Carla Gili, olivicultora: "Nuestro aceite de oliva es un capricho"
La cofundadora de Anècdota Rural narra el camino hacia el éxito de su AOVE, premiado en los Evooleum Awards 2025 como uno de los veinte mejores del mundo
Un buen día, Carla Gili dejó su trabajo como diseñadora de producto en Barcelona para volver al pueblo que la vio crecer, Montgai (Lleida), y acompañar a su padre, recién jubilado, en su quimera particular: producir aceite de olivos centenarios.
Ahora que dicha quimera se ha convertido en una nueva forma de vida y que su aceite de oliva virgen extra ha sido premiado en los Evooleum Awards, conocidos como los Oscar del aceite, entrevistamos a Carla Gili en la terraza de Juno House, el primer club privado creado por y para mujeres en Barcelona.
--No hay jubilación que por bien no venga.
--Mi padre, a raíz de jubilarse, buscó un hobby, porque es de esa gente que no sabe parar, y empezó a plantar olivos. Yo me dedicaba al diseño de producto en Barcelona y, de una forma muy naíf, dije: ‘Bueno, pues vamos a diseñar una botella y vamos a venderla’. Luego ves que no es tan fácil y te terminas enredando. Y llega un momento en el que vuelvo al campo, es decir, vuelvo a casa a vivir con mis padres.
--Vuelve al campo para apostarlo todo a los olivos.
--Sí. Tenía un pálpito de que terminaría emprendiendo porque lo había vivido: mi padre, en su día, ya tuvo una empresa. Entonces, vuelvo a casa, me quedo a vivir con ellos y, en un momento dado, pasó una campaña y a la siguiente dijimos: ‘Ostras, tenemos una marca, tenemos un sistema de trazabilidad completa, tenemos el foco en comunicar este foco para que llegue al consumidor final, ese consumidor urbano que tiene menos posibilidad de conectar con el origen, pues vamos a compartirlo’.

--Y así nació Anècdota Rural.
--Exacto. Ahí es cuando empezamos a colaborar con otros agricultores de la zona y a hacer aceites de finca.
--¿Recuerda el momento exacto de catar el aceite y darse cuenta de que tenía una delicatessen?
--Sí, fue gracias a los molinos. El momento en el que descubres una almazara muy pequeña que trabaja con muchísima calidad cambia la perspectiva. De una mala aceituna, no vas a sacar un buen aceite, pero de una buena aceituna puedes sacar cosas muy distintas. Y aquí influye muchísimo el molino.
--¿Hasta qué punto influye el molino en la calidad del aceite?
--Nosotros cosechamos, de fincas muy distintas, pero lo llevamos a un molino u a otro en función de las necesidades de cada finca. En el momento en que conocimos el molino L’Olivera, que es con el que más trabajamos y que es un molino que emplea a personas con riesgo de exclusión, fue como ¡Buah!. El aceite explota. Tiene muchísima expresión. Es artesanía. Con una cosecha a mano, tradicional, como la nuestra, es una cosecha lenta y tienes que asegurarte de que no se calienta el fruto, para que no se oxide y para no perder aromas. Si eso tú lo llevas a una almazara pequeña, que cuando hace la pasta del batido la trabaja lento para no subir la temperatura, consigues encapsular muchísimo mejor los aromas.
--Un trabajo artesanal.
--Sacarás menos rendimiento y es mucho más caro de producir, no solo por tu método de cosecha, sino por su tipo de maquinaria: puedes llevar un máximo de 2.500 kilos versus los 4.000 kilos que llevas a un molino grande. Es un trabajo muy artesanal y un proceso muy lento.
--Se sube al tractor, poda, cosecha, envasa y ha creado una marca. ¿Cómo se define? ¿Cómo agricultora, olivicultora o emprendedora?
--¡Qué difícil! No siento que sea una sola cosa... Estoy en la cosecha, en la poda y, sobre todo, en tareas más técnicas de tratamientos ecológicos, controles de riego y atomizadoras, pero la realidad es que ahora ya no estoy tanto en el campo, sino en la parte de envasar y comercial. Estoy más en la parte del aceite, no de la aceituna. Me siento más como un puente. Es un poco abstracto. Siento que entiendo bien y valoro mucho al agricultor. Siento que puedo conservar y trasladar el valor del agricultor a la ciudad.
--En 2025, Evooleum sitúa vuestro AOVE entre los 20 mejores del mundo de producción limitada. ¿Qué supone eso para un proyecto tan joven?
--Te da un aire… Es como que puedes respirar, ¿sabes? Cuando empiezas, necesitas un estímulo de aprobación externa. Y fue con el aceite de Lagravera, que es una colaboración con unos viñedos de agricultura biodinámica en Alfarràs que cosechamos nosotros y nos hace mucha ilusión.

--¿Dónde se pueden comprar los aceites de Anècdota Rural, además de vuestra página web?
--En Barcelona estamos en Colmado Múrria, Funky Bakers y en varias cafeterías de especialidad como Bárbara Baker o Forno Bomba. Y en Madrid en La Pastora, La Central de Pastas, El Colmado de Bienes… Y luego también estamos en Pyrénées de Andorra y con nuestro producto más genérico estamos empezando con algo de retail, que es un poco más complicado porque tienes que encontrar el equilibrio y defender mucho lo tuyo, pero queremos que llegue al mercado más extenso el concepto de aceite de finca para defender esta trazabilidad y sentar un precedente.
--¿En qué supermercados se pueden encontrar?
--Este año hemos entrado en Carrefour y, si nada falla, esta cosecha se podrá encontrar también en Veritas.
--¿Cuál es su cliente tipo? Por el precio de la botella, una persona de poder adquisitivo medio alto, ¿no?
--Desgraciadamente, sí.
--¿Y cómo encaja en Carrefour?
--Hemos ido probando. ¿Sabes qué pasa? Yo soy una persona de prueba y error. Al final, no puedes ir cerrando puertas sin probar, tienes que ir viendo cómo encajan las cosas. En Carrefour sólo estamos en los 27 hipermercados de Cataluña, donde hay muchas marcas. El que busca una marca, allí la encuentra. Y va bien, pero también es verdad que, desgraciadamente, lo que estamos creando es un producto que es un capricho. Es la fórmula que hemos encontrado para defender fincas que podrían estar en riesgo de exclusión. Desgraciadamente, estamos en un mercado muy desprotegido y hay mucha variación de precios.
--Por suerte, también han creado el Espacio Anècdota. ¿Cómo funciona exactamente?
--Intentamos que el campo sea de puertas abiertas para todo el mundo y que la gente pueda venir a la finca. Esto se materializa con colaboraciones y distintas actividades. Hemos hecho desde fiestas de nueva cosecha, hasta stand-up comedies, cuentacuentos y catas en la ciudad. Y también abrimos al público el nuevo obrador los tres fines de semana antes de Navidad.
--Ahora que habla de la Navidad, ¿sus aceites están en alguna cesta?
--Nosotros hacemos cestas muy en petit comité, pero nos hace mucha ilusión anunciar que hemos empezado a trabajar con Pekata, una empresa de Barcelona que hace unos lotes espectaculares.
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