Siendo apenas un zagal de entre 18 y 19 años, caminaba por calles italianas mientras aprendía el oficio de heladero. Se implicó para ganar maestría. Empezó a estudiar con ahínco, no se contuvo a la hora de invertir y terminó por abrir sus propias heladerías e incluso franquiciar en Sevilla, donde echó raíces y construyó su vida familiar. Años más tarde, sus hijos Pablo y Álvaro Valladares, quienes conocen los detalles detrás de la tarrina, han decidido continuar el oficio. Eso sí, de una manera un tanto distinta.
Un día, los dos hermanos se preguntaron por qué no existía un helado que pudieran comer todos los días sin sentir que estaban rompiendo con una dieta saludable. Lejos de ser una pregunta retórica, en 2018 dieron con la respuesta y crearon Olimpro, un helado proteico artesanal, despojado de su estigma de pecado, que busca reconciliar el placer con la nutrición.
El inminente salto de Olimpro al gran consumo
Con una facturación de 400.000 euros en 2025 y una proyección de 1,5 millones para este 2026, la compañía acaba de cerrar una ronda de financiación de 300.000 euros. Wingenia e Inversiones y Proyectos Digitales LP se suman al accionariado, aunque los hermanos Valladares mantienen el timón. El objetivo es multiplicar por diez su capacidad productiva y dar el salto al gran consumo en abril, pero sin perder la disciplina artesanal italiana que heredaron de su padre.
Antes de empezar la entrevista, Pablo Valladares comenta a Consumidor Global que su hermano Álvaro tiene que atender unas reuniones por lo que la conversación se realizará únicamente con él, ya que están inmersos en un momento muy intenso con el salto de Olimpro al gran consumo.
--Ni el placer absoluto de un helado cargado de azúcar, ni la resignación ante un producto 'fit' insípido
--Hemos rizado más el rizo. Nos hemos acostumbrado a que el helado proteico tienda a ser insípido, mientras que el tradicional, aunque delicioso, está vetado si quieres cuidarte. Nosotros nos hemos posicionado en un hueco que entendíamos que nadie ocupaba: justo a la mitad entre lo indulgente y lo saludable. Ni somos cero calorías, ni somos un millón de calorías. Nos mantenemos, más o menos, en cuatro veces menos calorías que un helado convencional, pero sin renunciar a hacer un helado de verdad.
–¿Esa es vuestra verdadera diferencia con el resto de helados proteicos del mercado?
--Nuestra gran diferencia con otros helados de proteína es que no recurrimos al maltitol o a los polialcoholes para bajar calorías o quitar azúcar, porque al final son abrasivos para la salud.
--Acuñáis el lema 'Everyday Ice Cream'. ¿Realmente una persona puede comerse un helado de Olimpro a diario y mantener una dieta saludable?
--A ver, cada persona es un mundo. Yo hago mucho deporte y me puedo comer un helado todos los días, pero también me puedo comer 25 filetes de pollo. A lo mejor hay una persona a la que no le conviene comer 25 filetes y es mejor que coma siete. La idea es que puedas echarte una proporción justa en un vasito, darte el gustazo de algo dulce y tener un rato agradable sin sentirte culpable. Ni siquiera inmediatamente después, porque gracias a la fibra prebiótica no es un producto que empalague o te pese en el estómago.
Yo hago mucho deporte y me puedo comer un helado todos los días, pero también me puedo comer 25 filetes de pollo
--Pero al quitar el azúcar y evitar edulcorantes artificiales, ¿cómo garantizáis que no se sacrifica el sabor clásico del helado artesanal?
--Justamente ahí está el reto. Queríamos mantener la esencia, que tuviera una textura de verdad y que estuviera bueno de verdad. Ahora que hemos dado el salto para aumentar la producción y hemos metido maquinaria nueva, estamos haciendo que la máquina se adapte a nosotros, y no nosotros a la máquina. Nos ha costado tiempo afinar los procesos porque no es lo habitual en la industria, pero no íbamos a dejar la calidad de lado. Es lo que nos caracteriza.
--Cuando escucho "helado proteico", automáticamente pienso en el gimnasio. ¿Vuestro público son las personas deportistas?
--Al principio pensábamos que sí, pero vimos rápidamente que nuestro cliente es mucho más normal de lo que creíamos. Te pongo un ejemplo: yo soy deportista, pero tengo amigos que van al Burger King, se piden una hamburguesa y la acompañan con una Coca-Cola Zero. Muchas veces decimos: "Oye, ¿por qué te pides la Zero si te estás comiendo una hamburguesa?". Porque la gente quiere equilibrar. Si te quieres comer un postre, vas a buscar uno que, dentro de toda la variedad, sea el mejor a nivel de salud. Si le das a elegir al público general entre algo saludable y algo que no lo es, y ambos están ricos, elegirán lo saludable.
–¿Cuáles son vuestros sabores más destacados?
--Entre nuestros sabores estrella destacan el chocolate blanco, la Black Cookie, la tarta de queso y el chocolate Dubai. Además, también están los 'Drops', que son ediciones limitadas por temporadas como San Valentín o Semana Santa, y colaboraciones con marcas afines.
--Ahora con una ronda de financiación de 300.000 euros vais a multiplicar la producción por diez. ¿Cómo ve este crecimiento tu padre?
--¡Mi padre está como un chiquillo! Tiene 59 años y, con tres o cuatro heladerías abiertas, estaba ya empezando a delegar. Pero ahora, si yo me levanto a las siete de la mañana, él se levanta a las seis para decir que echa más horas que yo (Ríe). Le hemos dado un vuelco a su mundo, pero manteniendo la base del helado artesano que a él tanto le gusta. Está espléndido. El equipo interno y sus más de 30 años de experiencia son la garantía de que, aunque automaticemos procesos, seguimos controlando para no industrializar el producto por completo.
--Habéis apostado por mantener la fabricación en Sevilla. ¿Qué importancia tiene el arraigo local en la identidad de vuestra marca?
--Nosotros nos hemos criado comiendo productos de la tierra. Parece una tontería, pero la miel que lleva el helado es miel local de abejas de Doñana. Entre eso, la cultura del producto artesano del sur, y las raíces italianas de la familia de mi padre donde todo se hace con mimo, se ha creado una fórmula de valores. No concebimos hacerlo de otra manera que no sea cuidando las materias primas.
--¿El hecho de ser artesanal aumenta su precio?
--No. Trabajar con mayor volumen nos va a dar la oportunidad de ser más competitivos. Queremos que todo el mundo se lo pueda permitir.
--Con la ampliación de capital y la llegada a gran consumo, ¿veremos pronto a Olimpro en supermercados como Mercadona o Carrefour?
--A principios de abril ya esperamos estar en los lineales de gran consumo. Es cierto que vinieron a vernos de algunas grandes superficies muy conocidas como Mercadona, pero decidimos que en ese momento no estábamos del todo alineados en cómo entendían ellos el producto y cómo lo entendemos nosotros. Vamos despacito y con buena letra.
--Ahora vemos proteínas en absolutamente todo: yogures, panes, galletas... ¿Crees que esto acabará sustituyendo al dulce tradicional?
--Creo que la etapa en la que la industria le ponía el sello de "proteína" a cualquier cosa y la gente lo compraba a ciegas ya ha pasado. El consumidor tiene cada vez más conciencia. La mayoría le da la vuelta al envase para leer los ingredientes. Si el producto no es leal con el cliente, dejarán de comprarlo.
--De hecho, justo la semana pasada La Menorquina anunció que dejarían de vender Punky, aquel helado con forma de pingüino que era todo azúcar
– Sí, cuando el cliente ve la cantidad de azúcar ya deja de comprarlo. Con los "Sin azúcares añadidos" pasa igual; a veces pagas más por un producto lleno de edulcorantes peores. El futuro es la transparencia y la lealtad al consumidor.
--Para terminar, una curiosidad. ¿De dónde viene el nombre Olimpro?
--(Ríe) Cuando empezamos no teníamos mucha idea de marcas. Estábamos muy enfocados en el mundo del gimnasio, así que lo relacionamos con el poder, los dioses, y le pusimos Olimpo. Los sabores se llamaban Poseidón, Atenea, Zeus...
Cuando nos dimos cuenta de que nuestro público era más amplio, pivotamos. Contactamos con el equipo que hizo la marca Vicio, vimos cómo trabajaban y estuvimos un año haciendo un rebranding brutal. Pusimos muchos nombres sobre la mesa, pero decidimos evolucionar a Olimpro. La terminación "pro" daba a entender que llevaba proteína, y fonéticamente sonaba muy bien, te daba la sensación de algo cremoso, de nata. Aunque la idea original de los dioses ya no es nuestro foco, el nombre nos sigue encantando.