Un tatuador, con la cabeza ligeramente inclinada, mira a cámara con gesto indolente y un cuarto de sonrisa. Dos pescaderos blanden sus imponentes cuchillos tipo macheta. Tres amigas se abrazan y ríen. Una mujer sostiene su carrito de la compra, en el que carga su sutil geografía de hábitos.
El dueño de una empresa de disc golf posa junto a una canasta de cadenas con cierto aire medieval. Un trabajador con expresión cansada y algo desafiante carga al hombro una gran pieza de carne. Un frutero exhibe una caja de peras con un destello de orgullo. Con un bigote impecable y copa en alto, el dueño de un puesto italiano parece invitar a su mesa en un gesto de complicidad. Todos venden, compran, hacen cuentas y ensayan su propia manera de ganarle el pulso al día en el Mercado de la Cebada, en el madrileño barrio de La Latina.
‘Madrileños’, la exposición que rinde homenaje al Mercado de la Cebada
Son los protagonistas de Madrileños, una singular exposición de PHotoESPAÑA (el festival anual que celebra esta disciplina) en la que las fotografías son vecinas de lubinas, longanizas frescas y tomates rama. Nada que ver con el caché de la Fundación Mapfre, el Círculo de Bellas Artes o la Casa de América, pero rebosante de honestidad. “Es la única sede de PhotoEspaña en la que el autor es el propietario de la galería, pequeña galería en este caso. Las fotos son mías, y lo bueno es tener el feedback de la gente y el trato directo con el público”, explica Adolfo Morales a Consumidor Global.
Lleva cuatro décadas en la industria del cine como director de fotografía y operador de cámara y es el artífice de Mister Turrión, un rara avis que destila profesionalidad: vende sus fotografías de autor, imprime fotografías en papel japonés Awagami Bambú de 250 gramos de calidad museo y restaura digitalmente fotos antiguas y deterioradas.
De dejarse el alma a dar la turra
Preguntado sobre por qué escogió ese nombre, indica que antes fue Meraki (“que significa dejarse el alma en hacer algo artístico”, aclara), pero después Oracle tomó el término, de modo que a nivel de buscador “era un poco imposible”. Lo de ahora alude a “dar la turra”.
Justo enfrente de Mister Turrión hay una tienda de discos y camisetas que conserva el rótulo que llevó en su vida anterior, cuando fue una mantequería y charcutería. Un poco más allá se ubican un puesto de joyería artesanal, una droguería y un local con gran variedad de fiambres. En La Cebada, en definitiva, late el pulso de un barrio que se resiste a convertirse en un decorado. Así, los protagonistas de la exposición son personas que trabajan en el mercado y también clientes asiduos.
Un blanco y negro que suma solemnidad
En cuanto al estilo, los Madrileños de Morales son personas retratadas de forma sobria, en un blanco y negro que suma solemnidad sin engolados. Currantes y gente normal que suele ir por allí. Solo eso. Tanto -tantísimo- como eso. “Si vives en la capital, eres madrileño, aunque hayas nacido en Honduras”, declara Morales.
Para inmortalizarles, instaló un set en el centro del mercado iluminado con luz continua para poder disparar hasta 40 fotos por segundo. “Son retratos nada invasivos. Lo único que pedía es que mirasen a cámara, y algunos escogieron salir con algún elemento característico de su tienda”, indica. De ahí la afluencia de cintas métricas, pollos, delantales o artículos de moda y complementos.
Orgullo, cansancio y dignidad
Tal y como se especifica en la página web del proyecto, no hay robados. “Al mirar de frente al objetivo, los personajes no solo se dejan ver, sino que nos interrogan, transmitiendo una mezcla de orgullo, cansancio, dignidad y una transparencia absoluta”.
Esa mezcla, ¿perdura o es un fogonazo? En la espléndida exposición de PhotoESPAÑA sobre Joel Meyerowitz —organizada el año pasado en el Centro Cultural de la Villa y que este redactor tuvo el placer de visitar—, uno de los textos de sala recordaba a Cartier-Bresson. “Los fotógrafos se ocupan de cosas que se esfuman continuamente”, sostuvo el maestro francés. También creía que había que “pillar la vida en el momento”. Es posible que Morales concuerde.
“Los hábitos de consumo han cambiado”
“Este mercado es de los más auténticos”, responde el responsable de Mister Turrión preguntado por cómo se han metamorfoseado estos espacios de la capital en los últimos años. “Piensa que son superficies grandes, en ubicaciones muy buenas, y los hábitos de consumo han cambiado, así que es difícil mantenerlos. De hecho, creo que, de aquí, la mayoría de puestos de carne, pescado o verduras viven más de hosteleros que compran que de particulares”, estima.
Desde este ángulo, “hay muchos que se van al rollo de guiri, como el de San Miguel, pero este mercado cumplió el año pasado 125 años y resiste”.
Escalar a nivel artístico
A raíz de esta exposición, y a través de un crowdfunding, Morales ha publicado un fotolibro con una tirada de 108 ejemplares firmados y numerados. “La idea es escalar a nivel artístico con el libro e intentar llegar al Reina Sofía, al Museo de Alcobendas, al MoMA o a la Tate Gallery”, revela.
“Y, si esto funciona, que parece que está funcionando, la idea sería replicarlo en todos los mercados de Madrid”. Si la turra viene con este nivel de compromiso y calidad, bienvenida sea.
Añadir Consumidor Global como fuente preferida de Google de forma gratuita
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.