El hielo es implacable. No perdona el menor titubeo, castiga la duda con una caída y exige un tributo físico y mental que, en la alta competición, roza lo inhumano. Mientras los focos del deporte mundial iluminan estos días la gélida tensión de los Juegos Olímpicos de Milano-Cortina 2026, el patinaje artístico ha vuelto a demostrar su cara más amarga y su gloria más radiante. Hemos asistido al drama de Ilia Malinin, el "Dios del cuádruple". Señalado como favorito al oro, afrontó una expectativa enorme. Dos caídas en su programa bastaron para dejarlo fuera del podio y recordar que, en el Olimpo, los participantes son rabiosamente humanos.
Lejos de la tiranía del cronómetro, de las décimas de puntuación y del escrutinio asfixiante de los jueces en Italia, en el Palau Sant Jordi de Barcelona, se respira una devoción muy distinta por las cuchillas. Faltan apenas unas horas para que la maquinaria de Disney On Ice: Vive tus sueños abra sus puertas a miles de familias y comience la coreografía organizada por Jacobo Montemayor.
La particular medalla de oro de Jacobo Montemayor
Durante el calentamiento, emerge la figura de Jacobo Montemayor. Este patinador, originario de Monterrey (México), conoce bien la dualidad de este deporte. Vistió los colores de su selección nacional persiguiendo la perfección geométrica de los saltos, pero un día comprendió que su talento no necesitaba un veredicto numérico, sino el asombro del público.
Mientras su antiguo colega y compatriota mexicano Donovan Carrillo se bate la medalla en Milán, Jacobo se enfunda pesados ropajes para dar vida a los habitantes de los mundos de Disney del 19 al 22 de febrero en Barcelona. ¿Qué separa realmente la mente de un patinador olímpico de uno teatral? ¿Dónde termina el deporte de altísimo rendimiento y empieza el ilusionismo escénico? Nos sentamos con él, a escasos metros de una pista recién pulida, para descifrar la psique de un atleta que ha encontrado su particular medalla de oro en la felicidad inquebrantable de no querer bajarse jamás de los patines.
--¿Quién es Jacobo Montemayor y cómo acaba sobre una pista de hielo?
--Soy originario de Monterrey, México. Mi historia con el patinaje empezó de forma curiosa: yo patinaba sobre ruedas en mi casa e intentaba imitar lo que veía. A los 10 años probé el hielo y me fascinó tanto que supe que eso era para mí. Tuve la oportunidad de representar a México en campeonatos nacionales e internacionales. Para mí, desde el día uno, el patinaje no fue un hobby, sino el deporte del que me enamoré.
--Un patinador olímpico entrena 4 años para llegar a su pico de forma en una semana concreta. Vosotros tenéis que rendir al 100% casi todos los días del año. ¿Cómo cambia el entrenamiento cuando el objetivo no es explotar un día, sino durar toda la temporada sin lesiones?
--Llevamos ya un par de meses de gira. Ensayamos todos los días; de hecho, ahora mismo puedes ver a mis compañeros practicando en el hielo —dice, señalando la pista donde varios patinadores repasan sus líneas—. Un espectáculo se disfruta de forma diferente a la competición. En el deporte te enfocas totalmente en ti mismo; aquí, nos enfocamos en interactuar con el público, transmitir magia y dar vida a las historias de Disney. Requiere una sonrisa constante y una actitud potente para superarlo todo.
--Pero el nivel técnico sigue ahí. ¿Cuándo practicáis los elementos de mayor riesgo, como los saltos difíciles? ¿Hacéis estos saltos de manera puntual en los entrenamientos para evitar sustos antes de la actuación?
--Cada uno tiene un rol. Hay parejas, solistas y actos aéreos que combinan acrobacias con hielo, algo que no se ve en una competencia tradicional. También tenemos clases grupales para mantener la calidad de las coreografías sincronizadas. Sobre los saltos, si en el show tienes un "solo" donde haces un doble Axel, lo practicamos constantemente para mantener el nivel.
Los patinadores tenemos buenos reflejos: si nos caemos, nos levantamos rápido. A veces el público ni se da cuenta por las luces, el vestuario y la escenografía, pero estamos acostumbrados a esos errores porque este es un deporte muy complicado.
--¿Cuántas horas entrena a la semana un patinador de 'Disney On Ice' comparado con alguien que busca una medalla olímpica?
--Aquí entrenamos aproximadamente una hora al día de forma grupal. Los que hacen parejas o solos tienen horas extra, y si además hacen el número aéreo, suman otra hora más. Los días de función, como los sábados que tenemos tres pases, pasamos gran parte del día aquí. Nunca estuve en unas Olimpiadas, pero en mi experiencia como seleccionado nacional mexicano, el tiempo de entrenamiento dura todo el día. En la alta competición te enfocas en un programa específico; aquí nos enfocamos en la coreografía, el baile y la interacción.
--Hablando de enfoques, ¿cuál diría que son la diferencias psicológicas entre patinar para una medalla olímpica y patinar para hacer feliz a un público familiar cada noche?
--Psicológicamente, la Olimpiada es muchísimo más difícil. Entrenas cuatro años de tu vida para un programa de cuatro minutos. Es una carga de estrés y nervios inmensa. En el espectáculo es más relajado; disfrutamos de la convivencia con los compañeros y los personajes. Admiro profundamente a los patinadores olímpicos —confiesa—. De hecho, hoy después del show nos juntaremos todos los compañeros en el hotel para ver las finales femeninas que están transmitiendo (la entrevista se realizó el 19 de febrero).
--A veces da la sensación de que, rodeados de tanta fantasía, la técnica pasa desapercibida. ¿Cree que el público es realmente consciente del nivel atlético que tenéis? No es solo un baile...
--Una parte del público sí lo sabe, pero otra viene simplemente a ver a sus personajes favoritos fuera de los parques. Para nosotros, lo importante es que la familia se lleve una experiencia inolvidable. Aunque no sepan la técnica que hay detrás de un salto, si logramos transmitir la magia de Disney, nuestro trabajo está hecho.
--En 'Disney On Ice', ¿cuál es su rol exacto sobre la pista?
--¡Estoy en varias partes! Salgo en Cenicienta, Enredados, Coco, Frozen y Moana. Por ejemplo, en Moana soy uno de los habitantes de Motunui y en Frozen soy ciudadano de Arendelle.
--Volviendo a las Olimpiadas, este año en Milano-Cortina se ha permitido finalmente el 'backflip' (salto mortal hacia atrás) y ha empezado a puntuar. Parece que la competición formal se está acercando un poco a vuestro terreno, al espectáculo.
--Me encanta que se innove —responde con entusiasmo—. Mi backflip favorito siempre fue el de Surya Bonaly; ella tenía un atletismo increíble. En nuestros espectáculos sí los hacemos, y ver que ahora se integran en las Olimpiadas es parte de la evolución natural del deporte. Me gusta ver a los patinadores haciendo cosas diferentes.
--Claro que los olímpicos saltan con trajes aerodinámicos de lycra de última generación, y vosotros lo hacéis con disfraces, túnicas y caretas. Supongo que la dificultad no es la misma.
--¡Mucho más! —ríe a carcajadas—. Nosotros saltamos con vestuarios mucho más complejos. En el baile real de Cenicienta, las chicas llevan vestidos enormes que jamás se usarían en una competencia. A eso súmale una iluminación tenue, humo o focos brillantes. Son años de práctica para acostumbrarse a patinar con todo ese entorno, que es lo que hace que el público diga "¡Wow!".
--Pero si no hay un panel de jueces levantando pancartas con puntuaciones al final de tu número, ¿cómo sabes si has tenido una "noche de oro olímpico"?
--Tenemos una directora de espectáculo que toma notas de cada función. Después recibimos feedback sobre nuestro patinaje, la interacción y el nivel grupal. El objetivo es mantener siempre la visión original de los creadores.
--Muchos patinadores olímpicos confiesas que la presión de la competención les hace odiar el deporte. Tú patinas sonriendo cada día. ¿Diría que el patinaje en espectáculos sirve para sanar esa relación con el hielo y recordar por qué empezasteis a patinar de niños?
--Yo creo que es imposible odiar este deporte. Una vez que entras al hielo, no quieres dejarlo.
--¿Tiene a algún compañero que esté participando en las Olimpiadas de Invierno?
--Sí, conozco a Donovan Carrillo, que está representando a México en las Olimpiadas ahora mismo. Competí con él hace muchos años. Todo el país está orgulloso de él y yo también, porque sé lo mucho que ha luchado.
--¿Una parte de ti siente la llamada competitiva, aunque ahora estén en un espectáculo como el de 'Disney On Ice'?
--No, ya llevo muchos años en los espectáculos y es lo que me apasiona. Para mí, estar en los espectáculos es el sueño que se ha vuelto realidad. Cada niño debe descubrir su camino: ya sea llegar a las Olimpiadas, a un show profesional o simplemente patinar por diversión. El patinaje es para todos.