Gemma, la librera de Sarrià: "En vez de A peu de pàgina debería llamarse La librería de las mujeres"

Hablamos con la dueña de esta encantadora librería de Barcelona, que se ha convertido en uno de los epicentros culturales del barrio gracias a su selección de libros y a su club de lectura

Gemma Barrufet, dueña de la librería A peu de pàgina de Sarrià (Barcelona) / TEO CAMINO
Gemma Barrufet, dueña de la librería A peu de pàgina de Sarrià (Barcelona) / TEO CAMINO

Al entrar, Gemma charla de forma distendida con una clienta. “No sé si te queda algún ejemplar de Las gratitudes”. “Se ha agotado. Espera, me parece que tengo uno en catalán. Déjame ver… Aquí está. ¿Te lo llevas?”. “Sí, sí. Es que me encanta. Lo llevaré de regalo esta noche, que tengo una cena”. Y así avanza la conversación, navegando de un libro a otro y anticipando las sesiones del club de lectura que están por venir.

Porque A peu de pàgina no es un comercio cualquiera. Es la casa de libros de cientos de vecinos de Sarrià (Barcelona). Un refugio literario donde “se plantan semillas de sonrisas que florecen en la oscuridad”, reproduciendo a la poeta Emily Dickinson. Un lugar en el mundo donde hallar consuelos para el dolor. La librería del barrio. Hablamos con su librera, Gemma Barrufet.

--Usted es…

--De tú, por favor.

--¿Eres de escribir anotaciones a pie de página y marcar los pasajes que te gustan o eres de las que forra los libros y los mantiene inmaculados?

--Yo soy irreverente con los libros. Los machaco, los escribo, los doblo. Nunca tengo puntos de libro y siempre acabo doblando la parte superior de las páginas. 

--Ahora que hablo contigo, me parece como si la librería A peu de pàgina siempre hubiera estado en esta esquina, frente al Bar Tomás. Forma parte intrínseca de la calle Major de Sarrià. ¿Cómo empezó la aventura, allá por 2008?

--Se alinearon los astros. Yo soy abogado fiscalista y no estaba muy bien en el despacho en el que trabajaba, así que lo dejé. El señor que regentaba este local se jubiló. En el piso de arriba, también se marcharon los inquilinos. La finca era de mis abuelos. Fue como si se alinearan los astros y dije: ‘Pues abro ahora porque tengo el local y puedo mudarme a vivir encima de la librería’.

--¿Cómo le acogieron los vecinos? 

--Estaban superagradecidos porque no había ninguna librería en la zona. Y era sorprendente, porque son muy lectores en este barrio. Iban al centro o a la Diagonal, pero en algún sitio tenían que comprar los libros. Por eso, desde el primer minuto, empezamos a vender bastante. 

--¿Qué leen los vecinos de Sarrià?

--A ver, yo creo que en vez de A peu de pàgina tendría que llamarse La librería de las mujeres, porque tengo mucha clienta mujer. Hemos ampliado la parte de ensayo para ganar público masculino e incluso hemos empezado un club de lectura, que se llama Fem un pensament, y traemos a gente muy potente, como David Fernàndez, pero cuesta leer ensayo. Sobre todo vendemos mucha narrativa y literatura infantil

Gemma Barrufet rodeada de libros / TC
Gemma Barrufet rodeada de libros / TC

--¿En La librería de las mujeres son más de ‘Comerás flores’ o de ‘La asistenta’?

--Yo creo que ha sido uno después del otro. La asistenta (Suma, 2023) empezó muy fuerte, pero Comerás flores (Libros del Asteroide, 2025) lleva 200.000 libros vendidos. Yo no me lo acabé, que sirva de cuña. 

--Aquí he visto que quedaba un ejemplar. 

--Sí. Yo creo que es para un target de gente más joven. 

--¿De Uclés o de Mendoza?

--Con Uclés hay una disociación entre el primer libro que escribió, La península de las casas vacías (Siruela, 2024), que se vendió mucho, y el segundo, La ciudad de las luces muertas (Destino, 2026), que ha recibido bastantes críticas, a pesar de que en Sant Jordi se vendió tanto que me quedé a cero. Pero Mendoza siempre, siempre se vende, siempre, siempre. Tiene un público muy fiel. 

--Seguro que ‘Las gratitudes’ (Anagrama, 2021), de Delphine de Vigan, sigue triunfando, ¿no?

--Sí. De hecho, no es por echarme flores, pero hicimos el club de lectura hace ya cuatro o cinco años sobre este libro. Como ahora comentaba con esta clienta, lo hicimos con el traductor en catalán Jordi Martín, porque es un libro extremadamente difícil de traducir.

--¿Por la afasia que sufre la protagonista?

--Exacto, porque ella tiene una enfermedad que confunde las palabras. Y claro, para un traductor supone un reto mayúsculo. Fue una sesión muy chula con Jordi Martín, porque nos explicó lo que llegó a sufrir para traducir este libro. 

Entra un cliente, saluda y sube al piso de arriba en busca de un libro.

--¿Cuál es el libro más vendido en lo que va de año?

--¿Sabes qué pasa? Que Sant Jordi lo distorsiona todo. Te podría decir que uno de los más vendidos fue Uclés. También el Manual de defensa del català (Univers llibres, 2026), a pesar de ser un libro muy pequeñito, y Mendoza. Pero luego tienes libros que se venden mucho porque los recomiendo o porque hacemos el club de lectura. Ahora se lo comentaba a esta clienta: ‘En septiembre siempre hacemos un clásico. Estamos leyendo Middlemarch (1871-1872)’. Es un novelón de 1.000 páginas, pero quizá Middlemarch, de George Eliot, es la más vendida este mes.

--Un club de lectura que pronto cumplirá la mayoría de edad. 

--Así es. Al principio hacíamos una sesión al mes, pero venía tanta gente que ahora hacemos dos. De hecho, hacemos una de adultos y otra de menores de 35 años, porque intentamos atraer al público joven, y está yendo muy bien. 

--Para la supervivencia de una librería de barrio, ¿qué importancia tienen sus libreras? 

--Somos tres libreras aquí, y cada una leemos distinto, pero recomendamos bastante a la par. Creo que la recomendación es básica. Mucha gente entra, te da los buenos días y paga, pero también son muchos los que preguntan y te piden consejo. 

--¿Y las actividades literarias que organizan?

--El club de lectura se compone de un público muy fiel, que te trae más gente. Son mujeres abiertas a todo tipo de sugerencias. Recuerdo un año que hicimos Solenoide (Impedimenta, 2015), de Cartarescu, que es un autor de Europa del Este al que se le va mucho la olla, y Soy un gato (reeditada en 2010 por Impedimenta), de Sōseki, que es una novela de 650 páginas escrita por un japonés sobre un gato. Yo no sé cómo todavía no me odian… (Ríe) Pero, bueno, lo leyeron y yo estoy muy agradecida por la confianza que depositan en nosotras. 

--Se nota a primera vista que tiene un público muy fiel. ¿Hay clientes que le cuentan sus penas? ¿Cuál es la relación librera/lectora?

--La parte humana y personal está muy presente. Después de tantos años, hay gente muy afín que te encanta que te explique su vida. Y así sucede.

--En honor al gran cronista de Barcelona Lluís Permanyer, que lo introdujo en la España de los años sesenta, me gustaría hacerle cuatro preguntas breves del Cuestionario Proust. 

--Vale. 

--¿Cuáles son sus autores favoritos en prosa? 

--Uff… ¡Qué difícil! Mira, americanos, John Irving. Catalanes, la Rodoreda, ¡forever! Aquí la tenemos, presidiendo. En lengua castellana hay muchísimos… Millás me gusta mucho por el sentido del humor. Antes hablábamos de Mendoza y no soy mucho de Mendoza. Luego me encanta la mexicana Valeria Luiselli. Marina Garcés como ensayista. Los ensayos de Ordine también. 

El cliente se acerca a pagar su libro y dice: ‘¡Qué bien se está aquí! Fresco y rodeado de libros. Es un buen refugio climático’.

--¿Y poetas?

--Neruda, Machado… ¡Es que soy muy clásica! En los más modernos me cuesta entrar. 

--¿Un héroe de ficción?

--Pues te diría que Don Quijote. Sí, sí, aunque parezca yo clásica, creo que es un héroe y que actualmente hay mucha gente quijotesca. 

--¿Una heroína?

--Quizá Dorotea, la protagonista de Middlemarch. Es una mujer que se casa con un hombre al que admira intelectualmente, pero que a nivel psicológico y emocional es como una rana. Y llevo la mitad, pero yo creo que esta mujer va a hacer un cambio en su vida importante. 

--¿Y en la vida real?

--Cualquier persona que tira adelante con su vida. Tengo una clienta del club de lectura que el otro día entró y le vi una cara así, difícil. Su nieto tiene leucemia. Pues ella es una heroína para mí. 

--¿Se ve otros veinte años al frente de la librería?

--Pues no, porque tengo 60 y 20 más serían 80. Sinceramente, no. Espero tener un relevo, pero veremos. 

--Su hija solía echarle una mano, ¿no? 

--Sí, pero mi hija se dedica al mundo de la música y estamos en conversaciones. 

--Entonces, ¿el futuro a largo plazo de la librería A peu de pàgina está en el aire? 

--Bueno, yo estaré, mínimo, hasta los 67. Por la pensión, seamos honestos. 

--Los vecinos somos reticentes al cambio y queremos que los comercios que nos gustan perduren. ¿Qué le dicen al respecto?

--Bueno, me dicen que no se ponga aquí una tienda de móviles ni de uñas, y cosas así. 

--Esperemos que no. 

--Hombre, a mí me gustaría que continuara una librería aquí, porque hace falta en el barrio, pero nunca se sabe. 

--¿Cuál es su cita favorita a pie de página?

--"Para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro”, de Emily Dickinson. 

--¿Quiere dejar una nota a pie de entrevista?

--Me gustaría agradecer al barrio su fidelidad y animar a la gente a leer ensayo, porque hemos de aprender a pensar.

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