Experto en energía eólica: "No dejes el aire acondicionado puesto para refrescar la habitación"

Rubén Linacero, especialista de Mint en el Curso de Energía Eólica y Renovables, desmonta los mitos para bajar las temperaturas ante la ola de calor

Rubén Linacero, experto de Mint en el Curso de Energía Eólica y Renovables / CEDIDA
Rubén Linacero, experto de Mint en el Curso de Energía Eólica y Renovables / CEDIDA

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Mientras las olas de calor se vuelven cada vez más frecuentes e intensas, también regresan los mismos consejos para mantener la casa fresca. Cerrar las cortinas, poner hielo delante del ventilador o comprar pequeños aparatos que prometen enfriar una habitación por unos pocos euros forman parte ya del ritual de cada verano en las redes sociales de turno. Pero ¿cuánto hay de cierto en todo ello?

Rubén Linacero, experto de Mint en el Curso de Energía Eólica, invita a mirar el problema desde la física y no desde los remedios milagrosos. Habla de radiación, evaporación, arquitectura tradicional y adaptación al cambio climático, pero también de hábitos cotidianos que pueden marcar la diferencia. Porque, sostiene, el reto no pasa solo por consumir más electricidad, sino por aprender a convivir con el calor de una forma mucho más inteligente.

--Pregunta: Cada verano reaparecen consejos para refrescarnos. ¿Cuáles son los grandes mitos que seguimos repitiendo año tras año?

--Respuesta: Hay un poco de todo. En cuanto empiezan los primeros episodios de calor aparecen aparatos que prometen solucionar el verano por 50 o 60 euros y eso no es real. Hay formas de ahorrar energía y de estar más cómodos, muchas basadas en la evaporación del agua, pero si hablamos de combatir una ola de calor intensa, hoy por hoy la única alternativa realmente eficaz sigue siendo el aire acondicionado.

Una persona se hidrata durante una ola de calor con temperaturas extremas / SALAS - EFE
Una persona se hidrata durante una ola de calor con temperaturas extremas / SALAS - EFE

--P: También hay ocurrencias caseras. 

--R: Muchas de estas ocurrencias virales se hacen mal. Por ejemplo, estos días hemos visto en París cómo algunas personas colocan papel de aluminio en las ventanas. Bien puesto tiene sentido; mal colocado puede hacer incluso que la vivienda se convierta en un invernadero.

--P: ¿Cuál es la forma correcta para gestionar esto? 

--R. Todo depende de cómo entra el calor en una vivienda. Existen tres mecanismos: radiación, conducción y convección. En verano, el más importante es la radiación solar. Lo que tenemos que impedir es que esa radiación atraviese la ventana. Me explico. Cuando cerramos una cortina interior, la radiación ya ha pasado el cristal. Choca contra la cortina, cambia de longitud de onda y queda atrapada dentro de la vivienda, produciendo un efecto invernadero. Tendremos menos luz, pero no necesariamente menos calor. 

--P: Entonces, ¿cómo se debe hacer?

--R: Lo realmente eficaz es colocar una protección por la parte exterior de la ventana, de forma que el sol ni siquiera llegue al cristal. Ahí sí tienen sentido elementos reflectantes, como el papel de aluminio, o cristales preparados para rechazar parte de la radiación.

--P: En redes sociales también triunfan pequeños trucos como poner hielo delante del ventilador. ¿Hay algo de ciencia detrás de ellos?

--R: Algunos funcionan, pero solo durante un tiempo muy limitado. Poner hielo delante del ventilador es como echar hielo a una sopa: la enfría unos minutos, pero cuando el hielo desaparece deja de hacer efecto. La clave está en la evaporación. Es el mismo principio que utiliza un aire acondicionado. Cuando un líquido pasa a estado gaseoso absorbe calor del entorno. Por eso los climatizadores evaporativos pueden ser una buena alternativa en habitaciones pequeñas: consiguen bajar la temperatura varios grados con un consumo muy inferior.

--P: Muchas veces nos obsesionamos por el calor que entra desde la calle, pero olvidamos el que generamos dentro de casa. ¿Qué impacto tienen nuestros electrodomésticos y la iluminación?

--R: Tiene muchísimo impacto. Una nevera, por ejemplo, trabaja mucho más en verano y desprende bastante calor. Si pudiéramos colocarla en una zona aislada de la vivienda, parte de ese calor no acabaría dentro de casa. También ocurre con ordenadores, cargadores, regletas y cualquier aparato electrónico. Todo cable que está caliente significa energía que estamos perdiendo y que, además, termina calentando la habitación. Desenchufar equipos que no usamos o mejorar la ventilación de un portátil ayuda a reducir la temperatura.

--P: En muchos hogares intentamos ahorrar retrasando el uso del aire acondicionado hasta que el calor es insoportable. Desde el punto de vista energético, ¿es más eficiente mantener una temperatura estable o encender el aire solo cuando la casa ya está muy caliente?

--R: Esa es la pregunta del millón. Mantener el aire acondicionado funcionando constantemente a 25 o 26 grados supone un gasto energético importante. Lo más eficiente es utilizarlo cuando realmente estamos en casa y lo necesitamos. No tiene sentido dejarlo funcionando durante horas para llegar y encontrar la habitación fresca, porque un aire acondicionado baja la temperatura muy rápido, en cinco o diez minutos. Así evitamos tener el equipo funcionando sin que nadie lo aproveche.

Un aparato de aire acondicionado que tiene boba de calor / FREEPIK
Un aparato de aire acondicionado / FREEPIK

--P: Quiero preguntarle por el botijo. Es un invento milenario capaz de enfriar agua sin electricidad gracias a la evaporación. ¿Cómo funciona exactamente y cómo se puede aplicar este principio?

--R: Es un ejemplo fantástico de ingeniería tradicional. El barro tiene pequeñas porosidades que permiten que una parte del agua salga al exterior. Esa agua se evapora y, para hacerlo, necesita energía. ¿De dónde la obtiene? De la propia agua que queda dentro del botijo. Por eso cada vez está más fría.

Ese mismo principio puede trasladarse a la arquitectura. Existen edificios que utilizan sistemas de ventilación donde el aire atraviesa zonas húmedas, favoreciendo la evaporación y reduciendo la temperatura antes de entrar en las habitaciones. Es, en cierto modo, convertir el edificio en un gran botijo.

--P: La arquitectura tradicional llevaba siglos resolviendo estos problemas mucho antes de que existiera el aire acondicionado.

--R: Exactamente. En muchos países árabes existen sistemas de ventilación que aceleran el aire mediante rejillas para favorecer este intercambio de calor. Y en el sur de España ocurre algo parecido con patios, calles estrechas o zonas de sombra. Durante siglos se construyó pensando en convivir con el calor. Hoy deberíamos recuperar parte de ese conocimiento y aplicarlo a las viviendas modernas.

--P: Eso enlaza con una cuestión de fondo. ¿Estamos abordando las olas de calor como un problema que obliga al consumidor a pagar más por el aire acondicionado,  cuando quizá el verdadero reto está en el diseño de nuestras ciudades y casas?

--R: Sí. Cuando hablamos de cambio climático solemos pensar en reducir emisiones, que es fundamental, pero también existe la adaptación. El cambio climático ya está aquí y tenemos que adaptar nuestras viviendas, nuestras ciudades y nuestros hábitos. Eso implica más vegetación, menos superficies asfaltadas, etc. No solo debemos avanzar hacia energías limpias; también tenemos que preparar nuestras ciudades para convivir con fenómenos extremos, desde las olas de calor hasta lluvias torrenciales o tormentas cada vez más intensas.

--P: Para terminar, si tuviera que dejar a los lectores un único hábito para mantener la casa más fresca este verano y ahorrar en la factura de la luz, ¿cuál sería?

--R: Ventilar la vivienda al máximo durante la noche y primeras horas de la mañana, cuando la temperatura exterior baja. En cuanto empiece a hacer calor, cerrar la casa y bajar las persianas exteriores para impedir que entre la radiación solar.

Si al llegar la vivienda está caliente, utilizar el aire acondicionado unos minutos hasta bajar la temperatura y, una vez alcanzado el confort, sustituirlo por un climatizador evaporativo con buena ventilación. Así reducimos el consumo eléctrico sin renunciar a una sensación térmica agradable.

Porque al final no se trata de encontrar un truco milagroso para el verano, sino de entender cómo funciona el calor y utilizar la física a nuestro favor.