En diecisiete segundos es posible correr 100 metros lisos, beber un vaso de agua, tararear el estribillo de una canción, subir cinco pisos en un ascensor o recorrer una distancia de cuatro kilómetros si se viaja a bordo de un avión. Esa fracción de tiempo es también la dedicada a observar, de media, un cuadro en un museo. Al menos así se desprendía de un estudio que el Metropolitan Museum of Art de Nueva York realizó a principios de los años 2000.
No parece aventurado suponer que, con la erosión de la capacidad de atención que han provocado las redes sociales en los últimos años, esa cifra haya menguado. Por eso, algunos expertos creen que los museos tienen algo de lugares de resistencia: proponen focalizar el interés, permiten establecer conexiones profundas y tienden, a quienes lo deseen, unos cubiertos con los que es posible probar un suculento pastel compuesto por capas y capas de técnica, estética e historia.
Qué es el Club Voilàrt
Hay mil maneras de saborear ese pastel. Algunos consumidores se empachan, otros apenas dan un bocado y hay quienes ni siquiera lo catan por desinterés, recelo o inseguridad. Para los que buscan experiencias más estimulantes y nutritivas nace ahora Club Voilàrt, una comunidad “para amantes del arte que quieran conocerlo de otra forma”.
Voilàrt es una entidad que organiza tours en Madrid concebidos como “puertas abiertas a la contemplación, al diálogo entre la estética y quienes se atreven a mirar más allá”. Su nueva propuesta, el Club, aspira precisamente a “acercar aún más el arte de una manera sencilla y amena a personas que son amantes del mismo, pero no son expertas”, explica a este medio Ignacio Baratech, socio de Voilàrt.
Dar continuidad a la experiencia
“A lo largo de este año hemos consolidado bastante los tours y las experiencias que venimos realizando”, relata. Tras la visita al espacio museístico en cuestión, los grupos, de un tamaño lo suficientemente reducido para que la intimidad no quede diluida, acuden en ocasiones a comer o a cenar.
Fue en estas conversaciones distendidas, en las que el cubismo o el informalismo se tamiza con un vino o una cerveza, cuando los clientes de Voilàrt pidieron a los organizadores dar cierta continuidad a las sesiones. De esa propuesta surgió la idea de crear un club.
Cuánto cuesta
El Club ofrece a sus socios, por una cuota de 20 euros + IVA mensuales, información periódica y cualificada de la oferta de arte en la capital. “Mensualmente se les hará llegar una newsletter con la agenda de imprescindibles para el siguiente mes”, indica Baratech.
Además, los miembros podrán disfrutar de charlas, seminarios y conferencias que se piensan como “tertulias” para “huir del academicismo” que a veces preside las conversaciones sobre arte y aletarga más que alienta. “Hay que romper la distancia entre el experto y el asistente”, cree Baratech. El Club se presentará el próximo 18 de marzo en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.
Amenidad y rigor
“Desde el principio, hemos creído que acercar el arte de una manera sencilla, amena y divertida no impedía hacerlo con rigor”, asegura. Para lograrlo cuentan con el magisterio de Juan Miguel Hernández León, doctor en Arquitectura, profesor emérito de la Universidad Politécnica de Madrid, ensayista y comisario. En 2025, el Gobierno otorgó a Hernández la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes.
Más allá de que la exposición sea pulcra y atrayente, y de que el visitante se marche sabiendo qué quería transmitir Velázquez en Las Meninas o los intríngulis del retorno del Guernica a España, uno de los grandes retos de Voilàrt es lograr “que la gente sea capaz de digerir la enorme oferta de arte que hay en Madrid”.
Infinidad de propuestas
Y es que ésta, reconoce Baratech, puede ser apabullante: “Sin hablar de las colecciones permanentes de las grandes pinacotecas, tenemos infinidad de propuestas temporales, además de otros espacios museísticos que a veces son desconocidos y albergan obras espectaculares. A eso hay que añadir las galerías, las fundaciones…” enumera.
A la saturación de la oferta se suma la masificación de determinados lugares, una afluencia extrema que, a menudo, termina por arruinar el placer de la visita.
El problema de la masificación
“Es algo que ocurre con mucha frecuencia no solo en España, y es una locura”, dice Bararech. Para los museos, argumenta, resulta complejo equilibrar la búsqueda de ingresos y el deseo de abrir la cultura a todos los públicos con cierto control que permita que la experiencia sea agradable.
Por eso, en Voilàrt apuestan por los horarios especiales y por centros menos concurridos. “Si una persona que no vive en Madrid viene a la ciudad, es comprensible que piense cómo no va a ir al Museo del Prado, al Thyssen o al Reina Sofía. Pero claro, vas a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y encuentras casi tanta obra o más de Goya que en el Prado. Y eso la gente no lo sabe”, desvela.
Perfil del socio
En cuanto al perfil del socio, Baratech asegura que no está definido, ya que en torno a Voilàrt se congregan personas diferentes. “Pero, por el público que vemos que acude a nuestros tours, creemos que serían personas de 50 años en adelante, con inquietudes culturales, tengan o no estudios específicos en arte”, precisa.
De cara al futuro, su aspiración es que Voilàrt se convierta en “un referente en tours y experiencias que se cuidan cada detalle: cómo hacemos los grupos, el tipo de expertos que tenemos, cómo los cuidamos (porque esta masificación del turismo ha significado una degradación del perfil de los expertos)... Ojalá dentro de dos o tres años, todo aquel que quiera conocer el arte de una manera diferente, cuente con Voilàrt”.