Un repartidor lanza un paquete de 17 kilos y destroza una subasta entera de John Pye
Delegar la última milla en empresas de mensajería externas no exime al vendedor de su responsabilidad de garantizar que el producto llegue intacto al comprador
Era un día lluvioso de abril cuando Christian Díez descubrió que su compra había llegado. Según él, no hubo llamada telefónica del repartidor ni aviso previo, tan solo un mensaje automatizado indicando que la entrega se realizaría por la tarde. Sin embargo, al llegar a su casa vió que un paquete de 17 kilos, empapado, había sido arrojado por encima de la puerta de entrada.
Christian sabía lo que era. Hacía unos días encontró una oportunidad en John Pye Subastas, la casa de subastas británica especializada en liquidaciones, excedentes de stock, devoluciones comerciales y productos procedentes de cierres de empresas. En aquella puja consiguió hacerse con dos tocadiscos y otros dos pares de altavoces por alrededor de 90 euros dentro de un pedido cuyo coste total ascendía a unos 250 euros.
La subasta de John Pye, totalmente destrozada
"Cuando vi el envío arrojado por encima de la puerta de entrada, tuve claro que lo de dentro no iba a estar bien", relata el afectado a este medio.
Efectivamente, al abrirlo comprobó que los dos tocadiscos habían quedado inutilizados. Las imágenes aportadas por el afectado a Consumidor Global muestran importantes daños estructurales incompatibles con un uso normal del producto "No era fácil volver a encontrar esos productos a ese precio", explica Christian sobre el verdadero valor de aquella subasta.

Una solución suplicada y agridulce
Ante aquella escena, el cliente contactó con la empresa encargada del reparto, Seur. También llamó al vendedor, pero desde la casa de subastas John Pye le exigieron el pago de 90 euros en concepto de gastos de envío para tramitar la devolución de la mercancía rota.
"Me enfadé mucho", confiesa Díez. Su indignación le llevó a presentarse físicamente en las oficinas de Seur en Getafe, donde, según explica, los propios empleados "fliparon con la historia". Comenzó entonces un pulso a tres bandas que se alargó durante un mes. Tras decenas de correos electrónicos y llamadas, la casa de subastas finalmente rectificó, aceptó la devolución sin coste y reembolsó el dinero.
"Me devolvieron el dinero, sí, pero ya era imposible volver a comprar esos productos a ese precio", lamenta el usuario. "Es difícil superar que el repartidor tire un paquete de 17 kilos por encima de la puerta mientras llueve", agrega.
El culpable: siempre el vendedor
Cabe recordar que delegar la última milla en empresas de mensajería externas no exime al vendedor de su responsabilidad de garantizar que el producto llegue intacto al comprador. Así lo dicta el artículo 66 ter de la Ley General para la Defensa de los Consumidores y Usuarios, que regula explícitamente la transmisión del riesgo, determina con claridad que el vendedor es el responsable legal de la mercancía hasta que el comprador adquiere su "posesión material".
Arrojar un bulto por encima de una valla bajo la lluvia no constituye una entrega efectiva ni exime de responsabilidad al comercio. Como el servicio de reparto lo contrata y lo propone la tienda (John Pye), el transportista actúa como un subcontratado del vendedor. Legalmente, el cliente solo tiene un contrato con el vendedor, por lo que es el vendedor quien debe responder ante el cliente y, posteriormente, la tienda ya reclamará internamente a Seur.
Al llegar el producto roto, se considera una "falta de conformidad" según el Artículo 117 y siguientes de la misma ley. Esto obliga al vendedor a subsanar el problema mediante el reembolso o la sustitución de forma completamente gratuita para el usuario, incluyendo expresamente los gastos de envío
Con el objetivo de conocer la versión de la empresa, Consumidor Global se ha puesto en contacto con John Pye Subastas trasladándole de forma detallada los hechos denunciados por el cliente. En el momento de la publicación de este reportaje, la compañía no ha emitido ninguna respuesta.

