España ha convertido el turismo en una de las grandes columnas de su economía. Más de cien millones de visitantes internacionales al año, millones de empleos vinculados al sector y una red de empresas que va desde los grandes grupos hoteleros hasta los pequeños alojamientos rurales.
No obstante, España podría enfrentarse a un gran cambio fiscal para el sector turístico. La Comisión Europea ha abierto el debate sobre la posibilidad de revisar los tipos reducidos de IVA que aplican los Estados miembros a determinados sectores, entre ellos el turismo, y ha propuesto elevar el gravamen de los servicios turísticos del 10% al 21%, el tipo general que ya soportan muchos otros bienes y servicios.
Las consecuencias de subir el IVA turístico
Aunque no se trata de una decisión aprobada, la propuesta ha encendido las alarmas en una industria que representa cerca del 13% del PIB español. Y es que la discusión va mucho más allá de un cambio tributario.
Para Ricardo Fernández, CEO de Destinia, subir el IVA encarece los viajes, reduce la competitividad de España frente a destinos como Turquía, Marruecos, Portugal o Grecia y, además, no garantiza una mayor recaudación para el Estado. "La cuestión", dice, "es a costa de qué".
--Pregunta: ¿Cuál es el impacto directo en el precio si el IVA turístico pasa del 10% al 21%?
--Respuesta: Es un incremento directo del coste. Si un servicio vale 100 euros, con el 10% pagas 110 euros y con el 21% pagas 121 euros. La realidad es que se abren tres escenarios, pero al final la historia termina igual: el consumidor acaba pagando más, las empresas pierden rentabilidad y el destino se vuelve menos competitivo. Y todo para que Hacienda recaude más, algo que tampoco está garantizado si las ventas caen.
--Para una familia media, ¿en cuánto se traduciría este incremento durante una semana de vacaciones?
--Por ejemplo, una familia de cuatro personas paga 1.000 euros por una semana en la playa en agosto. Ahí ya hay 91 euros de IVA. Si sube al 21%, pasaría a pagar 191 euros de impuestos. Son 100 euros más, es decir, un 10% de incremento total sobre lo que pagaba. A corto plazo lo asume el viajero, pero luego las empresas tienen que recortar sus márgenes para no perder clientes, ganan menos y acaban pagando menos por el Impuesto de Sociedades. Lo que el Estado gana por un lado, lo pierde por el otro.
--España compite con destinos como Italia, Grecia, Portugal o Turquía. ¿Una subida del IVA haría que el turista internacional dejara de elegir España?
--A un turista de cinco estrellas en Ibiza le va a dar igual, pero hay un porcentaje muy grande de clientes que está en el límite. Un 10% de subida hace que no puedan viajar o que tengan que recortar días. Esa gente no se va a un hotel de lujo en Portugal; se nos va a Turquía, a Marruecos o al Algarve. Además, los turoperadores clave del Reino Unido o Alemania reprogramarán sus vuelos hacia donde ganen más margen. En cuanto recortas la conectividad aérea, el destino pierde posicionamiento y recuperarlo lleva años.
--Encarecer el turismo evitaría la masificación y atraería a un "turista de lujo". ¿Le parece bien usar el precio como filtro?
--Eso está muy bien para algunos destinos, pero hay muchos lugares en España que son de "batalla" y sus empresarios no se merecen menos. Lo grave es que empezamos a ser un destino caro para los propios españoles. ¿Es eso lo que queremos? ¿Que a un español no le alcance para ir a Benidorm de vacaciones y le salga más barato irse a Marrakech? Subir impuestos no va a vaciar Ibiza, solo va a perjudicar a la clase media. Además, corremos el riesgo de que los españoles no puedan permitirse unas vacaciones en su propio país.
--En Alemania bajaron los impuestos al turismo para mantener el empleo. Si aquí subimos el IVA, ¿habrá cierres de negocios y despidos?
--Sin duda. Si el destino se percibe como caro, va menos gente y se gasta menos dinero. Eso castiga la rentabilidad de las empresas: contratarán menos, pagarán peores sueldos y no podrán invertir. Tendremos peores empresas porque habrá ingresos menores.
--¿Y qué pasa con la España vaciada? ¿Se resentiría el turismo rural de interior?
--El turismo rural ofrece una oportunidad enorme para muchos municipios pequeños. Pero hay que poner las cosas en perspectiva. Si un pueblo de 80 habitantes duplica su turismo, es fantástico. El problema es que una caída importante del turismo en destinos como Benidorm puede afectar a miles de empleos. Y esos trabajadores no se trasladan automáticamente a los pueblos del interior.
--Desde la perspectiva de las reservas que manejan en Destinia, ¿qué cambios notan en el viajero?
--Este año vimos inicialmente más reservas anticipadas. Después llegó la guerra y cambió el turismo de larga distancia. Ha aumentado el peso del último minuto, ha caído mucho el largo radio, especialmente hacia Asia, y el viajero se está concentrando más en destinos de corto y medio radio. Esto demuestra que, cuando aumenta el coste de un destino, el viajero busca alternativas. Es exactamente el comportamiento que cabría esperar si España se encarece de forma significativa.
--¿Qué alternativa propondría Destinia para ingresar más sin perjudicar al sector?
--Si quieres recaudar más, se lo tienes que quitar a alguien: al consumidor, a la empresa o vendes más. La única vía sensata es promocionar más el turismo de interior para repartir el volumen a más zonas y captar un ticket medio más alto donde se pueda. Subir el IVA es lo fácil porque cambias la norma y mañana ganas el doble, pero es pan para hoy y hambre para mañana. A Portugal le pasó exactamente esto: subió el IVA, vio que recaudaba menos por la caída del sector y tuvo que dar marcha atrás dos años después.
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