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El sobrecoste de los productos sin gluten: los celíacos gastan 900 euros más al año

Una barra de pan sin esta proteína cuesta 10 veces más que una convencional, un coste extraordinario e inasumible para algunos

Mónica Timón

Una barra de pan sin gluten / PIXABAY

El 1 % de la población española tiene sensibilidad al gluten. En torno a 470.000 personas deben seguir una dieta estricta de por vida en la que esta proteína, presente en la semilla de muchos cereales --como el trigo, la cebada, el centeno o la espelta--, queda fuera de su alimentación. Para quienes opinen que la cifra no es muy alta, hay que mencionar que se calcula que entre un 80 % y un 85 % de los casos aún no están diagnosticados, por lo que podría ser mucho mayor. 

No obstante, el número de celíacos sigue creciendo y, con ello, la oferta de productos sin gluten que salen al mercado. Y a mayor competencia, los precios se ajustan. En 2006 el gasto extra anual para un celíaco era de 1.911 euros más que el de una persona tolerante al gluten. Pero en 2020 se redujo dicha cantidad hasta los 902,40 euros, según datos de la Asociación de Celíacos y Sensibles al Gluten de Madrid. Y por si fuera poco, el gasto asciende a 1.070 euros si la compra se realiza en supermercados regionales, según el último informe de la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (Face). Aún así, en 14 años, el precio ha disminuido el 52,8 % o, lo que es lo mismo, se ha recortado a la mitad. No obstante, los 900 euros al año que supone seguir una dieta sin gluten no todo el mundo puede asumirlos. Los afectados llevan décadas solicitando ayudas económicas que ya existen en otros países, pero sus plegarias caen en saco roto. 

Procesos que encarecen el producto 

Los precios de los alimentos sin gluten son más elevados porque su fabricación también es más costosa para las empresas. “Deben tener líneas de producción independientes y separadas para evitar la contaminación cruzada, la materia prima certificada es más cara, la rotación de los productos en los lineales de las tiendas es inferior y hay un coste en I+D que toca asumir para adaptar el desarrollo de los productos y suplir la ausencia de gluten”, explica a Consumidor Global Blanca Esteban, responsable de seguridad alimentaria de la asociación de Madrid.

No obstante, la experta asegura que los precios han bajado bastante, como se puede observar en el gráfico. El pico se alcanzó en 2007, con 1.940 euros de diferencia al año, es decir, casi 162 euros de más al mes o 40,5 euros de gasto extra en la compra semanal. Pero, en los últimos años, “se ha producido un aumento de la demanda, porque cada vez se diagnostican más casos, y las empresas se han puesto las pilas”, celebra Esteban. De hecho, muchos supermercados incluyen productos sin gluten en sus marcas blancas y hay alimentos básicos a precios mucho más económicos. 

Una vida ‘de riesgo’ 

A Rafael Antelo le confirmaron hace cinco años que era celíaco, tras toda una vida sintiéndose mal después de comer. Su hija también lo es, así que, cada mes, llenan la cesta de la compra de productos sin gluten para dos, lo que supone un gasto “inasumible”, tal y como cuenta a este medio. Por poner un ejemplo concreto, 100 gramos de magdalenas sin gluten cuestan 0,17 euros, mientras que su precio se dispara hasta los 1,34 euros si no contienen esta proteína, según datos de Face. “Intentamos comprar lo menos posible y hacer todo lo que podemos en casa. Tenemos una máquina panificadora porque una simple barra de pan cuesta 10 veces más”, lamenta.

No obstante, Antelo recuerda que, hace un lustro, la oferta era limitada, los precios más elevados y la identificación de los alimentos casi imposible. “No había ningún símbolo o aviso en el envase, como sí ocurre ahora, así que perdía mucho tiempo en mirar producto por producto”, explica. Sin embargo, comer fuera de casa todavía es toda una aventura. “Comer sin gluten está de moda y muchos restaurantes ofrecen estos productos en sus cartas, pero no tienen cocinas separadas y se produce contaminación cruzada”, matiza Antelo. De hecho, una vez le pusieron una ensalada con picos de pan encima, aunque había avisado de su enfermedad. “La improvisación no es viable. No se puede entrar en un bar cualquiera porque no estás tranquilo. Hay que llevar todo planificado y acudir sólo a restaurantes de confianza”, subraya. 

Las escasas ayudas que hay en España 

Las familias que han de soportar estos gastos extraordinarios no reciben ningún tipo de ayuda ni subvención para hacerles frente. En otros países de Europa, como Austria, Italia, Finlandia, Portugal o Francia, sí se contempla una bonificación a las personas celíacas. Algunos países ofrecen un pago mensual, mientras otros lo desgravan en la declaración de la renta. “Hay muchas fórmulas, pero en España no tenemos ninguna, a excepción de las ayudas que ofrece Navarra y la provincia de Vizcaya”, cuenta Esteban.

Las asociaciones de celíacos reclaman desde hace años estas ayudas públicas, pues aseguran que hay personas que no pueden seguir la dieta porque no se la pueden permitir económicamente. “No es una elección. Si no se cumple con eso de forma estricta se pone en peligro la salud y aumentan las probabilidades de desarrollar otras enfermedades”, concluye la experta.