Existen infinitas maneras de ver, de sentir y de enamorarse. A Marcos Martín Blanco y Elena Rueda, fundadores de la segoviana Casa MER, el “gusanillo” se lo despertó Gerardo Rueda a finales de los años 70, tal y como declararon en una entrevista recogida en el libro de entrevistas Los guardianes del arte. A partir de entonces se propusieron visitar galerías y museos al menos una tarde a la semana. “Al cabo de tres años empezamos a entender algo, como los bebés que comienzan a hablar. A partir de ahí surgió el gozo”, expresaron.
Así, estos coleccionistas dibujaron el gozo como algo que emerge, que de algún modo necesita un aprendizaje, pero cuyo embrión, “el gusanillo”, sí linda más con lo espontáneo. Además, la referencia a los bebés invita a pensar en el asombro, el instinto y quizá incluso la ternura. ¿Tienen algo que ver con el mundo del coleccionismo? ¿Gatean las pasiones antes de echar a andar?
Chiquita Room, mejor programación anual en 2025
Da la sensación de que el asombro no se agota, el instinto está bien enfocado y la chispa de ternura aparece en dosis justas en Chiquita Room. Esta galería barcelonesa situada en el barrio de Sant Antoni obtuvo en 2025 el Premio a la mejor programación anual, concedido por el Gremi de Galeries d’Art de Catalunya y Art Barcelona.
“El hecho de que se premie la programación supone ir más allá de un éxito puntual. Mi sensación es que supone un reconocimiento a una manera de hacer o a unos temas concretos que tratamos. Además, el hecho de que venga de las galerías es muy positivo y nos hizo mucha ilusión”, cuenta a este medio la galerista, Laura González Palacios.
El arte como vía para hablar sobre “cómo está el mundo”
Con todo, González, fundadora y directora de Chiquita Room, resalta que no programan para obtener ningún reconocimiento. “La labor que hacemos desde la galería tiene mucho que ver con intereses, inclinaciones y ciertas intuiciones sobre lo que nos preocupa, traídas al mundo del arte, que es una vía muy buena y muy pertinente para hablar de cómo está el mundo, cómo nos relacionamos y cómo podemos ofrecer visiones o especulaciones sobre cosas que de otro modo no nos preguntaríamos”, arguye.
En menos de un mes, la galería barcelonesa trasladará estas “inclinaciones” e “intuiciones” a la jungla blanca de ARCO. En su cuarta participación consecutiva, no deja de resultar curioso que una firma cuyo nombre evoca una cierta intimidad y un vínculo especial con el arte y los artistas presente batalla en la efervescente feria madrileña. Lo harán con la obra del neerlandés Pieter Laurens Mol y la barcelona Teresa Estapé, joyera contemporánea y “una apasionada de los materiales” que rastrea la historias detrás de ciertas formas y herencias.
Proyectos más ampliados
”Es nuestra gran apuesta del año, y así lo vivimos. Nos ponemos nuestras mejores galas y hacemos el trabajo con mucho rigor y mucha preparación”, asegura González. Cada año, prosigue la galerista, exploran nuevos caminos y aventuras para ofrecer “proyectos más ampliados o expandidos”.
En las cuatro ocasiones que ha estado presente en ARCO, Chiquita Room lo ha hecho con diálogos de dos artistas. “Nos interesan mucho los dúos, y creo que ahí se ve también nuestra mirada curatorial”, valora. Es, con todo, una feria comercial en la que “vas a vender” y en la que hay mucha expectación e inversión. “Es el escaparate más importante en España y un lugar que muchos coleccionistas extranjeros utilizan como termómetro del arte en el país”, describe.
La protesta por el IVA
Hablar de ARCO es hablar de mercado y, por extensión, de fiscalidad. Este febrero, más de 200 galerías españolas han protagonizado un cierre histórico para exigir que el IVA del 21% se reduzca al 5% o 10%. Con esta protesta, el sector denuncia el agravio comparativo frente a otros países europeos.
Al respecto, González indica que la sensación es que su reclamo “se desoye totalmente. El Ministerio de Cultura puede decir que entiende la reivindicación y que estaría a favor, pero es Hacienda quien en realidad tiene que abrir un poco la puerta a que esto sea revisable”, argumenta. Y Hacienda, de momento, no parece estar por la labor.
Atrevimiento para levantar la mano
No obstante, González se muestra satisfecha por el hecho de que todas las galerías españolas vayan de la mano. “Alabo y agradezco la labor que se ha hecho desde el Consorcio de Galerías porque ha habido coordinación, comunicación y un atrevimiento para levantar la mano y decir ‘ya basta, las galerías no podemos estar completamente marginadas respecto al resto de países europeos’. Siento que peligra el sector, porque muchas galerías miran hacia fuera, y da pena saber que es mucho más difícil vender dentro que fuera”, revela.
Las espadas siguen en lo alto: la directora de Chiquita Room anuncia que, en ARCO, “probablemente seguirá habiendo acciones” por parte de las galerías.
El momento de la venta
Vender es el objetivo, pero no a cualquier precio. A la pregunta de si alguna vez ha vendido una obra que le hubiese gustado retener un poco más tiempo en su galería, González responde que cada venta es un milagro, pero pesa mucho “dónde va a parar la obra”. “Siempre se hace de una manera muy cercana y consensuada. Eso es lo más importante”.
Lo ideal, por tanto, es dar con una colección pública o privada “donde sepamos que la obra va a estar bien conservada, en todos los sentidos de la palabra”. Con todo, no niega que puede existir “un pequeño duelo” temporal, en tanto que esa obra va a dejar de estar accesible. “A mí me gusta saber, sobre todo, que va a estar en buenas manos y que va a ser apreciada. Porque eso se siente”, asegura.
Galerista vecino
Al respecto, la galerista recuerda una anécdota que tuvo lugar el año pasado en ARCO: aprovechando la cercanía, un galerista vecino redirigía a sus coleccionistas por si les interesaba la pieza central de Chiquita Room, como una suerte de celestino (porque hablamos de pasión). El punto de vista de este colega era que la obra era tan especial que, dado que él no podía comprarla, estaría más cerca de la misma si la adquiría alguno de sus coleccionistas de confianza.
“Eso resume ese vínculo que se crea y va más allá de lo puramente comercial, del arte como inversión, que por supuesto es algo lícito”, apunta González.
Residencia para artistas internacionales
Más allá de ser una galería y una editorial de libros de artista, Chiquita Room se erige en “hogar para artistas internacionales, donde se les ofrece un espacio de alojamiento, tiempo para desarrollar la producción artística de un proyecto y su posterior presentación en público”. En un contexto en el que el significado de hogar está en peligro, supone una ayuda de gran calado.
Esta triple dimensión, dice González, se conjuga con mucho trabajo y colaboraciones. “Tenemos una sensación de estar trabajando en red: desde el equipo de la galería hasta los y las artistas; pasando por los profesionales que diseñan la web o las gráficas de cada proyecto”, enumera. También menciona “cierto atrevimiento” requerido para trabajar “de una manera quizá menos ortodoxa”, con el foco en la convivencia y el contacto, lo que acaba tejiendo relaciones de confianza.
El papel de las galerías
La celebración del bombardeo visual que supone ARCO y el resto de ferias capitalinas también trae de vuelta una vieja pregunta: cuál es el lugar y la función de las galerías. Parte del público general consume la feria como un museo temporal de arte contemporáneo (pagando una entrada cara para ver lo que es, en esencia, una tienda).
Pero las galerías, el resto del año, son gratuitas, a pesar de que sus paredes blancas, su luz fría y su silencio pueden resultar intimidatorias y se erijan como una barrera para algunas personas que desearían pasar, pero se muestran cohibidas. “Me da pena y sé que pasa”, señala González.
“Las galerías son espacios abiertos y gratuitos a todo el mundo”
“Como yo no he tenido un camino directo hacia el arte o hacia dedicarme a ello, puedo empatizar con este tipo de actitudes. Creo que es fundamental entender que las galerías son espacios abiertos y gratuitos a todo el mundo”, valora la directora de Chiquita Room. Además, resalta que no es en absoluto habitual que una persona que pase por la calle entre a la galería para comprar, de modo que la parte comercial “se construye muy poco a poco, con vínculos que se van afianzando, bases de datos muy cuidadas…”
Así, pueden leerse no tanto como cajas de resonancia intelectual, sino como cofres de curiosidades esperando a ser abiertos. “Querer entrar en contacto con lo artístico desde una voluntad de aprender, de estar en contacto con la belleza… para mí es una vía de conocimiento como persona. Yo aprendo de cada proyecto”, dice González.
Interés, perseverancia y actitud de apertura
Por eso, invita a “vencer esa resistencia, quitarse un poco la vergüenza de encima, porque no hay nada a lo que no podamos acceder si tenemos interés o perseverancia y esa actitud de apertura”.
Además, considera que es posible relacionarse con una obra de manera muy profunda “sin saber mucho de la pieza, ni del artista ni del momento en el que se creó; y creo que ahí está la grandeza del arte, de la música o de la poesía”. Y más tarde, si alguien se marcha de la galería con el gusanillo o incluso gateando y anhela saber más, tendrá nombres, textos y referencias: ‘busca y hallarás’, dice el pasaje bíblico. “Por decirlo de una manera muy simplificada: siento que el arte, al no tener límites, nos ofrece cosas que la pura realidad no”, concluye González.