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Una copa en Fernaud, el nuevo bar de Malasaña que quiere beberse el mar

El restaurante proclama que en el local, sobre todo, "se bebe y bien, con una carta de vinos concebida como una de las grandes protagonistas"

Juan Manuel Del Olmo

Copas de vino en Fernaud / FERNAUD

Cada vez hay más sitios interesantes en Madrid para tomar buenos vinos y charlar animadamente sin solemnidad, desde la sofisticación contenida de Amis a la heterogeneidad de Fun Fun, pasando por el cosmopolitismo accesible de Five o la calidez de Casa Roque. Todos cuidan el espacio con mimo en un contexto donde la iluminación, el relato y el ambiente pesan tanto en la experiencia como la selección de las botellas. 

El último en sumarse a esta ola es Fernaud, que se define como la nueva taberna atlántica de Malasaña. Hunde sus raíces en Bajamar, un pequeño pueblo costero del norte de Tenerife, y se ubica en el número 14 de la Calle Colón, junto a Bodegas La Ardosa.

La estética de Fernaud

Al entrar, queda claro que los interioristas han buscado actualizar el imaginario de la taberna sin caer en la artificialidad pseudo castiza que tan presente está en la capital. Así, hay sillas metálicas, pero el suelo está pavimentado con baldosas cerámicas en tonos marrones oscuros y las mesas altas están rematadas con una superficie de piedra oscura veteada. 

Vista exterior de la taberna / FERNAUD

Dominan los tonos vino, marrones y colores de inspiración volcánica, con materiales cálidos, una iluminación amable y algunos guiños al territorio. Asimismo, el salón de abajo está destinado a cenas de empresa, encuentros entre amigos y celebraciones privadas. 

De Canarias a Galicia, Portugal o Cádiz

La propuesta de Fernaud conecta Canarias con territorios marcados por el océano: desde Galicia y el País Vasco hasta Portugal o Cádiz. Sobre este mapa atlántico se despliega una carta de cocina y vinos donde conviven recetas con arraigo insular —como las garbanzas de guachinche (14 euros)— con guiños a la memoria familiar, entre los que destaca la presa ibérica con salsa de frutas secas (19,50 euros), fórmula heredada de la madre del fundador.

Dos imágenes de comida y bebida / FERNAUD

De hecho, los vínculos familiares son protagonistas en el establecimiento: cuelga de sus paredes una fotografía de Pepe, el abuelo del fundador, Eduardo, tomada en Bajamar (Tenerife) en 1937. En ella, el predecesor aparece vestido con una bata mientras el resto posa con ropa de calle. “Disfrutón y anfitrión por naturaleza, representa una forma desinhibida de recibir y celebrar que atraviesa todo el proyecto”, proclaman.

Gildas, quesos isleños o alcachofas con crema de almogrote

La mesa se completa con una selección pensada para compartir que incluye gildas (3,50 euros la unidad), brioche de sardina (6,50 euros), ensaladilla (12,50), una selección de quesos isleños (19 euros) o alcachofas con crema de almogrote de La Gomera (19 euros tres unidades).

Una vista del interior / FERNAUD

“Y aquí, sobre todo, se bebe y bien, con una carta de vinos concebida como una de las grandes protagonistas de Fernaud, con una selección que se centra en pequeños productores, variedades singulares y vinos marcados por la influencia atlántica: frescos, minerales, salinos, volcánicos y profundamente vinculados al territorio”, expone el establecimiento.

Carta de vinos

 Aparecen albariños de Rías Baixas, godellos de Ribeira Sacra, vinos vascos elaborados con Hondarrabi Zerratia, etiquetas de Gredos, referencias portuguesas y una cuidada representación de las islas Canarias. El vino más económico de la carta es Nekeas, un blanco navarro (chardonnay y viura), que cuesta 18 euros; mientras que la botella más costosa es un tinto Sansofi de Gran Canaria (59 euros).

También hay espacio para un orange de Jumilla y un celebrado espumoso elaborado según el método ancestral como Tinc set.

"Muy buen ambiente y atención"

“Me encantó la variedad de vinos y el brioche de anchoa, ¡imperdible! Muy buen ambiente y atención”, valoraba recientemente una consumidora en las reseñas de Google. “Un local con alma, personalidad, gusto y una identidad propia, de esos que desde que entras transmiten que detrás hay mucho cariño, ilusión y ganas de hacer las cosas bien”, decía otro.

"Nos sorprendió el ambiente 'cool' del sitio sin perder el toque desenfadado y elegante de Malasaña. Tiene una carta de vinos muy soprendente", aplaudía un tercero.

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