Rosi, dueña de uno de los restaurantes mejor valorados de Ceuta: “Esto es peor que la pandemia”

La caída del 70% de la facturación y el miedo amenazan la continuidad de una hostelera que lleva once años al frente de su establecimiento en la ciudad autónoma española

Rosi, dueña de la Tapería El Rincón de Rosi / CEDIDA
Rosi, dueña de la Tapería El Rincón de Rosi / CEDIDA

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Cómo han cambiado las cosas en poco más de un mes. Los primeros viernes y sábados del verano apenas había una mesa libre en la Tapería El Rincón de Rosi, en el centro de Ceuta. La algarabía de los comensales era la sintonía diaria y los abundantes platos de Rosa María Guirado, conocida por todos como Rosi, salían de la cocina con ritmo.

Hoy apenas hay dos clientes sentados. Como si el bar perteneciera ahora a una tribu esotérica. Dentro de unos minutos llegarán algunos guardias civiles que llevan semanas acudiendo a la tapería para comer el menú del día que Rosi ha incorporado recientemente a la carta. “Hay que agarrarse a un clavo ardiendo”, dice.

“No sé hasta cuándo voy a aguantar aquí”

Ceuta, encrucijada geográfica, se enfrenta a una de sus crisis económicas y sociales más agudas. La entrada de aproximadamente 80.000 personas de manera irregular ha alterado la ciudad autónoma española y la Cámara de Comercio de Ceuta ya ha situado las pérdidas acumuladas por las empresas locales en más de 33 millones de euros. En las calles, este desastre tiene nombres, apellidos y negocios que luchan por la supervivencia.

Rosi inauguró en 2015 su particular rincón, un establecimiento que hereda la tradición del bar de sus padres, Juan y Rosi, en la playa de Benítez. Con una sólida valoración de 4,2 en Google, sus clientes más fieles lo apodan el “Juan y Rosi del centro”. “Tal y como están las cosas, no sé hasta cuándo voy a aguantar aquí. Los gastos son los mismos, pero los ingresos no”, reconoce la dueña, quien afirma que la facturación ha caído un 70%. 

 

“He tenido que despedir a dos empleados”

“La gente no sale a la calle, tiene miedo de sentarse en las terrazas, sobre todo los que tienen niños. Es una locura”, relata Rosi a Consumidor Global. 

Ante la parálisis del miedo, se vio obligada a cerrar la Tapería El Rincón de Rosi durante tres semanas discontinuas. Aunque reabrieron a principios de mes, los horarios han tenido que modificarse. El cierre nocturno se ha adelantado por motivos de seguridad, dado que el local se ubica en una calle apartada. “Aunque ya no viene nadie a cenar”, destaca. “He tenido que despedir a dos empleados porque el volumen de trabajo ha bajado muchísimo”, resalta la hostelera. 

El miedo de Rosi

“Tengo miedo. Mi marido viene siempre a recogerme al final de la jornada”, comenta. La situación ha llevado incluso a Rosi a reforzar la seguridad del establecimiento. Mientras habla con este medio, un técnico está instalando más sensores de alarma. “No sabemos lo que nos espera”, afirma.

Tal como explica Rosi, durante los primeros días intentaron ayudar a algunas de las personas inmigrantes que se acercaban. “Les dábamos agua o les permitíamos recargar los móviles, pero cada vez venían más personas y tuvimos que dejar de hacerlo. De hecho, tuvimos que pedir a algunos que abandonaran el bar porque molestaban a otros clientes”, asegura. 

“Yo comprendo que son criaturas que vienen huyendo de la pobreza, pero nosotros vivimos aquí y tenemos un negocio”, explica.

Problemas para abastecer el bar

Por otro lado, debido a la llegada de 80.000 personas y a las compras masivas por parte de las ONG, los estantes de los supermercados están mucho más vacíos. “Me pegué como cinco días buscando las galletas María para hacer la tarta en el restaurante y no había manera. Fui a Mercadona, Lidl, etc.”, narra. Como yo, otros hosteleros también están teniendo problemas para abastecer a sus bares”, señala. 

“En la pandemia estuvimos cogidos por los pelos, pero esto es peor. Aquello fueron dos meses encerrados y luego todo el mundo salió a la calle. Esto va a tardar muchísimo, y las pequeñas empresas no vamos a poder salir adelante”, resalta. 

¿Cerrará Tapería El Rincón de Rosi?

Ante la pregunta de si se plantea el cierre definitivo, la incertidumbre es absoluta. Por las mañanas, el negocio respira gracias a los pocos ceutíes que acuden a picotear y a un recién estrenado menú del día que atrae a los agentes de la Guardia Civil de la frontera en grupos de hasta quince personas. “Agradezco en el alma a mi querida gente de Ceuta que nos apoya para llevar el negocio para adelante”, añade emocionada. 

“En poco más de un mes me ha cambiado la vida totalmente”, dice Rosi. En su bar, como en tantos otros negocios de Ceuta, la crisis ya no es una noticia que ocurre fuera. Está en las mesas vacías, en las nóminas que ya no se pueden pagar y en una empresaria que, once años después de abrir su local, vuelve a preguntarse cuánto tiempo puede aguantar.

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