Hasta ayer, esta esquina de la Rambla de Cataluña pasaba casi desapercibida. La tienda de Lindt llevaba abierta desde inicios de verano —el peor momento del año para vender chocolate, admiten con una sonrisa desde la propia compañía— sin pena ni gloria. Hoy, en cambio, lo primero que encuentra quien camina por la acera es una alfombra roja tendida frente al número 85.
Mónica Santiago, directora de la tienda, corta la cinta pasadas las once. Detrás están Marcos Ponce, consejero delegado de Lindt & Sprüngli para España y Portugal, y Ana Martínez, directora de retail de la compañía en Iberia. Tras el acontecimiento, me adentro en los 170 metros cuadrados de tienda que la marca suiza presenta como su boutique más grande y exclusiva, y la única con terraza, de España.
El nacimiento de Lindt en Barcelona
Lindt no es una marca cualquiera en el mundo del chocolate: 180 años de historia, sede en Zúrich, doce fábricas entre Europa y Estados Unidos, unos 620 puntos de venta propios repartidos en 41 filiales y una red de cerca de un centenar de distribuidores. El grupo, que emplea a unas 15.500 personas, cerró 2025 con una cifra de negocio cercana a los 5.920 millones de francos suizos (unos 6.300 millones de euros). Desde 2008 mantiene, además, un programa propio de abastecimiento responsable de cacao, su materia prima más sensible.
Nada de esto, sin embargo, explica por qué esta tienda en concreto importa tanto a la compañía. “En esta misma ubicación abrimos la primera boutique en Barcelona con muchísimo cariño, hace ya diez años”, explica Martínez, que señala que la Rambla Cataluña es “uno de los mejores ejes comerciales de Barcelona”. Sin embargo, el local original apenas sumaba 45 metros cuadrados. “Se nos quedó un poquito pequeña. Necesitábamos dar una experiencia mucho más elevada", resume.
La isla de bombones Lindt
Dentro, el espacio es amplio y luminoso, pensado para que el cliente se detenga. La isla de Pick & Mix ocupa un lugar central y es, según la propia compañía, una de las partes más valoradas por el consumidor gracias a la posibilidad de personalizar la selección. “Aquí mezclamos la gama básica Lindor con las nuevas especialidades que hemos traído este año: Salted Caramel, Cinnamon Roll, que es la nueva sensación de estas Navidades. Es de las más grandes que hay, súper bonita”, presume Santiago.
A un lado, el llamado Chocolate Bar añade un componente casi teatral con recetas se elaboran delante del cliente, a la vista de todos. El local es vistoso, ordenado, cálido en su diseño, pero con poquísimo olor a chocolate.
Y luego está la terraza, la pieza que la propia Ana Martínez señala como la gran novedad — “esto es bastante inaudito”—. Tiene 50 metros cuadrados instalados en plena Rambla, algo que ninguna otra boutique de la red Lindt en España y Portugal tiene.
La terraza busca todavía clientes
No obstante, pese a ser uno de los elementos estrella de la inauguración, la terraza de Lindt es, al menos entre semana, una de las que presenta menos actividad de toda la Rambla de Cataluña. Lo he podido comprobar este verano en varias ocasiones. Cada tarde que he pasado por allí a las seis, coincidiendo con la hora punta de la merienda, El Fornet estaba lleno, el restaurante Mar i Terra presentaba una notable afluencia y, en las mesas de Lindt, apenas había una pareja de turistas extranjeros.
“En invierno esperamos que se llene la terraza. La gente no está acostumbrada a venir a una tienda de chocolate a tomar algo. No queremos que esto sea un take away”, comenta Martínez.
El chocolatero David Pallàs
Vinculado a Lindt desde 2002, el chocolatero David Pallàs es, con diferencia, quien más tiempo lleva viendo evolucionar esta esquina de Barcelona. En su empeño por renovar la carta, ha decidido abrazar las costumbres locales incorporando, por ejemplo, los churros con chocolate Lindt fundido. “Entramos en el mundo de los churros y en Suiza dijeron: '¿Cómo?'”, relatan desde la compañía entre risas, evidenciando el simpático choque entre la ortodoxia helvética y la merienda más castiza.
Asimismo, Pallàs destaca la creación de una receta de gofre “que no huele”, según explica, “para que no entorpezca el olor a chocolate” de la tienda.
La boutique de Lindt más grande de España y con la única terraza en el mundo ya está abierta. Falta que la Rambla se entere.
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