La oferta artística de Madrid es apabullante: a un puñado de museos extraordinarios, entre los que sobresalen el Museo del Prado, el Reina Sofía y el Thyssen, se suma una miríada de galerías, centros alternativos y espacios que ofrecen una programación ecléctica y vibrante. Entre todas estas propuestas, estos días es posible disfrutar de una muy singular en el Museo de Arte Contemporáneo (Conde Duque), que supone un esbozo sobre cómo han cambiado los escaparates de la capital desde la segunda mitad del siglo XX.
Se titula Escaparatismos, y su comisario es Roberto García Nieto, Jefe de Colecciones de la institución. “Tenemos el despacho de Ramón Gomez de la Serna al lado, quien, aparte de escritor, fue un promotor de cualquier tipo de experiencia artística. Y le seducían mucho los escaparates”, cuenta a este medio.
El interés de Ramón Gómez de la Serna en los escaparates
La recreación del despacho de Ramón Gómez de la Serna es, de hecho, una de las joyas de Conde Duque: una abigarrada amalgama de recortes, fotografías de amigos, cachivaches adquiridos en el Rastro, mobiliario y pequeñas estatuas que habla de la personalidad del escritor.
Y, al igual que al autor de las Greguerías, el grupo surrealista de París prestaba mucha atención a los escaparates. “Para ellos era una especie de ventana a un mundo donde lo extraordinario emergía. La idea de la exposición, y el propio nombre, como si fuese un movimiento artístico de vanguardia, está un poco inspirado en la figura de Ramón Gómez de la Serna. También nos interesaba analizar el escaparate como espejo de la ciudad, cómo refleja los cambios económicos, políticos y sociales”, relata el comisario.
De las rebajas a la figura de Alfredo Alcaín
Así, uno puede contemplar una fotografía de 1959 de César Lucas (quien ese mismo año tuvo la oportunidad de fotografiar al Che Guevara) titulada ‘Las rebajas’. En ella, una señora mira unos artículos de moda mientras unos maniquíes parecen observarla a ella. Quizá ahora sería difícil captar una imagen de ese tipo, en un contexto en el que la experiencia de ir físicamente de rebajas ha perdido fuelle y los maniquíes son más impersonales.
También hay una serie de aguafuertes de Alfredo Alcaín, el artista que, dice el texto de la exposición, “mejor ha sabido capturar la poética de los escaparates”. A este creador, nacido en Madrid en 1936, se le dedicó recientemente una gran exposición en la sala Alcalá 31. “Alcaín es un artista peculiar dentro del arte español, porque representa un pop art español, que no tiene que ver con el consumo de masas del pop art americano, sino más bien con un consumo casi de barrio, de ciudades menos desarrolladas económicamente”, describe García Nieto.
Diseño sin diseño
Así, en la exposición Madrid no aparece como una urbe modernísima, sino como una ciudad de provincias con tiendas auténticas, que saben a verdad sin ninguna aspiración artística. “Alcaín, además, tiene alguna reflexión sobre eso, de los escaparates como obras de autor de los propietarios, que hacen un ‘diseño sin diseño’: estructuran los objetos que ponen a disposición de los clientes y a veces crean auténticas maravillas”, relata este experto.
Fue el archicitado Walter Benjamin quien habló de los escaparates como espacios que funcionaban como puerta de entrada hacia la ensoñación, en los que la mercancía quedaba exhibida. Al estar detrás de un vidrio, la mercancía es inalcanzable físicamente pero totalmente poseíble a través de la mirada ¿Cómo ha cambiado la mercancía que exhibe Madrid? ¿Qué tipo de ensoñaciones despiertan los chismes que se venden en Ale-hop o en Tiger?
Homogeneización en el ámbito del comercio
“El de la exposición es un tema que puede dar mucho más de sí. Al final, el espacio es reducido y la muestra está desarrollada con los fondos que tenemos, pero creo que puede plantear muchas preguntas”, explica García Nieto. “Las ciudades se están convirtiendo casi en espacios indistintos: puedes estar en París, Madrid o Praga y, más allá de los monumentos, la sensación es que estás en el mismo lugar. Y eso se debe a una homogeneización del ámbito del comercio”.
En este sentido, es evidente que las grandes franquicias globales se imponen y cambian la cara a multitud de ciudades. Así, en los últimos tiempos han cerrado o anunciado su cierre la librería Tipos Infames, la cafetería Hontanares, la cadena de pastelería Embassy, el bazar Matey o El Kinze Cuchilleros, considerada la barbería más antigua de la capital.
Una imagen cambiante
“Me temo que dentro de unos años, la imagen del comercio en la ciudad será muy distinta. Y el comercio electrónico también colabora a ello. Quizá se mantengan algunas fachadas, pero los interiores han perdido cierta autenticidad”, lamenta García Nieto.
Testigo del cambio es, por ejemplo, la fotógrafa Amy Chang, que a principios de la década de los 2000 capturó el interior de algunos locales del barrio de Lavapiés regentados por asiáticos, con vestimentas de coloridos colores, multitud de especias y una sensibilidad estética distinta.
Comercios como escenarios
Hay otra fotografía, de Santiago Pérez, que muestra un puesto de salazones de 1966. “Parece casi un escenario teatral”, describe el comisario. “Seguramente, esa persona no estaba pensando en hacer algo visual cuando montó el escaparate, pero el resultado lo es, desde luego”.
¿Qué papel juega ahora el escaparate físico, en una era de la saturación de imágenes y contenido? “Supongo que las grandes marcas sí tienen contratados diseñadores para sus escaparates, pero se pierde un poco la autenticidad del negocio tradicional, que era el trabajo o el medio de vida del propietario”, concluye García Nieto.