecosistemas locales. En el ranking de los diez mayores exportadores de langostinos de Ecuador se encuentra Promarisco, empresa filial del gigante pesquero español Nueva Pescanova, en sexta posición.
Piensos y huella de carbono
De acuerdo al informe, el 80% del impacto ambiental de la industria camaronera viene derivado de la producción de pienso para la cría de langostinos. Y depender de la soja y harinas de pescado para la producción de dichos piensos conlleva que se disparen las emisiones de CO2.
En concreto, una sola porción de 100 gramos de langostino de cultivo genera 18 kilogramos de emisiones de CO2, más que el equivalente de vacuno lechero medio (17 kg CO2), lo que convierte al langostino de cultivo en el tercer sistema alimentario más nocivo en emisiones, sólo por detrás de la carne de vacuno y el cordero.
Un consumidor informado
Ante la gravedad de estos hallazgos, Míriam Martínez, directora de Bienestar Animal en el OBA, advierte de que "es inadmisible que el langostino que se consume a diario en España se sustente sobre la destrucción de las costas de Ecuador. Las empresas que los ponen al alcance de los consumidores deberían ser transparentes para que sus clientes puedan realizar compras con toda la información".
Y añade: "La ciudadanía tiene derecho a saber que el precio sumamente bajo de este producto se está pagando con destrucción ecológica y precarización laboral en otros países; no podemos seguir externalizando nuestro impacto ambiental sin asumir ninguna responsabilidad corporativa ni ética".