Marc Rahola (OD Hoteles): “No hay nada más triste que entrar en un hotel y que esté vacío"
La cadena hotelera, que cuenta con un puñado de alojamientos en ubicaciones prime, trata de mostrarse como un integrante más del barrio, no en contra del mismo
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Marc Rahola Matutes se mueve con ligereza y sin elevar la voz, como si estuviera de paso, y como si para dar empaque a su mensaje fuera plenamente consciente de no necesitar la contundencia, llevar una corbata ni mucho menos hacer aspavientos. Esa es al menos la sensación que transmitió en Fitur, donde presentó Neighbormood, la nueva forma de entender la hospitalidad de su marca, OD Hotels.
Este palabro, que apela al barrio, va de “hoteles que se integran en su entorno como punto de encuentro y motor del barrio, articulados en cuatro ejes: interiorismo, inclusividad, producto local y personalización, para vivir el destino desde lo auténtico”. OD Hotels pertenece a OD Group, entidad que posee un puñado de establecimientos en ubicaciones prime: Ocean Drive Ibiza, en primera línea del puerto deportivo Marina Botafoch; OD Can Jaume, Ocean Drive Talamanca o el Hotel España Ramblas, un hotel boutique de cinco estrellas en el corazón de la lujosa zona del Eixample barcelonés.
Marc Rahola, apasionado de la hostelería
En su cuenta de Instagram, Marc Rahola se define como “apasionado de la hostelería, música y cultura”. También indica que está casado con Anna y que es hijo de Víctor y Mayte. No especifica (sería raro que lo hiciera) que es sobrino de Abel Matutes Juan, poderoso fundador de Palladium Hotel Group, uno de los grupos hoteleros más pujantes de España. Hablamos con él.
--¿Por qué decidieron fijarse en este concepto? Y, al respecto, ¿qué es para usted la autenticidad?
--Yo empecé en mi primer hotel en el año 2006. Era un Ocean Drive, de ahí ‘OD’ antes de la palabra Hotels. Y aquel era un hotel que tenía todas las carencias del mundo para destacar: era de una estrella, sin piscina, en Ibiza, y para más inri no era ni de ciudad ni de playa. Y encima decidí abrir todo el año. En ese tiempo, si no empezabas a hacer contenidos era difícil. Además, a mí siempre me ha interesado muchísimo la cultura, el arte… E Ibiza es un lugar muy rico en estos términos, así que en invierno hacíamos muchas actividades culturales. Ese fue un principio en el que fueron naciendo esos conceptos. Y hoy en día todo el mundo quiere que pase algo en el hotel…

--Aunque no se sepa muy bien qué.
--No saben qué, pero que pase algo. No quiero hablar de las cosas negativas, pero de algún modo se ha pasado a un exceso, un overpromise: lo que se anuncia no se cumple en el hotel. Acudes y ese contenido no está. Nosotros no nos queremos ver diluidos en ese proceso de absoluto orgasmo de contenidos que ahora mismo se está poniendo de moda, y tampoco queremos traicionar nuestro producto. Como no queremos hacerlo y funciona muy bien, estamos creciendo y no podemos perder ese proceso local.
--¿En qué consiste ese proceso?
--Consiste en que, de alguna forma, tú puedas poner el barrio dentro e interactuar. Cuando lo haces así, encima es divertido. Cada día es distinto, no es un ‘día de la marmota’ dentro del hotel: pasa por desarrollar ideas, darles foco, entender nuestras zonas nobles como un espacio urbanístico de utilización por parte de todo el vecindario... No hay nada más triste que entrar en un hotel, por muy guay que sea, y que esté vacío. Es deprimente. Así que integrar al barrio le da riqueza, y el cliente se siente acompañado. Cuando hemos hecho impacto, lo hemos hecho en una zona concreta. Queremos decir que no estamos en contra del barrio, sino que estamos dentro de él, y además vamos a comprar el pan al tío que hace el pan allí, y no a una gran cadena. Va de volver a generar una simbiosis que siempre había existido, porque el director de un hotel era un embajador que tenía que contar las bonanzas de la ciudad, y el cliente un viajero que tenía curiosidad de cosas.
--¿El turismo en España ha perdido autenticidad?
--Sí, la ha perdido, porque ha tenido un proceso muy grande de expansión, de profesionalización y ahora, en este momento de tanta maduración, todos los hoteleros están buscando desesperadamente nichos de mercado para hacer una marca de un tipo y poder realmente dar valor a su plataforma. Y creo que hay muchos que lo están haciendo bien y otros que aún no lo han visto o no creen en ello. Si no le das una intención, lo que te da el éxito puede ser la base para el siguiente fracaso.
--A nivel personal, ¿qué le enamora a usted de un hotel cuando sale de España?
--Cuando voy a un sitio, escojo una zona concreta a la que quiero ir. Si voy a París y busco estar en Saint-Germain porque he visto una serie de cosas ahí, busco un hotel cerca. Para mí, debe ser un hotel que de alguna manera viva la ciudad. Y eso hay marcas que lo trabajan mejor y peor. Me fijo en hoteles que me provocan eso. Obviamente, una cosa es un viaje personal y otra uno de empresa: si te vas a una feria de Londres, tratas de encontrar un sitio cerca en función de un precio. Son cosas distintas. Hoy en día viajamos más que nunca y estamos menos que nunca en cualquier sitio (porque entre otras cosas la mitad de la gente está siempre mirando el móvil). Que tengas algo que ya esté presentando lo que vas a ver, para mí es la clave. Creo que, en este sentido, queremos usar la tecnología para volver a conectar con cosas reales.

--El año pasado, el precio de los hoteles subió en España un 8,7%. ¿Qué previsión hace para 2026?
--Seguirá creciendo, porque el sector se va profesionalizando muchísimo si lo comparamos con otros países que no lo están tanto, como Italia, Francia o Grecia, que son grandes países. Se ha profesionalizado mucho pero se empieza a tener una carencia de un producto más potente más allá de las súper cadenas, porque hay que recordar que más de la mitad de las plazas hoteleras que hay en España son de independientes, que son quienes tienen la oportunidad de hacer algo diferencial.

