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El mito del desayuno proteico: más caro y casi igual de poco saludable

El reclamo fitness se usa para subir precios sin reducir azúcar ni ultraprocesados

Consumidor Global

Envase de Chocapic proteico

Durante años, el desayuno ha sido uno de los grandes territorios del marketing alimentario. Primero llegaron los cereales “enriquecidos”, después los productos “light” y, ahora, sin apenas transición, la palabra de moda es “proteico”. En supermercados y campañas publicitarias proliferan envases que prometen más proteína, más energía y una opción supuestamente más saludable para empezar el día.

Sin embargo, un estudio elaborado por FITstore cuestiona este relato y advierte de que, en muchos casos, el reclamo proteico es más una estrategia comercial para encarecer el producto que una mejora nutricional real.

El caso Chocapic

La tendencia hacia una alimentación más consciente es evidente. Cada vez más consumidores revisan etiquetas, comparan ingredientes y tratan de reducir el consumo de azúcar. Este cambio ha empujado a la industria a reformular sus productos o, al menos, a aparentar que lo hace. “Queremos comer mejor y las marcas lo sabemos. El problema es asumir que un producto proteico es automáticamente más saludable que su versión convencional”, explica Luis Cañada, a partir del análisis realizado por su equipo.

Productos con proteína / PEXELS

Uno de los casos más llamativos que recoge el estudio es el lanzamiento de la versión “protein” de Chocapic, un cereal históricamente orientado al público infantil. A simple vista, el cambio de imagen y el énfasis en la proteína pueden llevar al consumidor a pensar que se trata de un producto más equilibrado. Sin embargo, los datos nutricionales desmienten esa percepción: mantiene exactamente el mismo contenido de azúcar que la versión original, un 19,9%, una cifra especialmente elevada para un alimento destinado a niños. Añadir proteína, subraya el informe, no convierte por sí solo a un producto en saludable si no se reducen el azúcar o las calorías.

Hasta un 54% más caro que el producto original

En este caso concreto, la diferencia se limita a una ligera reformulación para incorporar proteína procedente del gluten, hasta alcanzar un 13,4%. El resultado es paradójico: el cereal contiene más azúcar que proteína, pero se presenta como una alternativa mejorada y se comercializa un 54% más caro que la versión clásica. “Es el ejemplo perfecto de cómo el reclamo proteico se utiliza para justificar un mayor precio poniendo el foco en una sola variable”, apunta Cañada.

El fenómeno no se limita a los cereales. Las leches proteicas se han convertido en otro de los productos estrella del desayuno fitness. En teoría, este tipo de referencias deberían ofrecer más proteína y menos azúcar. Sin embargo, el estudio alerta de que esta relación no siempre se cumple. Algunas leches etiquetadas como proteicas contienen, por ración, cantidades de azúcar similares o incluso superiores a las de proteína.

Alto en azúcar

Para analizar esta cuestión, FITstore ha comparado distintas referencias del mercado y ha puesto el acento en un indicador poco visible para el consumidor: el ratio azúcar/proteína. Mientras algunas marcas muy conocidas presentan proporciones ajustadas —por ejemplo, cinco gramos de proteína por cinco gramos de azúcar—, otras opciones menos visibles, en muchos casos marcas blancas, ofrecen perfiles nutricionales más equilibrados. “Curiosamente, las mejores ratios no suelen encontrarse en las marcas más expuestas en redes sociales ni en las campañas más agresivas”, señala el CEO de FITstore.

El problema se agrava cuando estos productos se asocian al público infantil. Muchos cereales y lácteos proteicos se comercializan como opciones modernas y saludables para toda la familia, pero mantienen niveles de azúcar difíciles de justificar en la dieta de un niño. Se transmite la idea de que son mejores, cuando en realidad siguen sin ser recomendables para un consumo habitual entre los más pequeños.

La proteína como reclamo

Todos estos productos comparten un patrón común: el mensaje proteico aparece de forma destacada en el frontal del envase, casi siempre acompañado de un incremento notable del precio. La proteína se promociona de forma llamativa, mientras otros valores nutricionales quedan relegados a la letra pequeña. El consumidor se queda con un solo dato y toma decisiones incompletas, una dinámica que la industria aprovecha.

Las grandes compañías no son ajenas a esta tendencia. En un contexto en el que lo “fitness” vende, muchas han lanzado líneas específicas para captar a un público preocupado por su salud, incrementando precios sin renunciar a fórmulas altamente rentables y ultraprocesadas.

El estudio concluye que el auge de los desayunos proteicos no es negativo en sí mismo. El problema surge cuando la proteína se utiliza como coartada para maquillar productos que siguen siendo altos en azúcar y poco recomendables desde el punto de vista nutricional. En un mercado saturado de mensajes saludables, el reto para el consumidor sigue siendo el mismo: mirar más allá del reclamo principal y analizar el producto en su conjunto.