Nuino, la iniciativa que compite contra el placer de estrenar zapatillas a través de la reparación
Una de las fundadoras del proyecto explica que las marcas cada vez utilizan materiales más baratos, lo que supone una pérdida de durabilidad y calidad
Fito advirtió, con tino, que lo que le llevaría al final serían sus pasos, “no el camino”. Lo que ocurre es que a base de caminar se desgastan las suelas, pero en el proceso uno también se vuelve algo más sagaz, y, en ocasiones, más consciente. De la importancia del camino saben bastante los dos creadores de Nuino, un negocio de reparación de zapatillas que cuestiona “lo que se da por hecho: que lo viejo se cambia, que lo gastado se tira”.
Nuino tiene su centro de operaciones en Valladolid, pero los consumidores de otras partes de España también pueden enviar sus zapatillas para que pasen por boxes. “Seguimos los mismos procesos y utilizamos los mismos pegamentos que siguen y utilizan las fábricas que producen para las marcas, asegurando una mejor calidad de la reparación para que tus zapatillas sigan moviéndose contigo”, explican en su página web.
En qué consiste Nuino
Entre otras cosas, en Nuino cambian suelas, reemplazan el forro del talón, reparan cortes, colocan parches en agujeros y reemplazan los tacos. Que es un negocio merecedor del interés del público lo prueba el hecho de que existen talleres similares en otras partes de España, como EsnikyLab.

“Ben y yo nos conocimos cuando trabajábamos en Adidas a finales de 2021”, cuenta a Consumidor Global Marta Amigo, una de las dos responsables del proyecto. Más adelante, ella y su colaborador (y pareja) viajaron a Vietnam para trabajar para un proveedor de componentes de las grandes marcas de calzado deportivo. Tras permanecer allí un año, tuvieron un cambio de chip.
Cambio de paradigma
Sintieron, relata, que “debía haber otra forma de seguir en la industria del calzado que no consistiera en producir millones y millones de pares”.
Así, hace aproximadamente un año se lanzaron a recuperar la idea del zapatero tradicional, pero enfocado en las sneakers. “Ben había trabajado en imagen y desarrollo de calzado deportivo, así que conoce muy bien las fábricas, los materiales, los procesos de producción, los proveedores… En cambio, yo siempre había estado más enfocada en la parte de negocio, de análisis o marketing. Combinando esas dos experiencias, decidimos probar a hacer reparación de calzado deportivo”, explica.

Perfil del cliente
En cuanto al perfil del cliente, asegura que es muy variado. “Nosotros queríamos enfocarnos en gente joven, en personas que hacen mucho deporte y tienen varias zapatillas a las que cogen cariño, pero viene gente de todo tipo: madres que buscan reparar las zapatillas de su hijo, clientes de mediana edad…”, enumera.
Los que más valoran sus zapatillas, expone Amigo, son los coleccionistas o las personas “que han vivido un momento especial con un par determinado y quieren conservarlo”. Respecto a los precios, el coste de la reparación varía mucho en función del tipo, pero va de un mínimo de 15 euros a un máximo de 65. Cuando se alcanzan cifras elevadas es porque el material, per se, ya “es muy caro”.
Qué modelos se rompen con más frecuencia
Preguntada por un modelo que reciban con cierta recurrencia, Amigo indica que al principio llegaron varios modelos concretos de New Balance “que se rompían siempre por el mismo sitio”.

“Vemos muchísima variedad, así que nos sorprendió. Pero más que un modelo concreto de una marca concreta, el problema suele estar en la construcción. Hay veces que cuando vemos dónde está el agujero o la rotura, enseguida identificamos qué hay detrás. Nos encantaría incluso poder dar feedback a las marcas y decirles ‘intenta evitar esto o lo otro’ para que sus zapatillas duren más”, reconoce.
De las Air Max LeBron a las Golden Goose
Entre las joyitas que han pasado por su taller, Amigo reconoce que alguna vez ella y Ben han tenido en sus manos unas Air Max LeBron o alguna bota de fútbol “más especial”. “También hay gente que nos trae Golden Goose, que tienen precios bastante elevados”, admite. Los modelos de esta marca italiana son famosos por su estética desgastada y sucia de fábrica, pero detrás de esa apariencia descuidada hay, al menos en teoría, una construcción de alta calidad.
Pero las garantías son escasas en el mundo actual. En términos de durabilidad, “lo más importante es que no haya geometrías muy raras, tanto en la suela como en la parte de arriba. También es relevante si está o no preparada para ser reparada”, desvela Amigo.

Declive de la calidad
Existe una percepción generalizada de que la industria de la moda ha sufrido un declive en cuanto a la durabilidad de sus productos. A menudo se evoca un pasado donde las prendas se confeccionaban para resistir el paso del tiempo, contrastando fuertemente con la tendencia actual del fast fashion. Amigo también lo percibe en el calzado deportivo.
“Se nota bastante, y la gente nos lo dice: ‘Cada par me dura menos que el anterior’. Los materiales cada vez son más finos”, argumenta, a lo que se suma la menor experiencia de ciertos diseñadores o desarrolladores, que también puede provocar que la zapatilla se rompa más fácilmente.
Materiales más baratos
“Las marcas siguen teniendo sus márgenes, así que lo que hacen para hacer frente a la subida de materias primas es utilizar materiales más baratos”, expone. Así de sencillo. Así de perjudicial para el consumidor.

Otro caballo de batalla es el bombardeo de estímulos. En un contexto en el que se busca dominar la conversación, las marcas de zapatillas han entrado en una rueda de hámster competitiva donde la prioridad ya no es dar un verdadero salto tecnológico cada año, sino mantener la atención del consumidor a toda costa. La innovación en el calzado es lenta y costosa (como lo fue, por ejemplo, desarrollar una espuma revolucionaria como el Boost de Adidas), así que queda exprimir la nostalgia.
Ansiedad por algunos pares
Así, los distintos players “no hacen más que sacar novedades, aunque no cambien tanto. A veces da la sensación de que hay incluso ansiedad por comprar ciertos pares recién salidos al mercado”, critica Amigo.
"Aunque nuestra intención era animar a la gente a conservar sus zapatillas por sostenibilidad, también queríamos apelar al valor emocional y práctico: si un modelo ya está amoldado a tu pie, ¿por qué vas a tirarlo? Nos encanta que muchos clientes vengan con ese mismo discurso de sostenibilidad por iniciativa propia. Hay muchísima más gente de la que parece preocupada por estos temas”, afirma Amigo. Por ello, aspiran a que el cliente se emocione tanto con una reparación como al estrenar un par nuevo.
