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Von der Leyen quiere que comas más proteínas europeas mientras firma Mercosur

El nuevo Plan de Acción sobre Proteínas de la Comisión Europea aspira a “crear un sistema más autónomo y sostenible, al tiempo que se diversifican las fuentes de importación”

Juan Manuel Del Olmo

Ursula Von der Leyen, presidenta de la Comisión Europea / EUROPA PRESS - CONTACTO - WIKTOR DABKOWSKI

Un fantasma recorre el mundo: el fantasma de la proteína. Este espectro está obligando a las potencias agroalimentarias a redibujar el mapa del consumo, inquietas entre la urgencia de alimentar a la ganadería y la transformación progresiva de nuestros platos

“Es probable que las proteínas de los productos lácteos experimenten el mayor aumento relativo en la dieta de los europeos, a medida que disminuye el consumo de carne (con la excepción de la carne de ave)”. No es una hipótesis al vuelo: el pronóstico aparece en el nuevo Plan de Acción sobre Proteínas de la Comisión Europea, una hoja de ruta que aspira a agitar el avispero de una Unión Europea (UE) que se debate entre la retórica de la sostenibilidad y el pragmatismo de sus acuerdos comerciales

Reducción del consumo de carne

Al revisarlo, resulta imposible no recordar la polémica que generó Alberto Garzón cuando, en 2021, recomendó reducir el consumo de carne por razones de salud y sostenibilidad ambiental. Aquella declaración del entonces ministro de Consumo desató una tormenta política y el rechazo enérgico de gran parte del sector, que la tachó de ocurrencia o de ataque directo a la economía rural. 

Piezas de carne / PEXELS

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, dejó una frase para la posteridad: "Donde me pongan un chuletón al punto, eso es imbatible". Mucho ha cambiado desde entonces, y ciertas cosas que se antojaban imbatibles ya no lo son tanto. 

Pensar la autonomía estratégica desde la alimentación

La preocupación se extiende por el Viejo Continente. “Europa se encuentra en una encrucijada. En un mundo que cambia rápidamente y en medio de una creciente incertidumbre, se necesitan medidas audaces para impulsar nuestra competitividad económica al tiempo que se refuerza nuestra autonomía estratégica”. Con este lenguaje de tintes casi bélicos arranca el texto sobre el Plan de Acción de Proteínas, lo que muestra por dónde van los tiros.

“Desde la Unión Europea, cuando se habla de autonomía estratégica se hace desde una perspectiva de seguridad, relacionada con la prevención ante crisis geopolíticas, pero no pensando desde el derecho a alimentarnos y a decidir cómo nos alimentamos”, explica a este medio Sarahi Boleko, técnica de Alimentación de la Federación de Consumidores y Usuarios CECU. 

Piezas de ternera expuestas en un mercado / EUROPA PRESS - EDUARDO PARRA

Impacto del comercio internacional

Mano a mano con otras entidades, como COAG, WWF o la Academia Española de Nutrición y Dietética, CECU ha elaborado un documento en el que aplaude algunas de las decisiones de la UE respecto al futuro de la producción proteica y matiza otras. Sobre todo, apuesta por dirigir la iniciativa hacia una potenciación de una dieta mediterránea accesible, justa, saludable y sostenible. No es poca cosa.

A la organización le chirría, eso sí, que Bruselas hable de autonomía alimentaria sin tener en cuenta “cómo impacta actualmente el comercio internacional”. Al respecto, el enorme descontento de los agricultores europeos por el acuerdo suscrito con Mercosur, que conllevará la entrada de miles de toneladas de carne sudamericana a precios competitivos, no se ha apaciguado.

Piensos y alimentos para humanos

Mientras CECU habla de “escenarios de competencia desleal que afectan especialmente a las personas productoras locales”, Bruselas prefiere pasar de puntillas por el conflicto. Su hoja de ruta, que se enmarca en la Estrategia Ganadera de la Unión Europea, aborda dos grandes áreas: los alimentos proteicos para consumo humano y los piensos para el ganado

El comisario europeo de Agricultura y Alimentación, Christophe Hansen / EUROPA PRESS - MATIAS CHIOFALO

En ambos frentes, la UE aspira a “crear un sistema de proteínas de la UE más autónomo y sostenible, al tiempo que se diversifican las fuentes de importación”. La pirueta, según la Comisión, reactivará las zonas rurales y nos acercará a la neutralidad climática en 2050. El problema, como casi siempre sucede con las declaraciones comunitarias, es que falta concreción.

Afianzamiento de derechos y precios más justos

“Creemos que España podría aprovechar esta oportunidad para reforzar los derechos de las personas productoras e implementar un precio justo para las personas consumidoras”, arguye Boleko. 

Con todo, cualquier debate sobre alimentación debería partir de la consideración de un hecho demoledor: el precio de los alimentos se ha encarecido un 37% en los últimos cinco años, según el INE. Por ello, suena bien incentivar la producción nacional y local de legumbres, priorizando aquellas producidas en pequeñas y medianas explotaciones agrícolas, pero el bolsillo del consumidor debe poder responder.

Distintas legumbres / FREEPIK

Legumbres que vienen de Canadá, Estados Unidos, México o Argentina

“Es el problema principal. Desde CECU apostamos por un consumo de calidad, sostenible y saludable, pero vemos cómo supermercados y grandes plataformas de distribución todavía siguen importando legumbres desde Canadá, Estados Unidos, México o Argentina”, reconoce Boleko. De hecho, España produce apenas el 33% de las legumbres que consume, lo que significa que alrededor del 67% son importadas.

“Lo que vemos es que no hay financiación suficiente para que los productores puedan apostar por las legumbres en su rotación de cultivos, lo que sería importante para que los precios bajasen”, considera la experta de CECU. “Si no tenemos precios justos, se nos olvida si algo es saludable o no”, añade.

Diferencias por regiones

En la UE, el 64% de la proteína consumida por humanos es de origen animal. Esta proporción aumenta al 67% en los EE.UU., mientras que, en China, la situación es radicalmente distinta: la proteína de origen vegetal representa el 59% del consumo de proteína por parte de humanos. 

Una persona bate huevos / PEXELS

Por su parte, en España, el consumo medio de legumbres se sitúa en torno a 3,36 kg por persona al año, muy por debajo de los 11,5 kg anuales recomendados por la Agencia Española de Seguridad Alimentaria y Nutrición (Aesan). 

Mejor lentejas y garbanzos que tofu y soja

El tofu y la soja pueden sumar en algunos contextos, pero desde CECU apuestan por impulsar lo que ya existe y la gente conoce. “Si tienes que dejar las lentejas en remojo, quizá con el ritmo de vida actual no te dé tiempo a prepararlas, pero en conserva sí es una gran opción”, tercia Boleko.

Hacer que su consumo se antoje atractivo, prosigue, también implica incorporar las legumbres en los entornos alimentarios y en el día a día. “En redes sociales, con todo el auge fitness y de los gym bros, vemos que muchas personas recomiendan, por ejemplo, opciones interesantes como ensaladas de garbanzos baratas y rápidas. Eso también tiene su influencia”, valora la experta.

Ensaladas de garbanzos con feta / PEXELS

Salvaguardar el sector ganadero

En esta línea, la UE admite una paradoja: fabricar algunas nuevas proteínas alternativas consume más energía y contamina más que las proteínas convencionales a las que potencialmente podrían sustituir. “Por último, la diversificación de las proteínas debe llevarse a cabo salvaguardando la competitividad y la viabilidad a largo plazo del sector ganadero europeo”, dice Bruselas, para tranquilizar a una industria que no dudará en armarla si se ve amenazada. 

“Creemos que un aumento del consumo de productos vegetales puede darnos acceso a un consumo de carne tal vez menor, pero de una carne mejor. Una alimentación saludable también tiene que ver con la calidad de la carne que consumimos”, dice Boleko. 

Distintas legumbres / FREEPIK - azerbaijan stockers

El detalle de los insectos

Otro detalle del texto cuyo desarrollo próximo conviene no infravalorar es la mención a los insectos, fuente alternativa de proteínas que “se aceptan actualmente, sobre todo, como piensos, aunque están disponibles en el mercado alimentario”.

“Lo mejor tal vez no esté en la innovación, sino en lo que ya funciona y lo que las personas consumidoras acogen con mayor simpatía”, zanja Boleko.