El ritmo de vida actual, con el consecuente el abandono de los fogones, está disparando la demanda de platos listos para comer. El consumo de este tipo de platos ha crecido un 3,8% en el último año, según el balance de 2025 de ASEFAPRE (Asociación Española de Fabricantes de Platos Preparados). Y, si bien calentar en el microondas o en el horno platos preparados y comida precocinada para llevar envasada en plástico parece un acto inocuo, puede liberar en los alimentos cientos de miles de partículas peligrosas.
Así lo explica Greenpeace en el informe Alerta: Microplásticos en la comida precocinada, donde ha revisado 24 estudios científicos recientes y concluye que los alimentos de envasados y comercializados como "aptos para calentar" están exponiendo potencialmente a millones de personas a contaminantes invisibles.
“Nunca deberían a estar en nuestra comida”
Estas sustancias químicas tóxicas están vinculadas al desarrollo del cáncer, la infertilidad, la alteración hormonal y las enfermedades metabólicas. "Las personas consumidoras creen que están tomando una decisión inofensiva cuando compran y calientan una comida envasada en plástico. En realidad, estamos siendo expuestos a un cóctel de microplásticos y sustancias químicas peligrosas que nunca deberían estar en nuestra comida ni cerca de ella”, ha declarado Julio Barea, responsable de residuos de Greenpeace.
“Los gobiernos han permitido que las industrias petroquímica y del plástico conviertan nuestras cocinas en laboratorios de ensayo. Este informe demuestra que las afirmaciones corporativas de 'apto para microondas' no son más que fantasías", ha añadido.
El peligro es mucho mayor en el microondas
Además, el estudio muestra que el número de partículas peligrosas filtradas a los alimentos es siete veces superior en el microondas que en el horno.
La mayoría de las sustancias peligrosas no están reguladas en los envases alimentarios. Entre ellas figuran los bisfenoles, los ftalatos, las "sustancias químicas eternas" PFAS (sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas) e incluso metales tóxicos como el antimonio. Muchas de estas sustancias ya están presentes en los cuerpos de los consumidores.
Cuidado con los recipientes viejos
Asimismo, el informe recalca que los recipientes viejos, rayados o reutilizados son peores, puesto que el plástico desgastado libera casi el doble de partículas de microplásticos en comparación con los envases nuevos.
Por otra parte, denuncia que la orientación regulatoria actual sobre los microplásticos liberados por envases es insuficiente en todo el mundo. Por ello, Greenpeace argumenta que etiquetas como "apto para microondas" o "apto para horno" proporcionan una falsa tranquilidad a los consumidores.
Similitud con el tabaco, el amianto y el plomo
El informe advierte de que la crisis de los plásticos está siguiendo el mismo patrón observado con el tabaco, el amianto y el plomo. A pesar de las abrumadoras señales de advertencia científica, el problema se ha topado con la negación de la industria y el retraso regulatorio.
"Nos están envenenando mientras intentamos alimentar a nuestras familias. El riesgo es evidente, hay mucho en juego y el momento de actuar es ahora. No podemos confiar en las promesas engañosas de las empresas y lobbies del plástico”, ha denunciado Barea. “Los gobiernos deben actuar ya, mediante un Tratado Global sobre los Plásticos ambicioso que proteja la salud humana”, concluye.