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De la calle Petritxol al pasaje más elegante de Barcelona, la aleación perfecta de la joyería Sant

Visitamos el nuevo local de este negocio familiar centenario y hablamos con Caroline Sant Chalois, tercera generación de la joyería que lleva su nombre

Teo Camino

Caroline Sant Chalois, dueña de la joyería Sant, con diferentes piezas / TEO CAMINO

Nadie diría que se trata de una joyería casi centenaria de Barcelona. La entrada parece la puerta acorazada de un banco importante, la que aparece en La Casa de Papel, por ejemplo. De hecho, para ser honestos, este cronista transita el elegante pasaje todas las mañanas camino del trabajo y no se había percatado de la reciente apertura de una tienda de joyas.

“En la calle Petritxol llevábamos 94 años, desde 1931, y no paraba de entrar gente, pero teníamos claro que queríamos cambiar de aires y abrir en el passatge Mercader por varios motivos”, expone Caroline Sant Chalois, tercera generación y dueña actual de la joyería Sant, en declaraciones a Consumidor Global.

De la calle Petritxol al passatge Mercader

El antiguo local de la joyería Sant era una preciosa bombonería de madera, pero “necesitaba una inversión importante y decidí no hacerlo allí porque no paran de abrir tiendas de carcasas, de móviles, de camisetas de fútbol y souvenirs…”, relata Sant Chalois, quien asegura que “cada vez que cierra un comercio emblemático, abre una porquería de tienda”.

Una vitrina con joyas y el reflejo de Caroline enmarcado en el espejo / TC

“No nos convenía estar con seis bisuterías chinas alrededor y también teníamos problemas de acceso, por eso estamos encantados en el passatge Mercader, porque los clientes pueden venir en coche o taxi y parar en la misma puerta”.

La nueva joyería Sant

Si un cliente busca “joyería Sant” en Google, todavía aparece la dirección de la calle Petritxol 1, pero lo cierto es que toda la actividad se ha trasladado al nuevo local de passatge Mercader número 16. “Al principio nos dio un poco de pena, pero la aceptación ha sido excepcional”, detalla la dueña.

Y añade: “Tenemos una clientela de toda la vida, muy fiel, y les hemos acercado la joyería, a la que vienen en busca de piezas únicas, piedras preciosas y joyas clásicas”.

Joyas de 35 a 200.000 euros

En joyería Sant se pueden encontrar desde unas criollas de plata por 35 euros hasta piedras preciosas únicas que cuestan 200.000 euros. “Somos superpuristas. Solo trabajamos con materiales naturales. Y eso incluye joyas de coleccionista, como diamantes con un valor de 85.000 euros, pero también pendientes de 300 euros. Todas las piezas las diseñamos nosotros en nuestro taller de Barcelona”, relata Sant Chalois.

Así, se pueden encontrar clásicos diseñados por el abuelo de Caroline en los años cuarenta, como la pulsera de malla Estora, trenzada a mano en plata de ley con topos de oro amarillo de 18 kilates (2.100 euros).

Los tesoros de la caja de puros

Como buena coleccionista, Caroline Sant Chalois guarda lo que denomina ‘mis tesoritos’ en cajas de puros. Se trata de piezas para clientes “muy concretos”. Rarezas únicas que va sacando y ellos le dicen: ‘Montame esto con lo otro’. Porque al cliente le gusta participar en el proceso y crear piezas personalizadas.

El sótano de la joyería Sant con una mesa y obras de arte / TC

Y Caroline, tal y como se puede apreciar en la fotografía de portada, nos muestra desde una serpiente tallada en turquesa verde de Irán hasta una piedra preciosa de turmalina laguna de la que se enamoró en Alemania. “Somos una joyería de nicho, pero es una maravilla de nicho. Nuestra clientela es cultísima. Son gente de un nivel cultural muy elevado y de una enorme sensibilidad estética. Aprendemos mucho de ellos”.