Un millón y medio de niños son víctimas de acoso escolar en España. Así lo afirma Enrique Pérez, presidente de la Asociación Española para la Prevención del Acoso Escolar (AEPAE), que advierte de que la situación no solo no mejora, sino que ha empeorado en las últimas dos décadas. "Estamos peor que hace 20 años", asegura.
La cifra cobra aún más peso al observar la evolución de los suicidios adolescentes. En 2024 alcanzaron su nivel más alto en 25 años, con 76 fallecimientos de menores entre 15 y 19 años, según el Instituto Nacional de Estadística (INE). Un contexto que evidencia fallos estructurales en la detección y prevención del bullying. En el marco del Día Internacional contra el Acoso Escolar, que se celebra el 2 de mayo, Pérez describe una realidad marcada por el impacto del ciberacoso, la falta de prevención efectiva en los centros educativos y un sistema que, según denuncia, actúa cuando el daño ya está hecho.
--El número de estudiantes que sufren acoso escolar en España se sitúa entre un 9% y un 34%. ¿Por qué hay tanta diferencia entre unas estadísticas y otras?
--Depende de que el estudio se haga con un test bueno o no. Pero haciendo la media con los últimos informes de la Unesco, uno de cada cinco niños sufre acoso escolar. Si eso se extrapola a la población estudiantil, un millón y medio de niños lo sufren actualmente en España, es una barbaridad.
--¿Qué radiografía actual hace del acoso escolar en nuestro país?
--Estamos peor que hace 20 años, que fue el primer suicidio mediático por acoso, el caso Jokin. Tenemos la desventaja de que, desde hace diez años, hay un ciberacoso que antes no existía y que incrementa la intensidad del daño.
--¿Fallan los protocolos?
--Falla el abordaje. Se usa un protocolo para intervenir cuando ya ha pasado el acoso, con lo cual se llega tarde y se interviene cuando ese niño ya está en un momento grave. En la actualidad, no hay prevención eficiente ni se detecta de forma temprana. Cuanto más tiempo, más daño. Así que mientras no se modifique el proceso abordaje hacia lo preventivo, seguirá pasando un suicidio cada dos o cuatro meses.
--¿Qué hace falta para que el sistema de prevención en el acoso escolar funcione?
--Aepae tiene un plan nacional que hace prevención, atención e intervención, funciona y es aplicable. Se debe impartir formación al alumnado, profesores y familias para que diferencien qué es acoso de lo que no lo es y que tengan conciencia del daño. Hacen falta herramientas para que se detecte de forma temprana y que el acosos escolar no es escale porque este es imprevisible. Un suceso puede incrementar el daño de forma exponencial. Hablamos de lesiones, de estrés postraumático y de intentos de suicidio.
--¿Qué se considera actualmente ciberacoso y no lo estamos identificando como tal?
--Ciberacoso es algo en genérico. Por ejemplo, entras un día en Instagram y un hater te escribe un mensaje violento. Eso es ciberacoso pero no vas a ver a esa persona al día siguiente como sí ocurre en el ciberacoso escolar. El niño que recibe un sábado en su casa un mensaje, tiene la certeza de que va a encontrarse con ese niño en el colegio. Por eso es importante diferenciar ciberacoso y ciberescoso escolar y entender que no va separado de lo presencial. El ciberacoso escolar es una forma de maltrato que se hace empleando herramientas tecnológicas pero que repercute directamente sobre el acoso presencial del día a día.
--¿Cuáles son los errores que seguimos cometiendo al hablar de bullying?
--Se dan mensajes muy genéricos, que incluso lo perpetúan. Hace unos meses, vi en televisión a un policía que con su mejor intención daba una charla a una clase de cuarto de primaria y decía: 'El acoso escolar tiene que ser algo repetido', pero no cuánto y por qué. También decía: 'Tiene que ser intencional', pero no es así porque el acoso ya lo es per se. El niño que acosa lo hace porque obtiene un beneficio, con lo cual ya hay una intención que no hay que demostrar. Además, decía: 'El que haga daño', pero el daño siempre está, aunque no se perciba a simple vista. Por último, añadía: 'Si no se cumple uno de los tres, no es acoso'. Entonces, nada es acoso. Se dan mensajes con buena intención pero que están perpetuando el acoso escolar porque lo hacen personas que no son especialistas.
--El papel de los padres es clave, ¿cómo pueden identificar si su hijo es el acosador o forma parte de ese círculo?
--Siempre cuesta más trabajo. El que acosa generalmente suele tener poco control de impulsos, poca tolerancia a la frustración y una actitud de imponer su opinión siempre. Sin embargo, generalmente un padre o madre se entera de que su hijo es el que acosa cuando los padres de la víctima lo denuncian o cuando la víctima dice quién es la persona que lo acosa. Por desgracia, lo justifican muchas veces y le sobreprotegen. En nueve de cada diez casos, el acosador se va de rositas. No hay sanción para ese niño, bien por la edad o bien porque la familia no facilita que haya una sanción más educativa. Y ya tenemos un problema porque ese niño está aprendiendo que la violencia es rentable, con lo cual la va a repetir el día de mañana con su pareja, con un compañero compañero…
--¿Realmente la culpa es del niño que acosa o tiene más que ver con la educación que está recibiendo en casa?
--El niño que acosa lo hace porque obtiene un beneficio al hacerlo siempre. Pero, es cierto que puede tener en casa problemas, que repita modelos que ven en su entorno cercano, que tengan problemas de autoestima. No obstante, eso no le quita responsabilidad a ese niño. El que hace el acoso no es víctima pero sí puede tener ciertos condicionamientos. Tiene que entender que es responsable y que hay una sanción reeducativa que tiene que asumir.
--¿Qué tipo de sanciones reeducativas son efectivas?
--En primer lugar, el niño tiene que entender que la sanción es la consecuencia de haberle hecho algo a otro niño. En segundo lugar, la sanción debe suponer un esfuerzo para él. Si es maltrato por xenofobia, la sanción debe estar relacionado con esto. Por ejemplo, que estudie la xenofobia y la presente en clase. Así puede entender el daño que ha causado y empatizar. La expulsión del centro no funciona, salvo que sea algo muy grave. En casa está sin madrugar, sin control parental y jugando a la PlayStation. No es una sanación que funcione.
--La inteligencia artificial abre nuevas vías de acoso, desde suplantaciones hasta imágenes manipuladas o deep fakes. ¿Estamos preparados para esta nueva generación de violencia digital?
--La IA realmente da más herramientas para hacer daño por medio de un teléfono móvil. Pero antes de la IA, estaba Photoshop para hacer un montaje, aunque obviamente la IA lo facilita mucho. La controversia actual es a qué edad tiene que tener el niño un móvil. El problema no es tanto prohibirlo, sino enseñar cómo se usa en forma responsable. Está bien poner límites por edad, porque sabemos que el teléfono hace daño a un niño, pero no hay que demonizarlo. Hay que dar formación para que ese menor entienda los peligros del móvil.
--¿Algún ejemplo?
--Si hacemos prevención en ciberacoso y empezamos a hacerlo en la ESO, hemos llegado tarde. Hay que hacer una prevención del ciberacoso escolar en el colegio para que cuando los niños lleguen a quinto o sexto de primaria y tengan un teléfono móvil, ya sepan qué es acoso y consciencia de un daño.
--Queda mucho trabajo por hacer aún.
--Estamos avanzando. Como asociación, llevamos 20 años y hemos hecho muchas cosas pero queda mucho por hacer, sobre todo para que se entienda que la problemática no está abordando como se debe.