Hay productos que forman parte del imaginario veraniego y una bolsa de cubitos en el carro de la compra es uno de ellos. Aparece para una barbacoa, una reunión en casa, una nevera portátil o simplemente para mantener fría una bebida. Parece un producto sencillo, casi elemental: agua congelada dentro de una bolsa. Pero detrás hay fábricas, máquinas de congelación, almacenamiento, transporte y una planificación que debe adelantarse a los meses en los que más se consume.
Los datos de Circana muestran la dimensión que ha adquirido este mercado. Entre junio de 2025 y mayo de 2026, las ventas de hielo en los canales minoristas alcanzaron los 118,68 millones de euros y 232,92 millones de kilos, un 26,1% y un 18,3% más, respectivamente, que en los doce meses anteriores. El precio, medido a volumen constante, ha aumentado un 10,1%.
El hielo tiene su temporada alta
Alrededor del 60% del volumen de ventas de hielo en España se concentra entre junio y septiembre, según Procubitos Europe, uno de los principales fabricantes del sector. Es el periodo en el que aumenta la demanda de bebidas frías, terrazas, reuniones y actividades al aire libre.
Sin embargo, más calor no significa necesariamente más hielo. Fernando Plazas, director ejecutivo de Procubitos Europe, sitúa entre los 24 y los 31 grados la franja de temperaturas más favorable para el consumo en España. "Cuando estamos a 40 grados, el consumo no se dispara y baja bastante la demanda porque a esas temperaturas los españoles no salimos a la calle ni ocupamos terrazas", explica.
¿Cuánto cuesta realmente una bolsa?
No existe un único precio para el hielo. Cambia según el establecimiento, la marca, el formato y el tipo de producto.
Normalmente, el precio para una bolsa de dos kilos va de 1,15 euros a 1,50 euros (unos 47 céntimos el kilo). Aunque hay algunos casos, como la marca Cuber, cuya bolsa sube a 2,15 euros. El hielo para cocktail, en cambio, es más caro y el kilo cuesta aproximadamente 75 céntimos.
No es sólo agua metida en un congelador
La materia prima es sencilla pero fabricar hielo alimentario a escala industrial requiere controlar el proceso. El Código Alimentario Español establece que el hielo destinado al consumo debe elaborarse a partir de agua potable y contempla distintos tipos de hielo según el procedimiento utilizado para su congelación. Entre ellos figuran el hielo mate u opaco, el claro o semitransparente y el cristalino.
Según Cubers, la velocidad de congelación, la pureza del agua y la dirección en la que se produce el enfriamiento influyen en su aspecto y estructura. A diferencia de la congelación doméstica, los sistemas industriales permiten controlar las condiciones en las que se forma el hielo para obtener piezas más compactas y con unas características determinadas. “Este proceso evita la formación de burbujas de aire y garantiza cubitos más compactos y cristalinos, que además duran más tiempo sin derretirse”, sostienen.
Diferentes tipo de hielo
El tamaño y la forma también forman parte del producto. Procubitos Europe señala que fabrica distintos tipos de hielo, desde el cubito tradicional hasta piezas de mayor tamaño y las denominadas ice balls.
La empresa afirma que su capacidad productiva conjunta supera las 800 toneladas diarias en sus plantas europeas. Plazas explica que en España gusta "un hielo bueno, sólido y grande, que no se derrita en la copa”, una cultura que su firma intenta exportar al resto de Europa, donde se utilizan "cubitos de hielo muy pequeñitos que se deshacen inmediatamente".
La fabricación comienza antes de verano
Una de las particularidades de esta industria es que el producto tiene que estar preparado antes de que llegue el momento de mayor demanda. Según Procubitos Europe, en julio y agosto se fabrica menos hielo del que se demanda, por lo que una parte del producto que se vende durante esos meses tiene que haberse producido y almacenado previamente.
El sector ya vivió un problema de suministro en 2022. Aquel año coincidieron en la recuperación de la actividad tras la pandemia. "La gente se lanzó a la calle y hubo temperaturas altas en abril y mayo, lo que impidió almacenar para la temporada de verano", matiza Planas. La empresa asegura que la demanda ha evolucionado en 2026 de acuerdo con sus previsiones y que ha tenido tiempo y capacidad para preparar el producto de los meses centrales del verano.
Un mercado que vale más de 118 millones
El crecimiento del hielo no se aprecia sólo en las bolsas que salen de los supermercados. Los datos de Circana apuntan a un incremento del 18,3% en el volumen vendido en los canales minoristas entre junio de 2025 y mayo de 2026, hasta 232,92 millones de kilos. El valor de las ventas creció más: un 26,1%, hasta 118,68 millones de euros.
Una bolsa de uno o dos kilos puede parecer una adquisición menor, pero multiplicada por millones de kilos y concentrada durante los meses de mayor demanda acaba formando un negocio de tamaño considerable. El verano no sólo cambia lo que bebemos, también convierte algo tan básico como el agua congelada en un producto con una cadena industrial propia, una logística específica y un mercado que, al menos en el comercio minorista, sigue creciendo.
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