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Polaroid Bar, el mausoleo de los años 80 que se convierte en cine los domingos

En este original local barcelonés se conservan huellas y rastros de la década ochentera así como de los setenta y noventa como si fueran auténticos talismanes que hacen viajar en el tiempo sin hacer uso del DeLorean

Ana Carrasco González

Interior del Polaroid Bar / GALA ESPÍN

La calle, cerca de la Catedral, es estrecha y oscura como la mayoría de las que conforman el barrio Gótico de Barcelona. En el callejón dels Còdols se esconde Polaroid Bar, delatado solo por un cartel con su nombre. No llama la atención, pasa desapercibido y nadie entra por su puerta en ese preciso momento. Dentro, los Beatles siguen tocando juntos, los niños del Parchís siguen siendo niños, E.T., el extraterrestre es una nueva película, y se escucha a un grupo emergente de cuatro jóvenes españoles llamado Hombres G. 

Al entrar por la puerta, la oscuridad mantiene un halo de misterio. A la derecha, los pósters de Regreso al futuro, La historia interminable o Los Goonies dan la bienvenida. Son las 19.30 horas y el bar acaba de abrir sus puertas, que no cerrarán hasta las tres de la madrugada. Al seguir por el pasillo, varias cámaras Polaroid de diferentes épocas y estilos adornan la pared izquierda, al otro lado hay múltiples discos Blue-Ray colgados. Al fondo ya se encuentra la barra que confirma que sí, que es un bar. 

Un viaje en el tiempo

Justo encima de las decenas de botellas de alcohol, hay una bicicleta suspendida del techo. Es su cesta está E.T. envuelto en una manta y su sombra se proyecta en una enorme luna pintada en la pared de atrás. El camarero saluda con una sonrisa acostumbrado a la estupefacción de los clientes cuando inspeccionan el lugar. No es lo único que cuelga, también hay tres naves espaciales que pertenecen a la saga de Star Wars. 

 

En cada columna hay varias pegatinas y pintadas de personajes que se entremezclan entre los setenta, los ochenta y los noventa, como son Betty Boop o un poni de My little pony. En la pared del fondo se ve un traje que pertenece a El Chavo del 8 dentro de una especie de marco, y justo en la esquina hay una vitrina con muñecos de Heidi y la abeja Maya, entre otros. También hay un disco del Parchís firmado y justo debajo otro de Miguel Bosé con 23 años. Junto a la vitrina se posicionan tres mesas con antiguos cómics bajo su cristal. 

También es un cine

Tras la exhaustiva observación en el interior del Polaroid Bar, una pantalla se extiende en una de las paredes. Y es que cada domingo se convierte en un cine donde se proyectan películas, sobre todo ochenteras y noventeras. “Cada mes la programación cambia, pueden ser pelis de un mismo director, de un mismo actor, musicales, de temática similar, etc”, cuentan desde el local a Consumidor Global. Este pasado domingo se disfrutó de Dentro del Laberinto, con David Bowie, y el anterior, Los Cazafantasmas. 

La pantalla donde se proyectan películas en el Polaroid Bar / GALA ESPÍN

La entrada es gratuita, aunque hay una oferta especial en la cual ofrecen un perrito caliente más una bebida por 5,5 euros. “Las pelis solo son dos horas del domingo, todo el resto de la semana hay música y conversación. La gente suele ser bastante respetuosa durante la proyección”, confirman desde Polaroid Bar. Son las 20.30 y hay una pareja de irlandeses en la barra pidiendo una beer, please. 

¿Por qué los años ochenta?

El local no parece llenarse mucho entre semana. Sin embargo, el domingo tampoco es el día que más se completa el aforo. Como cualquier otro bar, los días espléndidos son los viernes y sábados noche. “Con este mausoleo de los ochenta y noventa tratamos de rendir homenaje a una época de oro para la cultura pop, no solamente música y cine sino también juguetes, videojuegos, etc. Todo forma parte de la decoración”, matizan los responsables a este medio. 

El disco del Parchís firmado en el Polaroid Bar / GALA ESPÍN

Polaroid Bar se fundó en 2009 y se encuentra en el casco antiguo de Barcelona. “Tenemos cócteles especiales, como el Delorean, el Balboa o el Miyagi San, y una amplia carta de cervezas latinoamericanas y artesanales”, informa el camarero antes de abandonar el establecimiento. Suena una canción de Madonna. Se abren las puertas que dan al exterior. Es 2023, un chico teclea en su smartphone y otro circula con su patinete eléctrico.