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Rafa Camps, el filósofo del vino natural: “Sienta mejor un vino cuyos procesos son más artesanos"

El ideólogo de La Natural Wine Shop defiende el valor de las catas y apuesta por un tipo de vino alejando de los procesos industriales en el que no molestan ciertas imperfecciones

Juan Manuel Del Olmo

Rafa Camps / LA NATURAL

En algún momento de la conversación se define como “un poco desastre”, y parece creerlo a medias; en algún otro divaga y, aunque es ágil, casi siempre espera un segundo antes de responder. No es poca cosa, esa brizna de reflexión. Su diálogo, como sus vinos, tiene una ligera efervescencia que puede contagiar. Rafa Camps declara en la página web de La Natural que trafica con vino “y con lo que hay detrás de él: pasión, amor, aventura, territorio, ideas, manos y ganas de vivir”.

Comenzó en el mundo del vino natural hace unos 13 años, y ahora brinda “pequeñas chapas” sobre estos brebajes en su cuenta de Instagram, con frescura y cercanía. Entre sus mandamientos figura el uso inexistente o ínfimo de sulfitos al embotellar, la consagración a las levaduras autóctonas y la prohibición de acidificar, clarificar, filtrar mecánicamente o usar aditivos. Su templo es La Natural Wine Shop, sito en la barcelonesa Travessera de Gràcia, 184. Hablamos con él.

Un filósofo que hace vino

--Se define como filósofo contra la voluntad de su padre, “que prefería un abogado”. Dígame algo que le haya aportado su formación filosófica para su actual trabajo en el mundo del vino.

--Al final, la filosofía no es otra cosa que hacerse preguntas. Lo que te mueve es la inquietud por saber, por descubrir, por conocer qué hay detrás de las cosas. Creo que este motor está también en el mundo de la artesanía, en cualquiera de sus manifestaciones, y también en la del vino, por supuesto.

La Natural / LANATURAL

--Hace unos meses hablamos con Rodrigo Espinosa, enólogo jefe de Marqués del Atrio. Sostenía que hoy, la mayoría de vinos en España se hacen de forma correcta. “La calidad del vino, incluso la de los baratos, es adecuada”, afirmó. ¿Está de acuerdo?

--Puedo estar de acuerdo, aunque no sé exactamente qué sentido quería darle a esa frase porque no estaba en la conversación. Quiero decir, en los vinos que hacemos nosotros, ciertos defectos que identifican que el vino no es perfecto (los que no impiden beberlo, por supuesto) forman parte de su mundo, del que yo defiendo al menos. Sin oponerme a esa frase, pienso que hay diferentes maneras de entender la adecuación del vino. Ahora bien, por supuesto, creo que en cualquier sitio de España puedes encontrar buen vino a buen precio.

--¿Cuál cree que es el perfil de la persona que a día de hoy consume vinos naturales y se interesa por ellos?

--Creo que principalmente es gente de entre 30 y 50 años que entiende que hay una manera distinta de comer y de beber. Buscan conocer qué hay detrás de aquello que consumen.

Copas de vino / UNSPLASH

--He visto algún vídeo en el que defiende que los vinos naturales dan menos resaca, ¿cómo es esto?

--Bueno, al final el vino lleva alcohol, con lo cual si te excedes no te sentará bien. Pero sí es verdad que en el vino natural no hay ciertos ingredientes que llevan a digestiones más pesadas y, por tanto, a forzar más el hígado. Las resacas son inflamaciones, y yo creo que el natural es un vino menos inflamatorio por cómo está hecho.

--¿Hasta qué punto se puede afirmar que un vino natural es más saludable que uno tradicional?

--Es que yo considero que el vino tradicional es el natural, porque durante siglos se ha hecho sin ingredientes enológicos añadidos. Los procesos de vinificación eran muy crudos, por así decir, y hasta finales del siglo XIX no se produce esa revolución industrial en la gastronomía con la que comienzan a hacerse vinos corregidos o diseñados. Con lo cual, el natural es el que se despoja del uso de ingredientes correctivos o añadidos. Dicho esto, no sé si uno es más saludable que otro. Yo sé que me sienta mejor un vino cuyos procesos son más artesanos que industriales. Me pasa con el vino, pero también con el pan, el queso u otros productos. 

Viñedo / UNSPLASH

--Algunos alegan que el vino natural puede esconder defectos bajo la bandera de la “espontaneidad”. Es algo que también ocurre con las personas: bajo esa apariencia de carácter y naturalidad lo que hay es un indeseable. Para alguien que esté empezando, ¿cómo se distingue un vino original, con carácter, de uno que simplemente está mal hecho? 

--Estoy muy de acuerdo con ese paralelismo. Es verdad que no vale ofrecer algo “natural”  que tenga contaminaciones y defectos, como el Brett, que es una bacteria que hace unos años estaba presente en muchísimos vinos naturales de España. Ahora casi no se encuentra. Ahora bien, hay personas de muchos tipos. Personas que son muy nerviosas, o muy cañeras o que están todo el rato haciendo actividades, y otras más tranquilas, que dan paz, que buscan más relajación… Y creo que la magia del vino natural es que tiene la energía de la persona que lo ha hecho. Es algo que no puedo defender químicamente, pero para mí es una certeza. Así que también dependerá de hasta dónde quiera llegar cada uno y qué tipo de vino quiera beber. Evidentemente, yo aconsejaría empezar por cosas que no te rompan mucho los esquemas al principio, para que puedas ir investigando paso a paso.  No obstante, yo empecé en el mundo del vino natural con propuestas, digamos, radicales, y me pareció fascinante. Cada uno escoge. También importa interesarse por los proyectos, ir a una cata…

--Precisamente, ¿qué papel tienen las catas en la comprensión o la experiencia? 

--Yo doy bastantes catas, y creo que a la gente le gusta encontrarse con personas que le expliquen qué hay detrás. Así es más fácil fascinarse, y para mí tiene un interés especial. Ahora bien, una vez que haces la cata, el vino te tiene que gustar. Es igual que con las etiquetas. Nosotros jugamos mucho con ese papel estético: que la etiqueta te atraiga está guay, pero lo que realmente te tiene que hablar es el vino. Con las catas sucede algo parecido. 

Una persona sirve una copa / PEXELS

--Ustedes están en Barcelona, pero, ¿podría recomendar dos o tres sitios para comprar o beber vino natural en Madrid?

--Hay bastantes, es difícil nombrarlos todos. Angelita es una meca del vino en general, no solo natural, y me parece un sitio interesante para descubrir. También me gustan mucho La Llorería, Casa Cometa, Casa Neutrale, Fun Fun… Y luego hay multitud de cafeterías de especialidad que venden. Dot Café también está chulo. También tengo ganas de ir a Montia, que no está en Madrid exactamente, pero está cerca. 

--Los jóvenes consumen menos alcohol y este patrón preocupa a muchas bodegas. ¿Qué piensa al respecto?

--Creo que es mucho más interesante que un joven beba un buen vino, sea natural o no, que una bebida edulcorada con no sé cuántos gramos de cafeína y azúcar. No tiene ningún sentido, argumento ni cultura de ningún tipo. No olvidemos que el alcohol puede ser muy peligroso, pero hay que entender que el problema del alcoholismo no es del vino, sino de una sociedad que fomenta el vacío y el consumo sin cerebro. Es eso lo que hay que curar, no dejar de beber vino con moderación.

Varias personas en una bodega / PEXELS

--¿Qué opina de la tendencia de los vinos sin alcohol?

--Yo soy de los que considera que un vino desalcoholizado no es un vino, es otra cosa; al igual que lo es una hamburguesa que no lleva carne o un queso que no está hecho con leche. Pero eso no quita que, si hay alguien que lo desea y alguien que lo ofrece, pues bienvenido. Yo soy muy poco partidario de las guerras en general. Pero ésta es una corriente que no está de paso. A día de hoy, la manera de hacer vino natural sin alcohol es el mosto, que es una bebida súper saludable y si está bien hecha está buenísima. Pero el alcohol forma parte del espíritu del vino. Emborracharse es horrible y contrario a la filosofía de cualquier persona que haga vino, pero tener un toquecito de luminosidad que te provoca ese punto de alcohol forma parte nuestra cultura.

--Luminosidad es una buena palabra.

--Sí, pero pasar de la luz al desenfoque también es fácil y hay que ir con ojo.