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Francesc Miralles, escritor: "La gente está descubriendo los beneficios de la vida analógica"

Francesc Miralles expone las claves para vivir de tu pasión y alcanzar la prosperidad financiera en 'El ikigai del dinero', su último libro coescrito con Héctor García

Teo Camino

El escritor Francesc Miralles en la redacción de Consumidor Global / SIMÓN SÁNCHEZ

Tras vender millones de ejemplares del libro Ikigai: Los secretos de Japón para una vida larga y feliz, la pregunta que más les han repetido a los escritores Francesc Miralles y Héctor García es: '¿Cómo puedo llegar a vivir de lo que me gusta hacer?'. La respuesta ha llegado en forma de manuscrito, El ikigai del dinero (editorial Aguilar, 2026).

Francesc Miralles acude a la redacción de Consumidor Global enfundado en una desgastada sudadera azul, relajado, dispuesto a ilustrarnos sobre cómo vivir y alcanzar cierta prosperidad económica haciendo lo que a uno le gusta.

--El otro día fui a tomar algo con los amigos al salir del trabajo y me sorprendió el hecho de que todos habían leído su libro ‘Ikigai’.  

--Sí, lo conoce todo el mundo, casi. 

--Fue el libro más vendido en India durante tres años. 

--Así es. Y aquí en España también tuvo muy buena acogida. Se ha ido reeditando hasta convertirse en un long seller, porque salió hace diez años. 

--¿El éxito de ventas de ‘Ikigai’ ha marcado un punto de inflexión en su carrera como escritor? He leído que usted fue negro literario y que también ayudó a otros a convertirse en escritores. 

--Bueno, el Ikigai lo que marca es el tema de las entrevistas. Antes podía dar charlas y entrevistas sobre psicología, escritura, tendencias y otras cosas, y ahora el 99% son solo el Ikigai. Se ha convertido en el centro de mi actividad profesional, tanto cuando visito escuelas como cuando voy a un simposio. Ha marcado mi carrera, aunque hay que decir que la fama de los escritores es muy discreta. Un escritor, incluso los que venden cientos de millones de libros, puede ir por la calle y nadie lo reconoce. Es una vida que no tiene el glamour de otras profesiones. 

--Es muy difícil vivir de la escritura. 

--Casi nadie vive de lo que escribe. De los libros que llegan a las librerías, el 1% vive de esto. Normalmente, el oficio de escritor se combina con otras actividades. Hay personas que son profesores o funcionarios, que tienen negocios y ejercen una actividad paralela. En mi caso, es dar conferencias y charlas, y también escribo en El País, en la revista Cuerpomente y en otros medios. 

--¿Su éxito de ventas prueba lo faltos que estamos de referentes y de encontrar un propósito vital? 

--No, yo no lo veo en clave decadencia, al contrario. Creo que las ventas de Ikigai significan que hay un interés no solo por trabajar, sino por encontrar un propósito en aquello en lo que trabajas. Si ganas un salario y tienes un buen horario, pero no te llena, puedes empezar a trazar un posible plan B con el que aportar más al mundo. 

--¿Qué le motivó a escribir ‘El ikigai del dinero’ junto Héctor García en lugar de una novela?

--Alguna de mis novelas para adultos tuvo mucho éxito. amor en minúscula, por ejemplo. Aunque otras pasaron más desapercibidas. En cambio, escribes un libro como Ikigai y la gente percibe su utilidad en todo el mundo. Hay que encontrar un punto entre lo que tú quieres hacer y lo que la gente quiere que hagas. 

--¿'El ikigai del dinero' es ese punto?

--El título El ikigai del dinero puede llevar a engaño, porque no es un libro sobre cómo hacer dinero, sino sobre cómo vivir de lo que te gusta. Es el resultado del 90% de consultas que nos hacían. Siempre que hacemos una charla, la pregunta típica es: ‘A mí me gusta tocar la guitarra eléctrica o dibujar cómics. ¿Cómo puedo llegar a vivir de esto?’. 

--Y de ahí que el libro entremezcle historias de éxito con partes más teóricas de psicología y economía. 

--El libro se sustenta en diez relatos reales de personas que hicieron una transición de un trabajo más alimenticio a algo que era más pasional. Desde Carme Ruscalleda hasta Luisito Comunica. Son casos de éxito de personas que han hecho una hoja de ruta para salir de donde están e ir a algo más motivador. 

--¿Nos faltan espejos en los que mirarnos? ¿La sociedad actual carece de referentes?

--Siempre ha habido referentes, pero cambian en cada época. En los años 30, 40 y 50, Dale Carnegie enseñó comunicación a millones de personas a través de un curso que al principio era solo para vendedores a puerta fría. Ese libro de Carnegie, que luego se convirtió en cursos, enseñó a muchísima gente las bases de la comunicación interpersonal, la importancia de interesarte por lo que hace el otro, etcétera.

--¿Y en los años 70?

--Luego, en los años 70, 80 y 90, hubo otros referentes. Había libros como el de Wayne W. Dyer, Tus zonas erróneas. Si eres un católico de misa diaria, probablemente la Biblia ya te procura todo esto, ¿no? Pero el ser humano, desde que ya no está en una religión organizada donde te dan todo lo que necesitas, desde que es más liberal, en cada época de nuestra vida, hay personas, libros, cosas que nos guían o que nos inspiran. Y para mí eso no significa una sociedad falta de valores, porque a mí siempre que voy a una entrevista me dicen: ‘Los chicos de ahora ya no tienen valores’. Y yo les digo: ‘Pero ¿de qué valores hablas?’. Hace 40 años, cuando iba a la escuela, fumábamos a los catorce con la litrona en la mano y venían los del colegio Cervantes o la Banda del Born a atracarte. Nunca ha habido valores, y, de hecho, si nos vamos a los textos clásicos de la antigua Grecia, hay una frase famosa de Sócrates que dice que “los jóvenes de hoy ya no respetan nada”. Creo que es un prejuicio. 

--Todos tenemos amigos o conocidos que se quejan del jefe, del trabajo, de la rutina... Y ‘El ikigai del dinero’ invita a reflexionar alrededor de todo esto, a conocerse, a tomar las riendas de tu vida para vivir con un propósito, para trabajar con un propósito. Pero este cambio, de primeras, tiene sus riesgos. 

--Sí, por eso explicamos que hay tres modelos de cambio. Imaginemos que hay una persona en una situación A, tiene un sueldo, un trabajo y una estabilidad. Y descubre un talento dentro de sí para lo que sea, para escribir, para un negocio que quiere montar, porque quiere convertirse en terapeuta, en coach, o quiere iniciar un negocio de turismo rural, lo que sea. Cada persona tiene su sueño y tú estás aquí y esto está allí. El primer problema que hay para pasar del planeta A al planeta B es como en la aeronáutica, la gravedad. En el viaje que hizo el Artemis 2, la mayor parte del combustible se gastó escapando de la gravedad de la tierra. Una vez fuera, viajó con una nave mucho más pequeña, dio la vuelta y regresó. Lo mismo pasa con los cambios. 

--Cuesta dar el primer paso y salir de la zona de confort.

--Todo lo que nos rodea, lo que llaman zona de confort, que no solo es el dinero y la jerarquía, sino los amigos que tienes, lo que la gente está acostumbrada a que tú hagas, pues eso te retiene en un sitio y por eso a tanta gente le resulta difícil dar un salto. Pero, a partir de aquí, hay tres métodos. Uno que que solo aplicarían personas muy jóvenes y con muy poco miedo al riesgo, que sería el de tirarse a la piscina. De repente, lo dejan todo y se lanzan a una aventura que puede salir medianamente bien o mal, y si sale mal, pues mira, vuelves a lo de antes. Un segundo modelo que es más típico, más conservador, es el del año sabático, que lo llevan a cabo personas que ahorran diez años de su vida para tener dos años de margen y dicen: ‘Bueno, en estos dos años voy a ver si esta pequeña librería que abro puede arrancar o voy a ver si me dedico al coaching’. Y la tercera, que es la más común, es la de simultanear. Tú tienes un trabajo A, sueñas con hacer un trabajo B y emprendes a tiempo parcial: cada día dedicas un poco más de tiempo. Si sales de la oficina a las seis, pues de seis y media a ocho y media vas montando lo otro hasta que llegue un momento en X años en el que el plan B puede suplir al plan A. Estos serían los tres procesos. 

--¿Cómo podemos salir de esos vínculos que creamos con el trabajo, con las relaciones, incluso con el consumo? ¿Cómo podemos salir de esas trampas que nos pone el pasado constantemente? 

--Es interesante que menciones el consumo. Cuando entrevisté a Joan Antoni Melé, que fue el impulsor de la banca ética Triodos Bank, me dijo: ‘En el extracto bancario de la tarjeta de una persona te puedo decir más de esta persona que en siete años de psicoanálisis’. Cuando tú ves el dinero en qué se gasta, cómo entra, cómo sale, ves la psicología de la persona. Hay una relación directa entre tu trabajo y tu forma de gastar. Si tienes un trabajo que te desagrada profundamente, aunque cumplas tus objetivos, inevitablemente, cuando terminas tu horario necesitas una compensación psicológica. Y cuando sufres durante el trabajo, hay una tendencia luego a derrochar más. Igual te compras esa prenda de ropa que no necesitas o hay uno que es ludópata u otro que tiene que tomarse la copa porque ha tenido un día infernal. Cuando haces algo más en paz con tus valores, ya no necesitas gastar porque la felicidad la tienes en tu día a día. Hay una relación muy directa entre trabajo, felicidad y consumo.

--¿Cómo se pasa del FOMO al JOMO, que es la satisfacción de cancelar los planes que no te interesan? 

--Lo saben hacer mejor los jóvenes. Se critica mucho a los chavales de que si están apantallados, pero estamos más apantallados nosotros. Todos los chavales que conozco de 15 años, cuando les escribes un WhatsApp, te contestan al cabo de ocho horas. No están pendientes de eso todo el rato como nosotros. Sí es cierto que es tan reciente toda esta época de las redes sociales y la inteligencia artificial que ha habido como un enganche muy fuerte y parece que no podamos vivir sin ello. De hecho, tú sales de casa a comprar el pan, te olvidas el móvil y las piernas parece que quieren subir la escalera como si hubieras salido en pelotas, cuando en esos veinte minutos da igual si llaman o no llaman. Tenemos ese fear of missing out (FOMO). En cambio, el joy of missing out (JOMO) es cuando comprendes que el mundo seguirá girando aunque no estés disponible una hora, un día o una semana. En unos días me voy al Tíbet, y sé que ahí no funciona WhatsApp. Es muy posible que durante ocho días no pueda responder a nadie. Al principio entras en pánico. Luego, estoy seguro de que voy a ir ahí y lo mismo que me iban a proponer el día 20 me lo propondrán el 28 y no pasa absolutamente nada. A veces, tenemos la obsesión de que todo pasa por nosotros y que no podemos ser prescindibles. 

--Comentaba el presentador Ángel Martín en una entrevista reciente que “si seguimos enganchados al móvil, el mono nos adelantará pronto”. 

--La mayor parte de nuestras interacciones, incluso con el banco, se hacen a través de una pantalla. Pero no creo que eso sea bueno ni malo en sí. Estamos en un mundo menos presencial en el que todo ocurre en la nube, pero no creo que el mono nos adelante en nada. 

--Supongo que era una manera de llamar la atención para liberarnos de la atadura al móvil. 

--No es obligatorio vivir así. Hay gente que está fuera de todo esto. Por ejemplo, Francesc Torralba, que es un gran filósofo, escritor y conferenciante, no usa móvil. Si quieres contactar con él, no lo puedes localizar más que a través del correo de la Facultad de Blanquerna y él te contestará cuando vaya a la oficina. Luego Eva Baltasar, que es una escritora catalana que fue finalista del Booker, me han dicho que no tiene ni móvil ni usa el correo electrónico. Prácticamente hay que enviarle una carta. Al final, hay unas reglas generales, pero cada cual puede crear las suyas propias y no pasa nada. 

--Son conscientes del valor que tiene el tiempo. 

--Yo creo que dentro de quince años nos habremos hecho más amigos de los móviles y será más fácil hacer dieta digital y establecer unos horarios para el móvil y el ordenador. La gente está comprendiendo también los beneficios de la vida analógica. Mucha gente joven quiere ir al cine. Entienden que no todo hay que hacerlo en el sofá de casa. Entienden que ir al cine es un ritual en el que comentas con amigos. Yo creo que el tiempo lo pondrá todo en su sitio.