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La lista de espera de Air Europa para tener asiento

La certeza de viajar se han convertido en un artículo de lujo que se paga a golpe de tarjeta de crédito 48 horas antes del despegue

Ana Carrasco González

Asientos de un avión de Air Europa / AIR EUROPA

Ramón Blanco miraba la pantalla de su móvil. Faltaba poco para su vuelo y, al intentar realizar el check-in online con Air Europa, el sistema le confirmó que no tenía asiento asignado y pasaba a estar en lista de espera.

Diez plazas seguían vacías, parpadeando en la pantalla, esperando a quien estuviera dispuesto a abrir la cartera.

El negocio de las aerolíneas

"Es una vergüenza que si pago asiento me asignen plaza y si no lo pago me pongan en lista de espera, quedando en su web como diez plazas disponibles. Pago 10 euros por el asiento y entonces ya hay plazas. Es una golfada", denuncia Blanco. 

Las aerolíneas ya no solo venden el desplazamiento del punto A al punto B; comercializan la tranquilidad, la dignidad del trato y, sobre todo, la certeza de que el pasajero no se quedará en la terminal viendo despegar su avión. Por desgracia, tener billete con compañías como Air Europa no siempre significa tener asiento asignado. 

Un puesto de información de Air Europa / FERNANDO VILLAR - EFE

Las trampas de las 'low cost'

Para entender cómo un pasajero con billete pagado termina en lista de espera en la puerta de embarque, es necesario diseccionar la política comercial de Air Europa. La aerolínea del grupo Globalia, que históricamente operaba bajo los estándares de una compañía tradicional o legacy, ha asimilado con devoción el manual táctico del modelo low-cost.

Oficialmente, la premisa se disfraza de personalización: "Para tu mayor comodidad a bordo puedes elegir tu asiento de forma anticipada desde 5 euros". Si el consumidor declina entrar en este juego de recargos, debe esperar a la apertura del check-in online, habilitado 48 horas antes del despegue, para optar a una asignación automática y gratuita.

Sin embargo, la asignación gratuita no es ilimitada. A medida que avanzan las horas, el sistema agota deliberadamente el cupo de asientos "libres", dejando únicamente aquellos clasificados como preferentes (primeras filas, salidas de emergencia o simplemente plazas que el algoritmo ha decidido blindar). Llegado a ese punto, la interfaz de Air Europa se niega a ceder un asiento de pago a un pasajero de la tarifa base. En su lugar, emite una tarjeta sin butaca, genera una alerta de lista de espera y confía en que el pánico del usuario haga el resto: sacar la tarjeta de crédito.

Miedo al 'overbooking': el pasajero se queda en tierra

"Mañana voy a Bilbao volando con Air Europa, porque no me queda otra opción. Es increíble que no pueda reservar ningún asiento sin pagar. No me acordaba de por qué no quería volar con esta compañía", también destacaba Arturo C., un viajero frecuente. 

Más allá de la molestia económica, la lista de espera despierta un terror mucho más profundo en el viajero: quedarse en tierra. J. Silva, que vuela en unos meses con la misma compañía, plantea la duda que atormenta a cualquiera que se haya enfrentado al mensaje de "asiento asignado en la puerta": el miedo a que haya overbooking y quedarse en tierra. 

Los sacrificables del vuelo

El overbooking —la sobreventa legal de billetes amparada por el Reglamento (CE) 261/2004 de la Unión Europea— permite a las compañías vender hasta un 5% más de la capacidad del avión, asumiendo estadísticamente que siempre hay viajeros que no se presentan. Las aerolíneas venden más plazas de las que tiene el avión para garantizar su rentabilidad. Pero, si todos los pasajeros acuden al aeropuerto, a alguien hay que dejar fuera. 

Los algoritmos de las aerolíneas lo tienen claro: los primeros candidatos a sufrir una denegación de embarque involuntaria son, precisamente, los últimos en facturar y aquellos que carecen de un asiento asignado en su tarjeta. 

Quienes no pagan el peaje de los 5 o 10 euros extra están asumiendo, sin saberlo, el riesgo de ser los sacrificables del vuelo. Aunque la normativa europea obliga a compensar al pasajero con cifras que oscilan entre los 250 y los 600 euros según la distancia del trayecto, ningún cheque consuela a quien acaba de perder su primer día de vacaciones o una reunión de negocios crucial.

Una adicción 

Air Europa no está inventando la pólvora, sino aplicando una doctrina impuesta por las aerolíneas de bajo coste que ha contagiado a todo el sector. Aerolíneas como Ryanair revolucionaron la indignación pública al afinar un algoritmo que, salvo que se pase por caja, separa deliberadamente y de forma matemática a los pasajeros de una misma reserva, esparciendo a familias y parejas por los rincones más alejados del avión. 

La mayoría de las aerolíneas se han vuelto adictas a los llamados ingresos complementarios. Según datos de la industria, estos cobros por extras —maletas, embarque prioritario, comida y, sobre todo, asientos— representan ya decenas de miles de millones de euros anuales a nivel global. Las tarifas base se mantienen artificialmente bajas para competir en los buscadores de internet, mientras el margen de beneficio real se extrae a base de penalizar las necesidades básicas del viaje.

Así que volar se ha democratizado en el precio base, sí, pero la certeza de viajar se ha convertido en un artículo de lujo que se paga a golpe de tarjeta de crédito 48 horas antes del despegue.