¿Recuerdan aquel episodio de la sexta temporada de Black Mirror titulado Joan es horrible? En él, una plataforma de streaming ficticia –pero sospechosamente idéntica a la 'N' roja de Netflix– generaba contenido casi en tiempo real, procesando la realidad de sus usuarios para convertirla en ficción instantánea. Lo que en 2023 nos pareció una sátira distópica sobre los peligros del algoritmo, hoy se siente inquietantemente profético en los pasillos de la Fira de Barcelona.
No, Netflix no está robando nuestras vidas para hacer series (todavía), pero lo que la compañía ha desvelado esta semana en la nueva zona Spark del Integrated Systems Europe (ISE), el salón del sector audiovisual, demuestra que la barrera del tiempo y el espacio en la producción de películas y series se ha borrado.
Una "fábrica invisible" en la nube
Mientras Netflix negocia la compra de Warner Bros. Discovery —un movimiento que no solo ampliaría su catálogo (Harry Potter, El Señor de los Anillos, el universo DC, HBO…), sino que reforzaría su músculo industrial—, Víctor Martí, Marga Villalonga y Francisco Ramos Howell, responsables de la maquinaria en España y Portugal, levantan el telón en el ISE para mostrar una "fábrica invisible" en la nube.
Un ecosistema en el que un director en Madrid puede corregir el color de una escena rodada en Tailandia mientras un editor en México ajusta el sonido. Todo en tiempo real. Todo sin fricción.
Bienvenidos a los entresijos de Netflix.
Devolverle tiempo a la historia
"No se trata de hacer las cosas más rápido por el simple hecho de la velocidad, sino de devolverle tiempo a la historia", afirma Víctor Martí, jefe de producción de Netflix en España y Portugal. Para ello, el equipo ha presentado la Media Production Suite (MPS). Piense en ella no como un software, sino como el sistema nervioso central de la compañía que permite optimizar la logística de gestión de medios, eliminar tareas repetitivas y no creativas, y permitir que las producciones se centren en el trabajo creativo.
Francisco Ramos Howell, gerente de soluciones de producción, se ha encargado de explicar los engranajes de esta maquinaria: estándares abiertos como OTIO (OpenTimelineIO) y ACES (Academy Color Encoding System). Para el consumidor medio, estas siglas no significan nada. Para la industria, son el esperanto que permite que una decisión de color tomada por un director en Barcelona se replique con exactitud matemática en la pantalla de un técnico de VFX en Los Ángeles y un montador en Ciudad de México. "La tecnología debe ser un socio invisible", ha sentenciado Marga Villalonga, directora de postproducción. Y cuando dicen invisible, se refieren a eliminar el caos de los correos electrónicos, los discos duros perdidos y los formatos incompatibles.
Así se construyó Macondo o 'La Sociedad de la Nieve'
La presentación no se quedó en la teoría. Netflix ha mostrado casos de éxito que ilustran cómo esta "nube creativa" ha salvado producciones de pesadillas logísticas.
El ejemplo más poético ha sido la adaptación de Cien Años de Soledad. La serie colombiana, un reto monumental a la altura del realismo mágico de García Márquez, se editó en un entorno donde el código postal era irrelevante. Editores en Bogotá, Ciudad de México y Madrid trabajaron sobre el mismo material en la nube. "Al principio, trabajar sin almacenamiento compartido hacía que los editores se desincronizaran", ha reconocido el equipo. Sin embargo, la implementación de la nube permitió que Macondo se construyera en tres husos horarios de manera simultánea.
Más cerca de casa, La Sociedad de la Nieve, de J.A. Bayona –la segunda película de habla no inglesa más vista en la plataforma– se convirtió en el "paciente cero" de esta revolución. Rodada en cinco localizaciones repartidas entre Chile, Uruguay y España, su postproducción y montaje se llevaron a cabo principalmente en Barcelona. Gracias a la infraestructura en la nube, el etalonaje (corrección de color) se realizó al mismo tiempo en tres ciudades: el director en Barcelona, el colorista en Madrid y el director de fotografía en Los Ángeles. Además, el uso de estándares abiertos facilitó una colaboración eficiente con seis estudios de efectos visuales diferentes.
La crisis con la serie 'Refugio'
Quizás la anécdota que mejor resume el poder de esta infraestructura fue la de Refugio, la serie de Vancouver Media (los creadores de La Casa de Papel) estrenada el año pasado.
Víctor Martí ha relatado un momento de crisis creativa que, con la tecnología de hace una década, habría sido imposible de resolver. Un cambio de guion de último minuto exigía insertar una escena en Tailandia en el episodio final. No había tiempo de enviar un equipo completo. En solo 72 horas, se organizó un rodaje de soporte en Tailandia; el material voló a través de la red de Netflix hasta Madrid, se revisó, se corrigió en tiempo real, se volvió a rodar y se integró en los platós de producción virtual del campus de Netflix en Tres Cantos (Madrid).
"Ese nivel de velocidad y confianza creativa sería imposible sin un entorno basado en la nube", ha asegurado Martí.
Esto da para una historia de Netflix
La presentación en el ISE 2026 propone una lectura que trasciende lo puramente técnico. Como ha concluido Villalonga, "la infraestructura por sí sola no transforma una industria; lo que realmente cambia nuestra forma de trabajar es la comunidad creativa".
En la misma línea, el jefe de producción de Netflix ha subrayado que "esta tecnología no decidirá la historia, pero sí revelará el contexto necesario para que los equipos dediquen menos tiempo a gestionar datos y más al proceso creativo. Al final, la narrativa es la única constante. Y cuando construimos sistemas que respetan y protegen a los creadores, las historias brillan". Y esa idea, por sí sola, ya da para una historia de Netflix.