Claudia Núñez (Aurarte): “Mis pendientes no solo embellecen, sino que cuentan cosas”
Esta joven fabrica piezas únicas a partir de residuos que recolecta de playas, que después limpia y moldea
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Cuando una persona adquiere una joya de cierto valor, suele buscar un vínculo que trascienda el hoy: que resista al tiempo, quizá incluso que pase de generación en generación y que conserve su magia. Sin embargo, las joyas sostenibles recorren el camino inverso: miran al futuro llevando en su interior el eco de una vida anterior sin renunciar a la memoria del material. Y lo consiguen a través de la belleza.
Claudia Núñez estudió Bellas Artes, después trabajó como restauradora de obras de arte y más adelante como profesora. A sus 31 años, lleva dos dedicándose profesionalmente a Aurarte, un proyecto en el que elabora joyas artesanales con residuos que el mar ha escupido a las playas. “Son piezas únicas, nunca replico la misma. Nadie va a tener los mismos pendientes”, explica. Hablamos con esta artesana que de pequeña quería ser arqueóloga y hoy, más que joyera, se considera artista.
--¿Cómo empezaste a fraguar el proyecto?
--Desde siempre me ha encantado el mundo de las artes y la creatividad. Opté primero por estudiar Bellas Artes y luego especializarme, haciendo una segunda carrera, Conservación y Restauración de Bienes Culturales. A la vez, me adentré en el mundo de la educación e hice el máster de profesorado. Por eso, al principio, Aurarte fue algo así como mi escapatoria de toda esa parte teórica, porque la práctica la hacían los alumnos.

--Es decir, que Aurarte no nació con una voluntad comercial.
--Para nada. No pensaba en crear una marca, en absoluto. Me di cuenta de lo que me gustaba crear piezas, como pendientes o anillos, y empecé a llenar la casa de esos artículos. Por entonces estaba viviendo en una ciudad donde se movían mucho los mercados de artesanía, así que abrí una cuenta de Instagram, pero sin ninguna pretensión. Un día comencé a hacer mercados, a la gente le gustó, una cosa llevó a la otra… Y vi que a nivel personal ese sector me llenaba más que el educativo. A día de hoy me dedico exclusivamente a Aurarte.
--¿Cómo conectaste ese deseo de volcar tu creatividad en algo tangible con la sostenibilidad?
--Siempre que he creado obras, ya desde Bellas Artes, lo he hecho con una voluntad de reflexión detrás. A mí no me llena hacer cosas que sean bonitas y ya está. Creo que los artistas tenemos la necesidad de contar algo, ya sea de tipo personal o social. Yo he estado desvinculada de aspectos políticos, pero siempre me ha interesado el medio ambiente —aunque sean ámbitos que guarden mucha relación—. Me importa llamar la atención sobre la desconexión del ser humano con la naturaleza, así que mis pendientes no solo embellecen, que también, sino que cuentan cosas.

--Y esa historia se va comunicando.
--Sí. Por ejemplo, cuando alguien le pregunta a quien los lleva de dónde son unos pendientes o de qué están hechos, el mensaje se divulga.
--¿Cómo es el proceso de producción?
--Trabajo por fases. Lo primero, evidentemente, es limpiar la playa. Voy sola, no es que tenga un equipo ni nada por el estilo. De vez en cuando me echa un cable mi pareja, pero todo es muy íntimo, muy casero. Una vez en la playa recolecto los residuos que puedo sin ninguna maquinaria, a mano, y a continuación los clasifico. Hay muchos que evidentemente no utilizo: me encuentro latas, botellas de plástico e incluso neumáticos.
--¿Qué ocurre con esos residuos descartados?
--Los reciclo. Me quedo con residuos que sé que puedo manipular y transformar. Por ejemplo, hay plásticos que son excesivamente duros, que vienen de barcos pesqueros, que no puedo cortar.

--¿Qué herramientas utilizas?
--Lo hago todo manualmente con tijeras acordes al material, de un serraje adecuado. También utilizo alicates, pero es todo bastante arcaico, y creo que también reside ahí la magia de que sea artesanal. Tras la clasificación, limpio los residuos. En esta fase simplemente los meto en piletas con agua para quitarles sales, arenas e incluso restos de alquitrán. Luego ya hago las combinaciones de colores que considero más interesantes, para que queden diseños chulos, contemporáneos. Puedes reciclar de mil formas, y a veces queda algo así como una manualidad, pero yo busco diseños modernos, que no parezca lo que es, realmente.
--¿Y para terminar…?
--Troceo los plásticos y los introduzco en moldes de silicona que se pueden utilizar varias veces. Previamente hay que hacer los diseños en metacrilato. Por último, empleo una resina ecológica. El mundo de las resinas también tiene su aquel: la más conocida es la resina epoxi, pero es derivada del petróleo, de modo que no va con mi filosofía. Tuve un gran proceso de estudio de resinas, ya desde Bellas Artes, cuando hice mucho prueba y error para intentar hallar una que fuese natural pero también duradera. La resina se endurece y el último paso es lijar y pulir.

--¿Cómo se pulen?
--Utilizo máquinas, pero también son muy rudimentarias: una lija de disco. Las zonas más delicadas las hago a mano, con papel de lija. Después solo queda montar las piezas con los aceros.
--¿Qué precio aproximado tienen las piezas?
--Intento que sean lo más asequibles posible. Por tiempo y valor del proyecto, es cierto que algunas compañeras me dicen que debería subir el precio, pero intento llegar a todos los bolsillos. Los pendientes más caros están a 28 euros y los más baratos están a 19. También tengo unos anillos a unos 9 euros, que son lo más económico de Aurarte.

--Háblame sobre los talleres que organizas.
--La gente que se apunta a mis talleres suele estar bastante concienciada con este tema y conectada con la reivindicación. A pesar de eso, hay mucha gente que sale sorprendida. Yo intento moverme por muchas ciudades para llegar a sitios distintos, pero siempre que puedo hacer una limpieza en la playa antes de realizar el taller, mejor que mejor. Lo que busco es que la gente experimente ese momento de limpiar la playa y reflexione durante 20 o 30 minutos. No es cuestión de estar allí horas, porque quiero focalizarme más en la parte creativa, pero sí me gusta esa limpieza y esa reflexión.
--¿Y a dónde suele llevar?
--Debatimos un poco sobre quién puede tener la culpa de esto a nivel político, legislativo, nuestro papel como consumidores… También tocamos el tema de la fast fashion y cómo contamina. A veces consumimos por consumir cosas que realmente no necesitamos, pero en otras a los consumidores no nos dan alternativa: vas al supermercado y está todo envuelto, sobreempaquetado en plásticos. A raíz de eso, intento explicar cómo canalizo mi frustración respecto a estos temas con la parte artística.

--¿Cómo es la reacción de las personas que no conocen Aurarte?
--Cuando la gente se acerca a mi puesto en los mercados, más allá de vender —que es importante para poder seguir con esto—, el simple hecho de explicar lo que hay detrás del proyecto ya me parece muy positivo. Aunque no compren nada, me conformo con que se lleven esa reflexión a casa: que una sola persona puede generar cambios, y que cuantos más pasemos a la acción, mejor.
--¿Dónde te gustaría que estuviera Aurarte dentro de unos años, te interesaría tener una tienda física propia?
--Lo que me interesa es llegar a los máximos sitios posibles. Ahora mismo Aurarte está presente en varias tiendas en España, pero sí me gustaría escalarlo a nivel internacional para que el mensaje llegue más allá. Es cierto que en la marca solamente estoy yo, y es un poco complicado gestionarlo todo, de modo que me gustaría poder delegar algunas cosas para focalizarme en la parte creativa. Con todo, el proceso artesanal implica unos tiempos lentos, así que hay que asimilar que habrá un tope hasta el que pueda llegar. Si se convirtiese en algo más industrial, perdería esa magia.

--Si tuvieras que escoger una canción para que fuese algo así como 'la banda sonora' de Aurarte, ¿cuál sería?
--Mi canción favorita desde siempre es, curiosamente, 'Ocean', de John Butler. Una canción que me ha acompañado en los momentos de transformación de mi vida y que siempre me ha emocionado, ya que al escucharla vives como un viaje… Cada vez que la escucho no puedo evitar emocionarme, sintiendo que estoy en el lugar donde debo estar, creando y compartiendo mi forma de ver la vida, reivindicando y concienciando para tener un mundo mejor. Es una canción sin letra, pero que dice mucho sin decir nada. Como mis joyas, transmite un mensaje sin palabras.
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