Diego Ibarra, ganador del World Press Photo 2026: "Estamos a un clic de la edad de hielo"

Entrevistamos al premiado fotoperiodista de 'Educación secuestrada', una serie que muestra cómo los niños que viven en contextos de guerra se ven privados de este derecho universal

El fotoperiodista Diego Ibarra, ganador del World Press Photo 2026, junto a la entrada del CCCB / LUIS MIGUEL AÑÓN
El fotoperiodista Diego Ibarra, ganador del World Press Photo 2026, junto a la entrada del CCCB / LUIS MIGUEL AÑÓN

Diego Ibarra Sánchez (Zaragoza, 1982) combate las injusticias. Desenfunda la cámara que lleva enganchada al cinturón de pinchos y dispara, con una intensidad inigualable, contra los libros quemados, las aulas vacías y las escuelas en ruinas.

Ibarra ha cubierto la muerte de Bin Laden, las inundaciones de Pakistán o el renacer del ISIS en Siria, pero acaba de ganar el World Press Photo, en la categoría de Proyecto a Largo Plazo, por Escuelas Secuestradas, una serie de ocho fotografías que se puede ver hasta el 13 de diciembre en el Centre de Cultura Contemporànea de Barcelona (CCCB), donde nos tomamos una cerveza con él. Diego, incontrolable, toma la iniciativa.

--Diego Ibarra: El World Press Photo es la resistencia de la fotografía en tiempos de inteligencia artificial, en tiempos de propaganda, desinformación y nacionalsocialismo, en estos tiempos el fotoperiodismo está más vivo que nunca y sirve para denunciar. El mercado está colapsado. Nos encontramos con que cada día es más difícil vivir de esto, cada día la relación con los editores es más tóxica, existe menos respeto, está peor pagado, hay más riesgo, más inseguridad, pero cada vez hay más ganas de seguir contando lo que está pasando, pese a quien le pese. Y ahí aparece una generación alejada de la figura del influencer, que es otro concepto donde igual, a veces, la ética deontológica no la han aprendido. Ese timón lo lleva el fotoperiodismo, porque contar historias conlleva una gran responsabilidad. 

--Los editores dicen que apuestan por el periodismo serio y comprometido.

--Ibarra: Está el ir a una cobertura y estar con una zapata en tu cámara grabando en vertical para alimentar la máquina. Estar haciendo un future, una historia, y que tu editor te diga que tienes que mandar fotos o hacer un tal para subirlo al instante. Pero si yo no soy agencia. Bueno, da igual. Puedes pedir alimentar la maquinaria, pero para eso tienes que tener una fórmula de comunicación, un plan. ¿De qué me sirve tener un blog live si no tengo una sección para él? ¿Qué pasa cuando hay ruido? Pues que genera más ruido y se pierde. La sobreinformación genera ruido y el ruido genera desconocimiento. Entonces, no estás informando. Y lo veo en medios de comunicación muy importantes.

Diego Ibarra junto a sus fotografías expuestas en el CCCB / TEO CAMINO
Diego Ibarra junto a sus fotografías expuestas en el CCCB / TEO CAMINO

--¿Cuánto perdura? Si vemos entre 4.000 y 9.000 imágenes al día, ¿cuánto perdura una imagen como las de ‘Educación secuestrada’ en la retina del espectador? 

--Hay dos formatos contra la desmemoria, contra el olvido, que hay que defender. Uno son los fotolibros y otro las exposiciones. Una fotografía en un periódico siempre he pensado que está de puta madre para pintar tu casa. Puedes ser como los cinéfilos y coger el periódico, plastificarlo y tal, pero ¿para qué es un buen periódico? Para pintar casas, desgraciadamente. El formato de un fotolibro como objeto, como algo que perdura, te invita a la reflexión. Un objeto con el mensaje que quieres transmitir para que lo guardes y lo vuelvas a leer y lo regales y lo prestes y se conserve. 

--Un libro de consulta recurrente.

--Igual que antiguamente el conocimiento se trasladaba a través de la expresión oral y luego los monjes empezaron a escribir. Esas formas de comunicación que van a perdurar en el tiempo. Hablamos de lo tecnológico. Yo soy un friki de Isaac Asimov. Un pulso electromagnético, por ejemplo, nos podría hacer retroceder a la edad de hielo. Y estamos cerca, estamos hablando de que la red de Musk, Starlink, que yo he usado en la frontline de Ucrania, joder, que va de puta madre, pero estás hablando de una empresa privada. Una empresa privada que no responde ante ningún gobierno elegido democráticamente, por lo que un botón, porque eso es lo que tienen los megalómanos, un clic, apago y nos deja en la Edad de Piedra.

--Un apagón mundial.

--Si todo lo atesoramos en digital, la memoria se va a perder, se va a diluir y se va a modificar. Pasamos de quemar libros (Fahrenheit 451, de Ray Bradbury) a modificar la historia. Por eso, un fotolibro, una exposición, puede perdurar, puede volver a ser visitada. Es otra forma de consumir, más pausada, con más cariño, donde además confluyen, no solo tu obra, sino que has hecho equipo con un diseñador, una puesta en página, haces una visita guiada a colegios. El público va a ser mucho más amplio, más diverso, y vas a generar más pensamiento crítico, lejos del consumo de: ahora veo una imagen. ¿Tú te acuerdas de la primera imagen que has visto por la mañana? 

--Por supuesto, que no.

--Vale, pues si vas a una exposición igual te vas a acordar de alguna. Yo aún me acuerdo de la maleta mexicana que vi aquí en Barcelona, hace 20 años, en una exposición en la que estaban Enric Martí y Gervasio Sánchez. Me acuerdo de la puesta en página, la puesta en escena con la maleta.

Fotografía de Diego Ibarra Sánchez / DIEGO IBARRA SÁNCHEZ
Fotografía de Diego Ibarra Sánchez / DIEGO IBARRA SÁNCHEZ

--Yo me acuerdo de varias suyas. Una, la del soldado que está en el parvulario en Ucrania. ¿Cuál cree que perdurará en la memoria de los visitantes? 

--Para la comunidad ucraniana de aquí, esa. No me voy a cansar de decirlo. Expuse en Galicia, en un festival de fotografía, y me llamó un grupo ucraniano diciéndome que cómo me atrevía a poner y decir que había sido una escuela atacada por Ucrania. Y les dije: ‘Básicamente, porque he estado allí’. Si voy para contar cómo afecta la guerra a la educación, me voy a Ucrania, pero luego cruzo a la parte rusa de Donbás y cuento también las dos partes. El papel del comunicador es contar para que luego el público se haga una idea y pueda elegir. Ese es mi objetivo. Porque si solo te cuento A, te voy a desinformar. Y si los dos bandos atacan escuelas, si los dos bandos usan las escuelas como centros de adoctrinamiento, de educación patriótica, y las usan como bases, ¿qué quieres que diga? ¿Que en Ucrania no lo hacen y qué malos son los rusos? No, lo siento, porque los rusos tienen el mismo derecho de ir a la escuela que los ucranianos, los palestinos que los israelitas, porque no puedes atacar centros donde hay niños. No puedes atacar centros docentes. No puedes cortar generaciones. La infancia tiene que ser sagrada, no puede ser un privilegio, tiene que ser un puto derecho. Y estoy en contra del genocidio, pero también estoy en contra de que se ataque una escuela en territorio israelí. ¿Qué culpa tienen los niños?

--¿Qué queda cuando se va la guerra en Afganistán, en Irak?

--Lo que queda es la determinación de los niños a querer seguir estudiando, a querer volver. A ciertas edades de los niños, su universo oscila en torno a la escuela. Para un niño, su universo es el colegio, allí donde están sus amigos, donde van a jugar, a aprender. De repente, imagínate que eso desaparece. Si no hay educación, puede venir una injerencia de una potencia extranjera, un régimen títere, un régimen autoritario. Porque no hay una generación que se ha formado y que invita a prosperar. La guerra no sólo afecta a la educación a corto plazo, también lo hace a largo plazo, y ese es uno de los mayores problemas que hay. No solo por terrores nocturnos, pesadillas, consecuencias psicológicas, sino que está afectando el desarrollo de un país. 

--'Escuelas secuestradas' es un proyecto que nadie le ha encargado, que ha elegido usted y que ha llevado a cabo a lo largo de la última década en nueve países. ¿Cómo lo ha conseguido? ¿Gracias a las colaboraciones con ‘The New York Times’? ¿Qué supone el reconocimiento World Press Photo?

--A nivel personal, me reafirma la idea de que lo que estoy haciendo, lo estoy haciendo bien. Apostar por un sueño con la idea del Do it yourself, de la cultura del ‘Nadie va a llamar a tu puerta’. La vida es un billete solo de idea. Hay que intentar hacer algo que te apasione. Mi forma de negocio es una mesa con distintas patas. Acabamos de retomar los talleres, las master class; hemos vuelto a crear un colectivo de Visual Factory donde enseñamos narrativa visual. Vendo imágenes, trabajo para fundaciones, hago el breaking. Esta mesa con distintas patas me permite tener esa autonomía. Es la única forma. El mercado ha colapsado. No puedes depender solo de lo editorial. 

Recibe una llamada de su madre y la atiende. 

--Ahora que ha salido a relucir su madre, maestra, quería preguntarle hasta qué punto influye lo que ha vivido en casa.

--Influye hasta el punto de que yo estoy en Swat, en Pakistán, veo una escuela destruida, mi cabeza hace cucú y pienso en mi madre. ¿Cómo? ¿Qué? ¿Unos niños estudiando en una escuela destruida? ¿Qué está pasando aquí? ¿Destruyen escuelas? ¿Qué está pasando aquí? ¿Atacan a las alumnas? ¿Qué está pasando aquí? Ese es un poco el origen en 2011. Y por supuesto influye, al igual que en mi mirada fotográfica, que viene muy marcada por un pictoralismo, por un tenebrismo, por Rembrandt o Caravaggio, y también el uso o el abuso de la luz, viene porque mi madre, de crío, me ha llevado de un museo a otro y ha hecho que me encante el arte. Al final, todo viene de ahí. 

--Todo viene de la infancia sería un buen final, pero quería preguntarle cuál es su foto soñada.

--La que aún no he sacado. Tengo dos fotos. Dos fotos. La primera, el nacimiento de mi hijo, y la segunda es la que aún no he sacado.

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