En el último día del Integrated Systems Europe (ISE) 2026, celebrado en la Fira de Barcelona, no hay un ápice de oscuridad. Es la feria mundial de la imagen y el sonido, el lugar donde se decide qué veremos y cómo lo escucharemos en la próxima década. Sin embargo, bajo el brillo de los paneles 8K y las demostraciones de audio espacial, late una pregunta que Consumidor Global se ha propuesto preguntar a las grandes marcas tecnológicas que dirigen nuestro futuro: ¿toda esta tecnología nos está dando alas o nos está poniendo grilletes?
Es una ironía palpable. Las marcas compiten por captar nuestra atención con dispositivos cada vez más inmersivos, mientras, simultáneamente, nos venden la promesa de la "desconexión" y la fluidez. Este medio se ha sentado con dos titanes de la industria, HP y LG, para confrontarles con su propia contradicción: en un mundo saturado, ¿venden conexión o liberación?
La respuesta de HP: "Hemos llegado al límite de pantallas"
Consumidor Global: "¿Cómo veis el futuro, con más pantallas que conecten o con más tecnología que libere?"
HP, que conoce el pulso de la oficina moderna, responde: "Hoy en día recibes una convocatoria y te unes casi sin pensar. No te detienes a reflexionar: ¿Debo estar aquí? ¿Qué voy a aportar? Simplemente estás".
La visión de HP para el futuro no pasa por añadir más monitores al escritorio, sino por hacer que la tecnología se vuelva invisible. "El futuro que buscamos va de reducir el tiempo que pasamos en reuniones encadenadas, videollamadas interminables, una jornada fragmentada por ventanas emergentes", explican. Su apuesta, materializada en el lanzamiento de las videoconferencias en 3D con HP Dimensions, pensada para que la interacción remota se acerque lo máximo posible a la presencia real.
“La tecnología, por sí misma, tiene que resolver un problema real. No se trata de tener más pantallas, sino de mejorar lo que ya hay, como, la cámara, los altavoces, los micrófonos. Elevar esos componentes a la enésima potencia. De hecho, yo creo que hemos llegado al límite de pantallas”, revelan. "Hoy somos nosotros los que nos adaptamos a la tecnología. El objetivo es que la tecnología sea la que finalmente se adapte a nuestro día a día". HP dibuja así un horizonte donde la conectividad no signifique esclavitud, sino continuidad: empiezas una reunión en casa, sigues en el coche con auriculares, y al llegar a la oficina la sesión salta automáticamente al ordenador. Sin cortes, sin fricciones, sin frenesí.
La respuesta de LG
A unos metros de distancia, el gigante surcoreano LG despliega un arsenal visual. Como uno de los mayores fabricantes de paneles del mundo, LG vive de que miremos sus pantallas. Sin embargo, si HP se centra en el flujo del trabajo, esta compañía pone el foco en la salud del individuo. "La tecnología es como la comida: tan malo es pasar hambre como excederse", responden. "No puedes comer solo carne ni solo verduras; somos omnívoros y necesitamos equilibrio", agregan.
"Nuestra prioridad absoluta es la calidad por encima de la cantidad. Hay mercados masivos de bajo precio en los que preferimos no estar", señalan desde la empresa. La razón es clara: una mala pantalla no es solo un mal producto, es un problema de salud pública."Un puesto de trabajo mal adecuado es un problema. Por eso trabajamos con equipos de oftalmología para mejorar la usabilidad. Una pantalla bien diseñada puede reducir la discapacidad de alguien", afirman, citando su colaboración con la ONCE. Para LG, la tecnología libera cuando iguala oportunidades. "No se trata de llenar todo de pantallas, sino de que la que esté, se entienda y comprenda perfectamente. Al final, un buen uso tecnológico, apoyado en una buena arquitectura y diseño, es mucho más valioso que el simple hecho de tener muchas pantallas", concluyen.
La paradoja del ISE: pantallas que predican menos pantallas
Resulta inevitable señalar la paradoja: tanto HP como LG defienden la moderación, la ergonomía, la eficiencia y la liberación. Todo ello, en medio del mayor escaparate mundial de pantallas. Pero quizá esa contradicción sea, en realidad, el síntoma de un cambio de era.
Durante décadas, la carrera tecnológica se midió en pulgadas, píxeles y potencia. Hoy, el nuevo campo de batalla parece ser la calidad de la experiencia humana. Ya no basta con impresionar. Hay que justificar. En un mundo saturado de estímulos, la innovación no se mide por cuánto añadimos, sino por cuánto conseguimos simplificar.
¿Más conectados o más libres?
Las respuestas de HP y LG no resuelven del todo el dilema, pero lo reformulan: no se trata de elegir entre conexión o libertad, sino de redefinir su relación.
La tecnología puede atraparnos en una hiperconectividad ansiosa o puede liberarnos del ruido innecesario. Puede multiplicar pantallas o hacerlas casi invisibles. Puede saturar nuestros sentidos o protegerlos. En ese filo delicado se juega el futuro del consumidor. Quizá la gran pregunta ya no sea qué tecnología queremos, sino qué vida queremos vivir con ella. Y esa, por ahora, sigue siendo una decisión profundamente humana.