Hace diez años, Sepiia nació de la mano de Federico Sainz como un proyecto universitario para acabar convirtiéndose en una propuesta poco habitual dentro del sector textil. La firma española apostó por prendas masculinas atemporales confeccionadas con tejidos tecnológicos capaces de repeler las manchas, evitar el planchado y reducir la frecuencia de lavado. Con el paso del tiempo, ha ampliado su catálogo con ropa termorreguladora, capaz de reducir la sensación térmica entre tres y cuatro grados en verano o aportar un extra de calor durante el invierno. Su crecimiento también se ha reflejado en la expansión comercial, con tiendas propias en Madrid y Barcelona y presencia en los centros de El Corte Inglés.
Su apuesta por la innovación le valió en 2025 el Premio Nacional de Innovación en la categoría de pequeña y mediana empresa innovadora, un reconocimiento que, por primera vez, recayó en una empresa del sector textil. En una entrevista con Consumidor Global, Carles Portavella, CEO de Sepiia, repasa la evolución de la compañía en esta primera década, explica por qué rechazan definirse como una marca de moda y analiza los retos de una empresa que ha hecho de la innovación textil, la funcionalidad y la economía circular los pilares de su crecimiento.
--¿Cuándo y cómo nace Sepiia?
--Hace justamente diez años. Empezó como una plataforma en Valencia a través de la universidad donde estudiaba Fede (Federico Sainz), el fundador. Se planteó por qué hoy en día la ropa sigue siendo igual que hace 20 o 50 años. Empezó a buscar soluciones tecnológicas que normalmente se aplican en el mundo del deporte, pero no en el vestir. Aunque no nos consideramos una empresa de moda.
--¿Por qué?
--Cuando hacemos ropa, la hacemos pensando en hacer la vida del consumidor más fácil. Ayudándole en su día a día para que no gaste tiempo planchando o que no se note el sudor en la prenda.
--¿Y qué tipo de tecnología se aplica para conseguirlo?
--Todas nuestras prendas tienen el secado rápido, no hace falta plancharlas y son transpirables y elásticas, pero luego se aplican tecnologías distintas. Por un lado, están las prendas Sepiia antimanchas y otras que son termorregulables. Lo que hacen es efecto refrescante en verano o efecto de calor en invierno. Las de verano bajan la sensación corporal de calor entre tres y cuatro grados de los que tienes en tu entorno. En las de invierno, dejamos el hilo hueco por dentro y actúa como el pelo de oso, que también es hueco por dentro. Así, tienes una capa de aire que te aísla del exterior. También ponemos una mini capa de nanotecnología de cerámica, que actúa como en una especie de microondas y calienta tu temperatura.
--¿De qué material están elaboradas las prendas?
--Nosotros intentamos siempre que nuestras prendas sean de monomaterial y trabajamos con un hilo reciclado. Tienen una durabilidad importante porque, por ejemplo, el blanco no se amarillea y no te encuentras residuos de nuestras camisas en el filtro de la lavadora.
--También trabajáis con poliéster, ¿no?
--El poliéster tenía una percepción mala, prendas que huelen o que marcaban las manchas. Pero el poliéster de los años 50 no tiene nada que ver con lo que tenemos en el siglo XXI. Nos hemos dado cuenta de que, si podemos correr durante cuatro horas un maratón con una prenda de poliéster, por qué no podemos utilizarlo durante el día a día. Toda esa tecnología la estamos aplicando al día a día.
--¿Se pueden hacer todo tipo de prendas o hay limitaciones?
--Se puede hacer todo. El consumidor nos empieza a ver porque también estamos en 59 centros de El Corte Inglés. Además, tenemos la división B2B porque hay muchas empresas que ven este tipo de tejido en otras aplicaciones. La mantelería del restaurante 7 Portes la hicimos nosotros. Hace un año aproximadamente, unas monjas de clausura de Mallorca nos compraron nuestro tejido para hacerse su vestimenta y también hemos fabricado los uniformes de los trabajadores de los hoteles Barceló.
--¿Qué es lo que más demanda la clientela?
--Que le hagamos la vida más fácil. No tener que planchar o poner la lavadora cada día. Nos piden productos que sean mucho más atemporales, por eso no nos consideramos moda. Evidentemente, que las prendas sean atractivas, pero nuestra camisa al cabo de cuatro o cinco años, a menos que tú morfológicamente hayas cambiado, están perfectas. Lo único que podría pasar es que no hagas el cuidado que necesita. El poliéster tiene un tratamiento distinto al del algodón. Con el antigérmenes, nos hemos dado cuenta de que al cabo de unos 90 o 100 lavados empieza a perder un poco de eficacia. Pero si a esa prenda le pasas la vaporetta, las nanopartículas que evitan el mal olor se vuelven a activar.
--¿Cuánto tiempo de desarrollo hay detrás de una colección?
--Por un lado, están las colecciones que se van presentando cada seis meses. Pero en paralelo estamos trabajando con los hilos que nos den este tipo de tecnología. A medida que vamos sacando estos hilos y que nos dan la tecnología que queremos, los aplicamos en la campaña que sea. El primer hilo warm lo conseguimos el invierno pasado. Vas un poco en paralelo a las hilotecnologías. Pero creo que esto va a ir a más. Las prendas serán inteligentes y te dirán si te estás encontrando mal o te controlarán el corazón.
--Supongo que vosotros os veis en esa línea de diseño.
--Recientemente, hemos hecho una cápsula con nuestras prendas, por el uso que tienen y por la no necesidad de lavarlas, para las científicas de Hispalia, que es esta expedición que intenta emular la vida en Marte. También estamos preparando una pequeña cápsula de prendas con la agencia española aeroespacial. Muchas tecnologías que se aplicaron para ir al espacio las primeras veces, luego han ido llegando al consumidor final. Al igual que los coches con cambio de marcha con botones, que se probaron primero en Fórmula 1 y se acabó aplicando al consumidor final. Es exactamente lo mismo con nosotros. Simplemente que en ropa no hay mucha gente que lo haga. No sé el porqué, pero a nosotros, como empresa, nos gusta. Lo encontramos divertido.
--En estos diez años, ¿cómo ha cambiado el consumidor?
--Cuando nosotros nacimos, estábamos muy enfocados en la sostenibilidad y el reciclaje. Pero hemos visto que el consumidor de hace diez años, ahora también quiere confort. No es solamente cuidar el planeta, es 'me haces la vida fácil'.
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