La manzana que te comes tiene 35 pesticidas: ¿podrían evitarse?

La mitad de las frutas y verduras que se venden en España tiene residuos de plaguicidas

Un agricultor que rocía las plantas con pesticidas / FREEPIK
Un agricultor que rocía las plantas con pesticidas / FREEPIK

Ojos que no ven, corazón que no siente. Este refrán bien podría aplicarse a la verdura y fruta que se come en España. De hecho, una manzana o una pera puede contener hasta 35 plaguicidas y las fresas hasta 37, 25 de los cuales pueden afectar al sistema hormonal. 

Estas cifras se desprenden del informe  Directo a tus hormonas de Ecologistas en Acción. En concreto el estudio alerta de que un 44 % de las frutas y verduras españolas tiene fitosanitarios, “el nombre amable de los pesticidas”, según detalla a Consumidor Global, Koldo Hernández, coordinador del área de tóxicos de la organización. Sin embargo, ¿se puede hacer algo para eliminarlos o evitarlos?

¿Qué pesticidas comemos?

El consumidor no suele pensar que determinados químicos están presentes en los alimentos que come. Sin embargo, cada año la Agencia Española de la Seguridad Alimentaria (Aesan) analiza muestras de alimentos para controlar cuántos residuos de plaguicidas llegan a los lineales de los supermercados

Así, los resultados publicados en 2021 señalan que de los 107 fitosanitarios que en 2019 dejaron restos en los alimentos, 34 corresponden a plaguicidas no autorizados por la Unión Europea y que son peligrosas para la salud. Los más utilizados son el Imazabil y el Acetamiprid. “Por lo general, los alimentos que más cantidad de pesticidas tienen son los vegetales y  frutas que se pueden encontrar todo el año”, señala Hernández. A su juicio, muchos de estos productos frescos son importados de otros países “y los africanos o israelís no tienen la misma legislación que los europeos en cuanto al uso de determinadas sustancias”.

Cuidado con las judías verdes

Las autoridades alemanas publicaron este abril una advertencia sobre las judías verdes marroquíes importadas, que contenían  altas concentraciones del fungicida Penconazol, con un nivel de residuos cuatro veces superior al máximo permitido.

Estos y otros datos similares preocupan y dirigen la mirada hacia el agricultor.“Los campesinos son los primeros interesados en dejar de emplear fitosanitarios”, insiste, sin embargo,  Agustín Serrano, gerente de la Cooperativa Agrícola de El Prat de Llobregat (Barcelona). Según él, su uso implica un encarecimiento de la producción, ya que  “estos productos no son nada baratos”. Además, asegura que su uso en la agricultura tradicional se centra en combatir las plagas, mientras en las producciones más industriales “se excede con el uso de este tipo de sustancias”.  

Una mujer con dos hortalizas / PEXELS
Una mujer con dos hortalizas / PEXELS

A la mayoría de pesticidas se les denomina orgánicos persistentes (COP) y se pueden comportar como disruptores endocrinos (DE). Según Andrea Ferré, doctora en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona, los disruptores endocrinos son una serie de sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal de las personas. Es decir, pueden causar “diferentes enfermedades relacionadas con la salud reproductiva de la mujer y del hombre, cáncer, diabetes, obesidad, hiperactividad, Párkinson  o trastornos cardiovasculares”. 

Aunque otro problema, como señala Hernández, es que “no se puede culpar de manera directa a las empresas que utilizan estos productos” porque muchas de las enfermedades que puede causar el consumo de estas sustancias son “a largo plazo y multicausales”. 

¿Se pueden evitar? 

Juan Revenga, nutricionista y autor de los libros Con las manos en la mesa y Adelgázame, miénteme, explica que la mejor arma para frenar la ingesta de pesticidas está en “lavar, pelar y cocinar de manera adecuada” todos los productos que nos metemos a la boca. Según este experto, primero hay que realizar una limpieza superficial en seco, para “quitar los restos de tierra o suciedades”. Y, después, se procede a limpiar las frutas bajo un chorro de agua abundante. 

Los alimentos frescos que tienen piel también deben lavarse. “Por lo general, se utiliza el mismo cuchillo para pelar un alimento y para cortarlo. Esta costumbre hace que el cuchillo se contamine con la piel de fuera y penetren determinadas sustancias cuando se parte el  fruto”, explica Revenga. Además, este nutricionista asegura que algunas alternativas que han aparecido en el mercado, como la Amukina, no son necesarias.

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